Ella

Recostado en su sillón de terciopelo, copa de vino en mano, observaba a través de la ventana. A lo lejos, la montaña cubierta de verde y blanco; más cerca, el lago teñido de plata por el reflejo de la Luna.

¿Cuánto llevaba sentado en aquel sillón? ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas?
No le importaba.
La copa derramaba lentamente su contenido sobre la moqueta roja.
Tampoco le importaba.
La había visto salir de la mansión con lágrimas en los ojos desde aquel mismo sillón, y no dudaba de que la esperaría, aunque sabía que ella nunca volvería.
No tenía nada mejor que hacer.
En la oscuridad insondable únicamente se oía el silencio, jamás roto desde que ella se fuera.

¿Cuánto llevaba sentado en aquel sillón? ¿Meses? ¿Años? ¿Milenios?
No le importaba.
La copa derramaba lentamente un líquido negro y espeso.
Su sangre.
Tampoco le importaba...

No hay comentarios:

Publicar un comentario