White night

Sigo sin saber cómo continuar la historia del otro día xD...

No quería salir de casa. A decir verdad, ni siquiera quería salir de su habitación.
Pero su madre había jugado muy bien la carta del chantaje emocional. Desde que la vio entrar con lágrimas en los ojos le había insistido para que saliera con sus amigas, diciéndole que así se animaría.
Finalmente, se había visto obligada a ceder. Karla apareció en su casa una hora antes de lo previsto. En cuanto la madre de Mariah se fue, corrió al armario y sacó el vestido que Mariah le había descrito. Tras mirarlo un rato con ojo crítico, preguntó con la mirada "¿Puedo?".
-Corta, cose y arranca lo que creas necesario-respondió Mariah sin prestar muco atención.
No tardó ni un segundo en comenzar a trabajar y en un par de minutos el traje estaba irreconocible.
-Póntelo para que le haga los últimos retoques.
Mariah obedeció como una autómata, y pronto sintió cómo Karla cosía y descosía alrededor suyo. Empezó a sentirse agobiada. Tenía que salir de allí. Ya. En un momento que Karla se apartó a contemplar su obra, Mariah cruzó la habitación corriendo y salió de la casa a toda prisa.
Iba descalza, y las piedras del parque se le clavaban, hiriéndola, pero no le importaba. Corrió mientras lloraba hasta que no pudo más y, entonces, se sentó en un banco frente al lago, ocultando su rostro entre las manos.
-Debo estar soñando-susurró una voz a sus espaldas.
Mariah se volvió, asustada, y vio a un joven de más o menos su edad.
-¿Por qué dices eso?-preguntó Mariah, secándose las lágrimas.
-Porque estoy viendo un ángel, y que yo sepa no existen.
Ella sonrió.
-Creo que te confundes. Yo no soy un ángel.
-A lo mejor la que se confunde eres tú. A lo mejor sí lo eres.
Ella volvió a sonreír.
-Quédate así-pidió él.
-Así, ¿cómo?
-Sonriendo. Estás más guapa, si eso es posible.
-¿Cómo te llamas?
-Álvaro. ¿Por qué vas vestida así?
-Iba a ir a un baile...
-¿Y ya no vas?
-No...
-Sería una pena desperdiciar ese precioso vestido.
-Ya lo usaré otro día.
-¿Por qué no bailamos?
-¿Aquí? ¿Ahora?
-A mí no me parece un mal lugar-susurró él, alargando la mano.
Ella le siguió el juego y, levantándose, comenzaron a bailar, cada vez más cerca. Al final ya no bailaban, solamente estaban abrazados.
Y de pronto, luz. Mariah abrió los ojos y se vio en su habitación. Todo había sido un sueño. Y, sin embargo, en vez de decepcionada, estaba alegre. Hacía mucho que no soñaba con nadie que no fuera Él. Quizás empezaba a superarlo...

2 comentarios:

  1. OH :)
    Sin palabras, me ha encantado.
    Muy tierno. La confusión de los sueños siempre me deja admirada. Nunca distinguimos lo real de lo imaginario hasta que abrimos los ojos.

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  2. Muchas gracias. No sabes cuánto me alegran tus palabras :)
    Sí, los dibujos son míos, tengo muchísimos más que debería escanear ya, pero a veces me vuelvo muy vaga, jajaja.

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