Only you

Soy tonto.
Lo reconozco, pero no lo acepto.
Soy tonto porque soy incapaz de decirte a mi corazón que se calle cuando me dices "hola".
Soy tonto porque soy incapaz de decirte que me gustas.
Soy tonto por no saber vivir sin recibir al menos una mirada tuya.
Soy tonto por no saber ser feliz sin tus palabras indiscretas.
Soy tonto, tonto, tonto de remate.
Pero tú también lo eres.
O al menos de eso intento convencerme.
Porque para mí es tan evidente que te amo que me parece antinatural que no te des cuenta.
¿O es que no quieres darte cuenta?
Quizás prefieres seguir pensando que yo estoy bien sin ti.
O quizás simplemente prefieres callarte para no confirmar nada.
O quizás...
Hay tantos "quizas" que no podría contarlos.
Pero hija, ¿qué quieres que te diga?
Por hoy, por lo menos por hoy, seguiré guardando este secreto a gritos.
El único secreto que no me veo capaz de confesarte.

Y jugar con mi vida...
Hasta cansarme del juego...

Love

Sé que prometí cartas de amor, pero el internet se me fue este fin de semana y al mismo tiempo se me medio-formateó el ordenador, así que (irónicamente) he vuelto a perder las Cartas de Amor, de modo que espero que os guste esto.

Y lo cierto es que amar es como ser ludópata...
Tanto si pierdes como si ganas, sabes que seguirás arriesgándote...

Hoy he sido capaz de mirarme al espejo y reconocerme que te amo.
No será un gran avance, quizás ni siquiera es un avance.
Y decirme a la verdad probablemente solo me hará más daño cuando tu corazón esté ocupado.
Pero, ¿qué quieres que le haga?
Eres lo único que realmente ha llegado a ser importante para mí.
Y, como yo mismo he dicho demasiado a menudo... Uno, simplemente, no elige de quién se enamora.

Y quizás sea muy hipócrita decirte que te amo...
Si no siquiera soy capaz de demostrártelo...

Sufrir en silencio es la única opción que me queda.
Porque no puedo decir sinceramente que si tú eres feliz yo lo soy.
Soy demasiado egoísta para decirlo de corazón, y te quiero demasiado para mentir.
De modo que solo me queda callar y esperar a que desaparezcas de mi vida...
Y así, si no olvidarte, al menos no volver a caer en esta trampa que se llama amor.

Porque serás la peor persona del mundo...
Pero eres mi peor persona del mundo favorita...

Chapter 8

Definitivamente he optado por colgar la versión (medianamente) dulce del final, en lugar de la sádica que ya tenía pensada y en proceso de escritura. Espero que os guste y que se os escape alguna lagrimilla (¿para qué escribo sino las tragedias como esta? xD). Un beso.

La ambulancia llegó casi al instante y, antes de darme cuenta de qué estaba pasando, Alí ya no estaba a mi lado.
Me había quedado solo.
Entré en casa chorreando sangre y caminé hacia la bañera, que llené hasta los bordes de agua hirviendo.
Probablemente mi piel se dañaría, pero en aquel momento en mi cabeza no cabía más dolor aparte del causado por lo sucedido.
Sentía ganas de ahogarme en aquella gran olla a presión, pero esperaría a que Alí estuviera muerto antes de hacerlo.
Si le daba por sobrevivir no quería causarle dolor por cometer semejante estupidez.

***

Al día siguiente fui al hospital y me colé en la habitación de Alí.
Estaba durmiendo tranquilamente.
Poco después de entrar oí la vuelta abrirse y me giré para encontrarme con el rostro enfadado del padre de Alí.
-¡Tú!-gritó-. Por tu culpa ha sucedido todo esto.
-Le recuerdo que yo no he sido precisamente quien le ha dado una paliza-le reproché.
Me soltó un bofetón que me hizo sangrar por la nariz.
-Avisaré a la policía. Y le quitaré a Alí. No volverá a verle-le dije.
Disimuladamente, desconecté el cable encargado de medirle el pulso a Alí y esperé como pude mientras su padre me abofeteaba e intentaba ahogarme.
Los médicos nos encontraron justo antes de que consiguiera su propósito de matarme.
Cuando pude respirar, murmuré:
-Quiero poner una denuncia.
El médico me acompañó a la recepción y, después de hacerme una revisión, presentó una denuncia de los daños recibidos.

***

El padre de Alí fue puesto bajo custodia.
Aunque sus contactos consiguieron dejarle en libertad, no consiguieron devolverle a Alí.
Se le ofreció la custodia a su madre, pero esta se negó a renunciar a su marido por su hijo.
De modo que, gracias a mis súplicas, acabó siendo mi hermano adoptivo.
Desde aquel día podía ir a visitarle al hospital todos los días sin necesidad de colarme.
Aunque no mejoraba, tampoco empeoraba.
Alí parecía haberse sumido en un coma profundo del que, en opinión de los médicos, probablemente no despertaría.
De todas formas, yo seguía durmiendo a su lado y, cada mañana, le susurraba palabras dulces al oído y le besaba la frente.
A Jaime también se le permitió visitar a Alí junto con Diana; los demás compañeros y profesores, en un intento de no parecer malas personas, compraron muchos ramos de flores y se los enviaron.
-¡Es insultante!-exclamó Jaime-. ¿Cómo puede hacerle esto a su propio hijo y estar en libertad?
-Eso es porque la justicia es una mierda. La pregunta importante es cómo se puede hacerle esto a un hijo-replicó Diana, sentada en una silla.
-Es monstruoso e inhumano. Alguien debería hacer algo-continuó Jaime iracundo.
-Hay pocas cosas que podamos hacer aparte de lo que ya hemos hecho. Ahora mismo no puede acercársele y no volverá a verle-respondí yo, acariciándole la mano a Alí.
-Lo sé, lo sé, pero eso no quita que se merezca recibir la misma paliza que le ha dado a Alí-explicó Jaime.
Algo debió de pasársele por la cabeza porque de pronto, sin motivo, sonrió.

***

Pasé el dedo por las letras escritas en bajorrelieve en la tumba.
Seguía sin creerme que aquello hubiera sucedido.
Alguien apoyó una mano en mi hombro.
-No es justo que él esté aquí-sollocé apoyando mi rostro en su mano.
-Lo sé-respondió.
Me di la vuelta y le observé fijamente.
-Le quería mucho-susurré.
-Todos le queríamos, Jorge-respondió.
Lloré con fuerza abrazándome a él.
Después de un rato cogí una piedra del suelo.
No entendía por qué no nos habían permitido añadir un epitafio, pero no pensaba rendirme tan fácilmente.
"Siempre juntos" escribí con lentitud.
-Siempre juntos-repitió la voz de Diana tras de mí.
Me dolía levantarme de la tumba, pero sabía que debía hacerlo.
-Te quiero, Alí-susurré.
-Y yo a ti-respondió la voz a mis espaldas.
Nos cogimos de la mano y nos apartamos un poco para dejarle a Diana un poco de intimidad.
Jaime ni se había pensado dos veces la idea que aquel día le había surgido en el hospital entonces y, tres días después, en mitad de la noche, se dispuso a matar al padre de Alí con un bate.
Pero no todo salió como él esperaba.
Al final el muerto acabó siendo Jaime.
Sus padres nos odiaban porque nos consideraban culpables, y nosotros no nos quedábamos muy atrás en dicho tema.
Alí se despertó en el mismo momento en el que mi corazón me advertía de que algo horrible sucedía en otro lugar.
Pero todo tenía un lado bueno y, gracias a la muerte de Jaime, el padre de Alí había ido a la cárcel y no volvería a molestarnos.
-Te amo, Jorge. Con toda mi alma-me susurró Alí, abrazándome.

Chapter 7

Este es el penúltimo capítulo, sé que pretendía alargarlo, pero lo cierto es que he probado y no consigo hacerlo más largo sin estropearlo. Espero que no os enfadéis porque haya hecho lo que he querido en lugar de hacer caso a lo que opináis, pero es mejor así. Por cierto, que os pienso dejar con la intriga durante otros dos días, que soy mala persona jejeje. Besos.

-Quizás deberíais fundar una Iglesia. Sois suficientes para ser una religión mayoritaria sin buscar a nadie más-respondí desafiante.
Carla había hecho lo que toda persona con un estatus social alto: luchar a muerte por defenderlo.
Pero había perdido.
La fuerza con la que me había amenazado segundos antes se había esfumado y grandes perlas de sudor corrían por su frente.
Estoy seguro de que quería echarse a llorar allí mismo, en medio de aquel grupo de jóvenes que la miraban con lástima y morbosidad al mismo tiempo.
Ver una estrella apagarse siempre es algo digno de interés.
Y Carla, en nuestro instituto, era lo más parecido a una famosa de Hollywood que verían la mayoría de los presentes.
Alzó la cabeza fingiendo fortaleza y, sin dejar de fingir que nada le importaba lo más mínimo, salió de la clase.
Al día siguiente no vino, tampoco después.
Las familias adineradas siempre tienen salidas fáciles para ocasiones como esta, y la suya no era una excepción.
Y para Carla, que estaba acostumbrada a no hacer nada, fue relativamente fácil (sigo opinando que alguien le dio la idea, su cerebro no daba para tanto) decidir marcharse del instituto a un internado en París.
No podría evitar que se rumorease sobre ella. Probablemente al marcharse lo único que hizo fue aumentar los rumores considerablemente.
Pero, ¿qué más da lo que digan de ti personas que están a cientos de kilómetros?
Yo y, por descontado, mi entorno recuperamos cierta fama por un día al ser quienes habían derrocado a Carla de su puesto de Emperatriz intocable, pero la gente olvida pronto y Alí y yo recuperamos la vida normal que alguna vez, cuando Carla no estaba presente para molestarnos, habíamos vislumbrado.

***

Habían pasado algo más de cuatro semanas desde que Alí y yo habíamos empezado a salir y, aunque toda mi familia lo sabía ya, lo cual me causó enfados con algunos familiares demasiado ortodoxos y de ideas inamovibles, Alí no se lo había dicho a nadie de la suya.
No quería presionarle, pero los impulsos de besarle eran casi incontrolables y tener que controlarme delante de su familia me costaba horrores.
Un día decidí preguntarle al respecto, como quién no quiere la cosa, aunque me salió demasiado evidente.
-Y... ¿Qué piensan tus padres de lo nuestro?
Él me miró con vergüenza.
-No... No lo saben. Creí que te lo había dicho.
-Cierto. Lo siento, ya sabes que mi memoria...-respondí riéndome y abrazándole-. ¿Y por qué no se lo has contado? No recuerdo qué razones me diste.
Me miró un momento a los ojos, muy fijamente. Estaba acostumbrado a sumergirme en su mirada durantes horas, pero aquel día había algo especial en ella.
Algo oscuro.
Algo que me hacía sentir escalofríos.
-Si crees que es porque me avergüenzo de ti no tienes que preocuparte-dijo sin dejar de mirarme.
-¿Entonces?-pregunté.
-¿Sinceramente?
-Sinceramente.
Pareció reflexionar un segundo.
-Lo cierto es que tengo miedo a lo que podría suceder-respondió bajando la mirada.
Con una mano le obligué a mirarme a los ojos.
-Tener miedo es normal. Esperaré a que tú seas capaz de decírselo.
-No. Tengo que decírselo. Yo estoy orgulloso de ti. No importa si tengo miedo, tú te mereces a alguien que sea tan valiente como has demostrado ser-respondió.
No me resistí a besarle.
-Ya verás como todo sale bien-le susurré al oído mientras le acariciaba el pecho y el abdomen.

***

-¿Seguro que no quieres que esté contigo cuando se lo digas?-le pregunté.
-No, claro que no estoy seguro. Pero lo prefiero así. Conozco a mi padre. Es mejor que estemos solos cuando se lo diga-respondió.
Estábamos frente a su casa.
Sabía que debía irme, pero algo me retenía.
Un presentimiento horrible se había hecho hueco en mi cabeza y no conseguía sacarlo.
-Si no quieres decírselo puedo espe...
Antes de que terminase la frase me besó, interrumpiéndome.
-No quiero tener una segunda opción, porque no quiero dudar. Voy a decírselo. Si les gusta, bien. Y si no, siempre te tengo a ti.
Le mire con preocupación y, en cuanto entró en su casa, tomé un taxi a la mía.

***

Aquella noche no fui capaz de dormirme.
Me revolvía en la cama en medio de unas sábanas demasiado pegajosas y un calor infernal.
Y entonces oí el timbre.
El presentimiento empezó a brillar en mi cabeza con más fuerza.
Corrí a la puerta en medio de la oscuridad y la abrí sin mirar quién era.
Y allí estaba Alí, empapado en sangre y lleno de moratones por todo el cuerpo.
No fui capaz de gritar, solo le abracé para evitar que se cayese.
Sentía cómo mi propia vida se escapaba de mi interior mientras mis padres salían y nos encontraban así, abrazados y cubiertos de sangre.
-Por favor... No me dejes así, Alí-sollocé hundiendo mi cabeza en su pecho.

***

Sonreí y se me escaparon unas lágrimas.
Tras dejar las flores sobre la lápida me senté junto a ellas y me puse a pensar.
¿Cómo demonios había sucedido esto?

Chapter 6

Sé que no es el mejor capítulo de todos, pero espero que os guste de todas formas. Un beso.

-¿Y qué vamos a hacer con Carla?-preguntó Jaime.
Las clases habían terminado y estábamos en las canchas esperando a que llegase la hora de tenis.
-No tengo ni idea, pero no pienso dejar que esto quede así-respondí-. Nadie le hace daño a Alí sin pagar un alto precio.
-¿Hasta qué punto queréis hacerle daño?-preguntó una voz infantil.
Nos giramos.
Un niño de unos diez años estaba apoyado en un coche mirándonos fijamente con sus ojos azules. Aunque parecía la viva imagen de la inocencia, había algo en él que me causaba escalofríos.
-No tiene que ver contigo. Probablemente ni la conozcas-respondí.
-Carla Fernández, 1'70 de altura, 55 kilos, pelo largo de color marrón claro, ojos color chocolate, piel morena... ¿Estáis seguros de que no la conozco?-preguntó él sonriendo con unos dientes perfectos y completamente blancos.
Nos quedamos mirándole fijamente un par de segundos.
-¿Qué sabes tú de ella?-dijo al fin Jaime.
-Creo que la pregunta adecuada es qué no sé de ella. ¿Qué necesitáis saber?
Me quedé un segundo en silencio, pensando.
-Algo capaz de hundirla socialmente. Algo que haga que los demás rumoreen sobre ella, que se sienta acosada. Algo que le haga tanto daño como ella nos ha hecho-respondí con firmeza.
La sonrisa del muchacho se ensanchó.
-¿Seguro que no queréis separarla también de sus amigas? Puedo hacerlo-indicó.
-Queremos hacerle todo el daño que podamos-se me adelantó Jaime.
-De acuerdo, empecemos por ver cómo la dejamos sola-dijo él, sacando un móvil de última generación de su mochila y encendiéndolo-. Dame tu número de móvil-ordenó.
-612345776-dije.
-De acuerdo, te voy a mandar unas cuantas imágenes-respondió sin levantar la mirada de su móvil.
El tono de que me había llegado un MMS sonó al instante y lo abrí. En las fotos se veía a Carla besándose con varios chicos distintos.
-Que es una zorra colecciona hombres no es algo que le avergüence-dijo Jaime mirando las fotos.
-Esos no son chicos normales y corrientes-respondió enigmático-. El primero es el novio de Laura; el segundo, el de María; y el tercero es el de Marta.
Nos quedamos sorprendidos. ¿Cómo sabía ese niño tantas cosas respecto a personas cuatro años mayores que él?
-María, Laura y Marta... ¿No son las mejores amigas de Carla?-preguntó Jaime.
-Equilicuá. "La Tríada"-exclamó el niño.
-Pero esto no es suficiente. Creo que todos lo veíamos bastante posible sabiendo cómo es-dije.
-Eso la dejará sola, de modo que será más vulnerable y no podrá defenderse del siguiente golpe-explicó.
-¿Y cuál es el siguiente golpe?-preguntó Jaime impaciente.
-¿Qué sabéis de sus padres?
-Que su padre era un cantante de rock famoso y su madre una modelo-respondió Jaime.
Carla se pasaba toda la vida presumiendo de su familia, y de cómo la alta sociedad española se había formado en torno a ella.
-Algo más reciente-dijó el exhalando un suspiro de cansancio.
-Aparte de eso, Carla no habla mucho de sus padres-expliqué yo.
-Normal. Tener un padre drogadicto y mujeriego y una madre que no pasa más de una hora a la semana en casa no es algo de lo que le guste presumir a nadie-dijo el chiquillo sonriendo.
Aunque aquel niño me daba mala espina, tenía que reconocer que era justo lo que necesitaba para vengarme. Seguía pensando cómo podía un niño tan inocente en apariencia ser tan malvado y no era capaz de ver a quién me recordaba.
-¿Dices que su padre le pone los cuernos a su madre?-pregunté.
-Digo que Carla tiene tantos hermanos bastardos que podría montar un equipo de fútbol y aún le sobrarían-respondió.
-¿Tienes alguna prueba?-preguntó Jaime.
-¿Desde cuándo se necesitan pruebas para lanzar un rumor? Os puedo asegurar que es verdad, pero demostrarlo requeriría pruebas de ADN y a tanto no llego-respondió-. Vosotros haced saltar los rumores respecto a los novios de sus amigas por internet y en clase, cuando os ataque ella, porque sabéis que lo hará, respondedle eso.
-¿Por qué haces esto?
-Lo hago por el bien de este instituto. Digamos que sé lo que puede pasar si Carla no pierde poder, y no me interesa-respondió.
Luego echó a andar hacia la salida.
-¿Y quién eres tú?-preguntó Jaime.
Él paró en seco, se dio la vuelta y sonrió otra vez.
-Creía que era evidente-respondió-. Soy su hermano pequeño.

Chapter 5

Bueno, creo que está clara vuestra decisión (y soy incapaz de resistirme a subir otro capítulo, soy así). Espero que os guste (y os convenza, que ya no sé qué más hacer para que dejéis de deshinchar las empalagosas burbujas de amor que describo. Es broma, prefiero la sinceridad a que me digáis lo que quiero oír) y os comento dos cosas: una, que en este capítulo hay una frase muy importante; y dos, tenéis un avance del final de la novela, por si queréis comeros el coco, justo a la derecha de estas palabras (creo). ¡Besos!

-¿Cúal es tu color favorito?
Me quedé pensando un segundo sin dejar de mirarle a los ojos.
-¿Antes o después?-pregunté.
Alí no pareció entenderlo.
-Hasta hace poco mi color favorito era el azul.
-¿Y ahora?-insistió.
Le di un breve beso y le sonreí.
-El color caramelo.
Alí se quedó un segundo pensando y sonrió.
-¿Y el tuyo?-le susurré al oído.
-El rojo-respondió.
-¿Por qué?-pregunté con una mal disimulada decepción.
-Porque es el color de la camiseta que me regalaste-respondió.
Volvimos a sumirnos en el silencio abrazados.
-¿Y qué tal con Diana?-me preguntó.
Noté la preocupación que se dibujaba en su rostro al mirarme.
-Sigue ocupando una parte de mi corazón-respondí con sinceridad-. Pero no se puede comparar al espacio que ocupas tú.
Me besó con cariño.
-¿Sigue ocupando el mismo espacio?-preguntó con una sonrisa.
-Menos-respondí con picardía.
Volvió a besarme.
-¿Y ahora?
-Creo que con unos cuantos más podré regalarte mi corazón entero-le respondí.
Alí me sonrió.
-Creo que haré el esfuerzo a cambio de semejante premio.

***

El fin de semana se pasó demasiado rápido para nuestro gusto, a pesar de que pasamos la mayor parte del tiempo juntos.
Pero el tiempo no podía detenerse indefinidamente aunque me sumergiese en su mirada, de modo que el lunes apareció por sorpresa.
El rumor se había extendido aún más, pero, excepto unos cuantos, la mayoría parecía ignorar el tema. Se ve que, si uno no se avergüenza de que rumoreen de él, chismorrear pierde la gracia.
Las clases con Alí seguían pasando rápida y tranquilamente, pero noté que pasaba algo con Diana.
Parecía que tenía los ojos hinchados y un poco enrojecidos, como si hubiera estado llorando, y ni siquiera Jaime conseguía hablar con ella.
Durante el recreo se acercó a mí en un momento que estaba apartado de Alí y me miró a los ojos.
-Lo siento-susurró.
No entendí nada.
¿Qué había hecho Diana para pedirme perdón?
Antes de poder preguntar nada, me besó con una muy mal fingida pasión. Mientras me besaba una lágrima corrió por su mejilla.
Me aparté cuando pude y la miré con incredulidad.
Hacía menos de una semana habría respondido a su beso, pero ahora tenía a Alí.
Y entonces le vi a él mirándonos al lado de Carla, que nos señalaba. Alí se dio la vuelta y echó a correr hacia los lavabos.
-¿Por qué has hecho eso?-fue lo único que pude preguntarle.
-Carla...-respondió Diana entre sollozos-. Me dijo que... Snif... Que si no lo hacía... Snif... Me quitaría a Jaime...
Me quedé mirándola con comprensión, en silencio. Ella levantó la mirada.
-¿No me odias?-preguntó.
-No-respondí-. Pero deberías saber que Carla nunca podría quitarte a Jaime. Tengo que irme.
Caminé con prisas hacia el baño, donde Alí lloraba en silencio frente al lavabo.
-Alí...
Él se dio la vuelta y me miró con tanto dolor en los ojos que, si no supiera que no había hecho nada, habría tenido que apartar la mirada de puro daño que causaban.
-Déjame hablar un segundo-pedí viendo que se encaminaba a la puerta. Paró en seco-. Todo es cosa de Carla.
Alí se rió con sorna.
-Alí, en serio, por favor, créeme. Ella ha utilizado a Diana para jodernos a nosotros. No dejes que te engañe, por favor.
Le agarré del brazo y le obligué a girarse.
-¿No sentiste nada cuando te besó?-preguntó mirándome a los ojos.
-Nada-le respondí limpiándole las lágrimas con el dorso de la mano.
-¿En serio?
-Te lo juro por lo que más me importa en este mundo. Te lo juro por ti mismo, Alí-le respondí besándole-. ¿En serio crees que puedo fingir esta pasión?
Él sonrió y sorbió los mocos. Luego me abrazó con fuerza y lloró un poco más apoyado en mi hombro.
-Te creo, Jorge-respondió.
Le besé una vez más y luego salimos juntos, abrazados.
Carla se descompuso de ira al vernos así (¿cómo nos atrevíamos a enfrentarnos a los malignos designios de Su Majestad Carla?), tan felices a pesar de sus intentos de destrozarnos.
Jaime y Diana nos invitaron a sentarnos con ellos en una mesa.
-Me lo ha contado todo-dijo Jaime.
Creí que se enfadaría con Diana, pero no me dejó tiempo a intentar defenderla.
-Y he llegado a una conclusión. Carla va a querer jodernos vivos, eso no es de extrañar. Pero tenemos que confiar entre nosotros. Debemos estar unidos para proteger el amor.
Cuando terminó de hablar se dio cunta de lo cursi que le había quedado la última frase y se echó a reír a carcajadas.
-Yo confío plenamente en vosotros-dijo entre risas poniendo una mano en el centro de la mesa.
-Yo también-dijo Diana poniendo la suya.
Alí y yo las pusimos a la vez.
-Siempre juntos-susurré.
-Siempre juntos-repitieron todos.
El timbre sonó como intentando participar en la promesa y nos levantamos.

Chapter 4

Sigo intentando convenceros de que realmente se aman, de modo que este fragmento no es muy activo. Además, tengo una noticia: ya me han enviado las Cartas de Amor. ¿Queréis que deshaga todo el embrollo este en el siguiente capítulo o lo termino con más tiempo? Esperaré a tener unos diez votos para que hacer el porcentaje no sea tan difícil.

Mis padres estaban en el salón; mi madre posando y mi padre retratándola.
Agarré con fuerza la mano de Alí, le miré a los ojos y nos acercamos a ellos.
-Mamá, papá. Teng... Tenemos algo que deciros-dije.
Mi padre dejó el pincel y mi madre se puso a su lado, frente a nosotros.
Nos miraron un rato y sonrieron.
-¡Por fin te has atrevido!-exclamó mi madre dirigiéndose a Alí.
¿Cómo era posible que hasta mis padres lo supieran?
-Llevamos ya tiempo sabiéndolo-explicó mi padre-. Es que era tan evidente que no...
-Que no sabes cómo no me di cuenta antes-le interrumpí riéndome.
-Me alegro de que por fin estéis juntos, Alí-dijo mi madre abrazándolo.
Alí hacía mucho que era como de la familia, como un hermano, y aunque a nuestro entender todo había cambiado, mis padres actuaban con naturalidad, como si lo que pasaba entre nosotros fuera lo más corriente del mundo.
-¿Y quién más lo sabe?-preguntó papá.
-Todo el curso, probablemente todo el instituto-respondió Alí.
-¿Créeis que lo llevaréis bien?-preguntó mi madre-. La presión social, quiero decir.
Sonreí y me abracé con fuerza a Alí.
-Tenemos a nuestros amigos-respondí-. Y aunque no fuera así, tengo a Alí. Con eso me basta.
Mis padres también sonrieron, ni qué decir de Alí, cuyos dientes blancos resaltaban sobre su piel morena.
Creo que era tan evidente lo feliz que estaba que parecía contagiar a todo el mundo de mi euforia.
Se hizo un silencio incómodo.
-Bueno, creo que no hay más que hablar. Si realmente pretendemos demostraros que os consideramos una pareja normal no sería una buena idea agobiaros a preguntas-dijo mi madre.
Papá recogió el pincel y mi madre volvió a tumbarse en el sofá. Era su modo de decirnos que nos daban sus bendiciones (¿no había nadie capaz de decirlo directamente en vez de expresarlo de una forma tan difícil de entender?), de modo que nos retiramos a mi cuarto.
Alí cerró la puerta tras de sí y, sin decir nada, me abrazó, me tumbó en la cama y me besó con pasión y mucho cariño.
-Te amo-me susurró al oído-. Y me hace feliz ver cómo hablas de m... De NOSOTROS.
Apoyó su cabeza en mi pecho para escuchar los latidos de mi corazón.
-Creo que aún no te lo he dicho-le susurré, jugando con unos mechones de su pelo. Él giró la cabeza y me miró a los ojos-. Yo también te amo.
Nos besamos otra vez (no, si al final Jaime tendría razón y acabaría por cansarle la lengua) y él volvió a tumbarse escuchando mi corazón.
Alí...
Ahora ya no me preguntaba cómo no me había dado cuenta antes, sino por qué.
Si hubiera llegado a imaginar lo feliz que podía llegar a sentirme (y lo feliz que podía hacer a Alí, que me importaba más que mi propia vida), haría ya mucho tiempo que Diana no podría arrancarme lágrimas sin querer.
Porque Diana podía conservar su preciosa sonrisa y sus ojos verde esmeralda, y podía hacerme reír.
Pero Alí hacía algo que Diana nunca podría hacer.
Alí era capaz de amarme con sinceridad.
Seguí jugando con su sedoso pelo negro durante media hora.
El silencio no se rompía excepto por los suspiros intermitentes que en mi cabeza sonaban como una auténtica melodía de Haydn o Beethoven.
Quería haber alargado ese momento tan dulce y feliz una eternidad, pero llegué a la conclusión de que, si no hacíamos los deberes y estudiábamos un rato, luego no tendríamos tiempo para, volviendo a mi cama, hablar durante horas en voz muy baja.
Al fin y al cabo, aún quería saber muchas cosas sobre Alí, esa clase de cosas que tan bien me había escondido, y tenía el presentimiento de que él sentía la misma necesidad de saber sobre mí.
-Deberíamos hacer los deberes-le susurré al oído.
No respondió.
Fue entonces cuando me di cuenta de que se había quedado dormido, y una sensación de ternura se extendió por mi interior. Le rodeé con un brazo, como intentando protegerle de cualquier mal, y él se removió de placer en su sitio.
No quise dormirme.
Quería seguir viéndole dormir, seguir escuchando su respiración, seguir junto a él durante toda la eternidad.
La necesidad imperiosa de saber se desvaneció en el aire por un tiempo.
En aquel momento me bastaba con saber que me amaba y que era feliz a mi lado.

Chapter 3

El rumor respecto a nosotros ocupaba las bocas de todos en la clase y, probablemente, también las del resto del curso.
Con un poco de suerte, buena o mala, hasta algún profesor se habría enterado.
Los chismorreos en un instituto corren como la pólvora.
En cada intemedio, susurros y miradas expectantes que parecían gritar "¡Que se besen!".
Alí, sentado a mi lado, reía, contaba chistes, me preguntaba cosas... Como si no hubiera pasado nada a pesar de que, todo el mundo lo sabía, todo había cambiado.
Diana y Jaime también se habían enterado, pero ninguno de ellos nos dijo nada.
Estaban metidos en su burbuja de amor, donde no había espacio para nadie más que para ellos. Y ahora que yo tenía a Alí, comprendía que no quisieran salir de ella.
Raúl se enteró, evidentemente, pero no dijo nada. Su propio padre se había divorciado de su mujer para irse con otro hombre.
Por fin terminaron las clases (¿realmente había habido clases después del recreo?) y Diana se marchó con prisas.
Jaime nos esperó en la puerta, y Alí y yo atravesamos a codazos la marea de gente empeñada en escapar a relajarse en sus casas durante el fin de semana.
-¡Por fin has tenido el valor necesario!-exclamó Jaime.
¿Se lo habría contado Alí?
-¿Lo sabías?-preguntó Alí incrédulo.
Jaime sonrió con suficiencia.
-Por favor, era evidente. Lo que me extraña es que Jorge no se diese cuenta por sí mismo. Siempre que necesitaba alguien que le aguantase, allí estaba Alí con los oídos abiertos. Por no hablar de las sonrisas cómplices, los abrazos cuando os volvíais a ver después de las vacaciones, los regalazos por tu cumpleaños, los...
Nos echamos a reír y no pudo continuar con su lista. De todas formas, una pregunta se me había encendido en la cabeza. ¿Cómo no me había dado cuenta? Vale que el amor ciegue, pero, ¿desde cuando te deja sordo y atontado?
-¿Y qué tal con Diana?-pregunté.
Diana.
Seguía ocupando un lugar en mi corazón, pero Alí se había extendido ocupando tal cantidad de terreno que no dudé de que pronto habría monopolizado mis pensamientos y mis sentimientos.
-No cambies de tema-replicó él-. Y qué, ¿ya os habéis besado?
Como respuesta recibió mutismo y dos sonrojos evidentes.
Se rió (¿no estaba claro que reaccionaría así?) hasta que se le saltaron las lágrimas y empezó a toser.
-Vale, creo que eso es un sí a gritos-dijo tras tragar aire un par de veces-. Pero no os pongáis así. Uno no elige de quién se enamora.
Jaime siempre había sido muy liberal respecto al amor, de modo que comprendimos que esa era su forma de darnos sus "bendiciones".
-Sé que no os va a hacer gracia, pero todo el instituto sabe ya lo vuestro-dijo una voz femenina.
-Claro que no nos hace gracia-respondí yo, notando el dolor reflejado de golpe en el rostro de Alí-. Directamente hemos decidido que así sea. Estoy orgulloso de quererle a él. Es preferible a una zorra como tú, Carla.
Creo que dislumbré una sonrisa en el rostro de Alí cuando me giré para mirarla a la cara. Carla no se esperaba que fuese a reaccionar así, más bien quería que me enfadase y sacarme de mis casillas.
Carla era guapa, evidentemente. Alguien feo no se puede permitir meterse como ella lo hacía con todo el mundo por el miedo a que ataquen ese "punto débil". Sin embargo, era rematadamente idiota. Una "barbie" descerebrada aficionada a molestar a la gente y a coleccionar chicos. Alí había sido uno de los pocos con los que había querido liarse que se había negado en rotundo.
-¡Que te den!-gritó echándose a andar con prisa.
Jaime se puso a reírse y yo me volví hacia Alí, que me miraba fijamente.
No esperé a que me besase él, sino que respondí al deseo dibujado en sus ojos.
La gente se quedaba mirándonos sin disimulo, pero no me importaba lo más mínimo, y a Alí tampoco.
-Le vas a cansar la lengua antes de pasar un día como pareja-bromeó Jaime.
Captamos la indirecta y seguimos andando, aunque no pude resistirme a apoyar mi cabeza en el hombro de Alí, de forma que él podía darme besos espontáneos en la frente y en el pelo cargados de cariño sin necesidad de parar de andar.
Jaime se despidió de nosotros en la parada del autobús, pero Alí vendría a mi casa como todos los viernes y, como de costumbre, se iría tarde.
-Tendremos que contárselo a tus padres-murmuró mientras subíamos en ascensor.
Lo cierto era que no me preocupaba. Ambos eran muy... bohemios, por no decir estrafalarios. Seguro que hasta les alegraría descubrir que su hijo no era tan normal como esperaban. Y aunque no fuese así, Alí era lo suficientemente importante para mí como para enfrentarme a quién se pusiera por delante.
Le di un beso para infundirle confianza y abrí la puerta.

Chapter 2

Creo que es más corto, pero lo cierto es que ahora mismo no puedo aumentarlo más. Creedme, no os imagináis para nada lo que va a pasar, lo cierto es que en la novela original lo ensancharé, pero como estoy esperando por las cartas de amor no puedo alargarme mucho.

Por acto reflejo curvé el cuerpo, le di un rodillazo en la cara y un puñetazo en el estómago. Cayó al suelo como una mole de piedra.
Antes de que pudiese intentar nada más, el timbre sonó y se retiró a su sitio.
-Me vengaré-murmuró antes de que entrase el profesor.
"Cmo as exo eso??" me escribió Diana en una notita.
"S retrasado, siempre atak =, asik s facil dfndrse" respondí.
"Dberias tner cuidado cn el, s muy rencoroso".
Le dediqué una sonrisa tranquilizadora y me centré en la clase.

***

Jaime y Diana pasaron el recreo con nosotros en la cantina, aunque parecía que no nos conociesen de nada. En aquel momento solo existían ellos.
-Deja de mirarlos tan fijamente o lo acabarán notando-susurró Alí.
-Vamos fuera. Quiero pasear un rato-le dije.
Nos escabullimos entre la gente y echamos a andar hacia el aparcamiento. Durante todo el día estaba vacío, de modo que se podía estar tranquilo.
Nos sentamos en la acera con las cocacolas en la mano.
-Una chica capaz de enamorarse de Jaime no es muy inteligente.
Alí intentaba quitarme a Diana de la cabeza de una forma tan evidente que no pude evitar reírme.
-¿De qué te ríes?
-Nada, solo... Que se nota mogollón lo que intentas-respondí entre risas.
Él también se echó a reír.
-Vale, me has calado. Pero ten en cuenta que hay mucha mas gente en el mundo.
Noté algo extraño en la frase, pero no caí en la cuenta entonces.
-Ya, pero... No sé, no puedo evitarlo-repliqué-. Sé que es una gran amiga y que salir con ella lo estropearía todo, pero soy tonto.
-Con las chicas siempre es así.
Otra vez aquello que sonaba raro. ¿Qué era lo que me llamaba la atención?
-¿Con las chicAs?-caí en la cuenta.
Rogué por estar equivocándome y que no estuviera confesándome lo que creía que estaba confesando.
Alí me miró un segundo a los ojos. Lo cierto es que era un chico muy guapo (alto, fuerte, moreno, pelo negro liso y ojos color miel) e inteligente, pero nunca había pensado en él como algo más que mi mejor amigo.
Y entonces sucedió.
No sé cómo pasó, pero un instante después tenía sus labios pegados a los míos y una de sus manos me abrazaba con fuerza.
Me dejé llevar.
De pronto no importaba Diana, ni Jaime, ni Raúl.
Solo importaba Alí.
Le besé con una pasión que no creí tener sin dejar de ser dulce, y con mis manos le acariciaba el pelo y la espalda.
Entonces paramos y nos sonrojamos.
-¿Hace cuánto?-le pregunté.
Primero me miró extrañado pero luego lo comprendió.
-Creo que me ena... enamoré de ti cuando nos sentaron juntos en inglés hace siete años.
-¿Me amas?-pregunté extrañado.
Nunca había pensado en Alí como una persona enamoradiza. Lo cierto es que nunca le había visto con nadie... Y entonces todo cuadró en mi cabeza.
-Sí-respondió él.
Le creí. Llevaba siete años buscando el valor y la ocasión para decírmelo. Por eso no había respondido a las insinuaciones de las múltiples chicas que claramente estaban coladas por él.
Y entonces le besé yo.
Ahora que me lo planetaba de otra forma, con Alí siempre me sentía tranquilo y seguro, como si en el fondo supiera que me amaba de aquella forma.
El timbre sonó, pero me negué a separarme de sus adictivos labios.
Y lo cierto es que él tampoco parecía interesado en marcharse.
Una voz en mi cerebro me susurraba que yo amaba a Diana y que aquello que hacía estaba mal, pero aumenté la pasión del beso y el placer la hizo desaparecer.
Nos separamos cuando empezamos a sentir la falta de oxígeno.
-¿Cómo vamos a hacer?-preguntó Alí.
Tardé un segundo en responder.
-No me importa que lo sepan-respondí-, mientras no te importe a ti.
Le sonreí, le di un beso instantáneo y nos levantamos.
Empezamos a caminar hacia clase cogidos de la mano, y la gente nos miraba y susurraba cosas.
Pero no me importaba.
No ahora.
Porque yo tenía a Alí, a MI Alí.
Y con eso me bastaba.

Chapter 1

Mi amiga puede que tarde varios días en conectarse, de modo que, entre mientras, colgaré esta historia corta que estoy escribiendo.

-Te lo prometo-susurré conteniendo el aliento.
En aquel mismo intante acababa de vender mi felicidad a cambio de nada.
-Te debo una-respondió ella sonriendo mientras se marchaba.
Aquella sonrisa perfecta que tantos sueños había ocupado.
-¿Crees que funcionará?-preguntó una voz a mis espaldas.
Alí.
-Y a ti qué te importa-repliqué dándole la espalda.
-Estás enamorado de ella-me susurró al oído.
Me giré para mirarle a los ojos, pero era demasiado doloroso.
-¿No vas a luchar por su amor?-preguntó.
No fui capaz de responderle. Me pasó el brazo por encima del hombro y me dio unas palmaditas.
-Sabes que él no la merece-insistió.
-Pero así y todo, es la forma más fácil de hacerla feliz.
Me miró clavando su mirada caramelo en mis ojos llorosos.
-¿En serio serás capaz de renunciar a tu propia felicidad para que ella pueda serlo hasta que él la deje?-asentí-. Definitivamente, lo tuyo es masoquismo.
Fui incapaz de no sonreír.
-Vamos. Tengo que encontrar la forma de convencerle.
Eché a andar hacia la cantina y Alí me siguió.
Allí esperaba Jaime.
J'aime. Yo amo, en francés.
En cuanto nos vio nos saludó y nos indicó por señas que nos acercásemos.
-Habéis tardado una eternidad. ¿Qué ha pasado?
Busqué una excusa buena que sirviese al mismo tiempo para meterle la idea en la cabeza. Alí respondió por mí.
-Nada, que hemos oído algo por ahí que nos ha llamado la atención-insinuó.
-Contadme-pidió enarcando una ceja.
Intenté hacerme una idea de qué estaba pensando Alí.
-Alguien anda por ahí rumoreando que tú y Diana estáis saliendo-explicó Alí.
-¿Diana? ¿La chica morena de los ojos verdes?-preguntó Jaime con repentino interés.
Se había tragado el cebo, el anzuelo y todo el sedal.
-Exacto. Aunque lo cierto es que no parece una mala idea-añadí yo.
-Quizás deberíamos ayudar a aumentar la confianza de la gente en los rumores de instituto-respondió sonriendo.
Tocado y hundido.
El primer timbre interrumpió la conversación.
-Deberíamos irnos-indicó Alí-. Ahora tenemos francés y creo que no nos podemos permitir un retraso más o nos comerá vivos.
Jaime se levantó de la silla y nos fuimos de allí. La entrada al edificio principal parecía, como siempre, un campo de concentración nazi. A base de codazos se abrieron paso hasta la puerta, donde se cruzaron a Diana. Jaime le dedicó una sonrisa encantadora y le ayudó a entrar sin salir muy mal parada. Diana me dirigió una mirada llena de agradecimiento y susurró un "Gracias" inaudible.

***

Durante francés Diana y Jaime no dejaron de mandarse notitas y lanzarse miradas.
-Sea nuestro amigo o no-me susurró Alí-, es más manejable que una marioneta de hilo.
Intenté reírme.
-Jorge, a la pizarra-ordenó la profesora.
Me levanté intentando fingir seguridad.
-Escribe la conjugación del verbo amar para Raúl.
Raúl era el repetidor de la clase y el más imbécil de los imbéciles. Aunque se lo escribiera con una navaja en la carne, lo olvidaría. De todas formas decidí no hacer este comentario y empecé a escribir.
-J'aime, tu aimes, il/elle aime, nous aimons, vous aimez, ils aiment-susurré mientra escribía.
La profesora me indicó que podía volver a mi sitio.
-Espero que te lo hayas aprendido bien, Raúl. Pienso preguntarte esto mismo en el examen oral.
El timbre interrumpió antes de que Raúl pudiera soltarle una de sus burradas y la profesora se fue de la clase con prisas.
-¿Cómo se te ocurre responder correctamente a algo que Raúl no sabe?-me susurró Alí.
Raúl medía casi dos metros y llevaba años yendo al gimnasio. Su único futuro era matón de discoteca u homicida a sueldo.
-Sabes que nunca me ha preocupado mucho si le sientan mal las cosas-respondí con indiferencia-. Además, nunca se atrevería a pelearse conmigo.
-Semejante afirmación se merece una paliza, gusano-respondió una voz a mis espaldas.
Ni siquiera me giré para mirar a Raúl a la cara.
-Cuando te hablo te das la vuelta, rata de alcantarilla-ordenó.
-¿Quieres traumatizarme con tu careto?-respondí con aplomo.S
acarle de sus casillas era tan fácil que me pregunté por qué no lo hacía más a menudo.
-Te voy a destrozar.
Y se lanzó sobre mí.

Y me quedé sin lágrimas...

Se me han borrado las cartas de amor (-_-) así que a quienes les gusten tendrán que esperar a que mi amiga me las reenvíe por mail. Y como no tenía pensado nada y estas vacaciones me ha dado por leer historias de desamor, improviso esto que viene. Espero que os guste ;D

Apuñalé mi corazón hasta que no pudo latir, ni por ti ni por nadie.
Destrocé mi alma a puñetazos hasta que de tu recuerdo no quedó nada.
Asesté una estocada mortal a tu nombre antes de que pudiera surgir de mis labios una vez más.
Le di una paliza mortal a cada conversación que mantuvimos y a cada secreto que se me ocurrió revelarte.
Me destrocé los tímpanos a fuerza de gritarme que no te necesitaba.
Ahogué los supiros en mi garganta para que dejaran de helarme con el frío de las palabras de amor asfixiadas en mis pulmones.
Me quedé sin lágrimas de tanto llorar para echarte de mi vida.
Y no funcionó.
Porque ahora lo que necesito es helado en dosis industriales, un maratón de películas de amor y que, en mitad de la noche, suene el timbre de la puerta cuando menos me lo espere.
Y que tú esté allí, con flores, bombones y un perdón sincero entre tus labios.
Y entonces las heridas se cerrarían y no tendría que olvidarte.

Carta de amor III

Esta será la última actualización antes de quedarme sin internet por vacaciones, así que tardaré un tiempo en devolver los comentarios, disculpas por adelantado. Las que estén aquí por ser ganadoras del premio, que miren en la anterior entrada ;)

Podría decírtelo en siete idiomas sin recurrir a un traductor.
Podría escribirlo en una pared en letras enormes, o hacer un cartel con letras de neón.
Podría gritártelo desde lo alto de un edificio, podría susurrártelo al oído mientras otros no miraran.
Podría repetírtelo hasta quedarme sin voz, o podría decírtelo una sola vez, guardando toda mi pasión en mis palabras.
Podría escribírtelo entre los versos de un poema o en las líneas de una historia.
Podría enrevesarme, jugar con la retórica y el vocabulario aprendido.
Pero prefiero ser directo.
No por no quererte lo necesario para hacer todo lo anterior; si me lo pidieras escribiría tu nombre con las estrellas del Universo.
No por pereza, ya que por ti, ya lo sabes, haría cualquier cosa.
Si voy a ser directo es para ser yo mismo, y no un enrevesado monologuista:
Te amo

Premio :D

Buenos días, resulta que me han concedido un premio (mi primer premio :D). La fantástica chica a quien tengo que agradecerle esto es Verónica: http://veronika-life.blogspot.com/


Y siguiendo su ejemplo, voy a saltarme un poco las normas.









Las reglas son:
a) Exhibir la imagen del sello.
b) Poner el enlace de la persona que te lo ha regalado.
c) Elegir 10 personas para pasárselo.
d) Escribirles un mensaje en su blog para comunicarles el premio.
Mis premiados:
  1. Amapola http://amapolaenblancoynegro.blogspot.com
  2. Ilogikah http://colapsotemporal.blogspot.com
  3. Vic http://historietasconunasonrisa.blogspot.com
  4. Misha http://larealidadelaspalabras.blogspot.com
  5. Anaid (mi querida Alteza Imperial de las palabras) http://letrasdeplata.blogspot.com
  6. Marina http://marinamontecristo.blogspot.com
  7. Calypso http://miburbujaazul.blogspot.com
  8. Ada Vander, por sus dos fantásticos blogs http://hastaeldiaquelapalmes.blogspot.com http://simplementehazlo.blogspot.com A Ada le quiero hacer una mención especial ya que es la persona que me animó desde el principio (aparte de que adoro su novela :3). Un abrazo enorme.
  9. Saray http://sentimientossobrepapel.blogspot.com/
  10. Soy http://suspirosiiconclusos.blogspot.com/
  11. Unapareed http://unapareed.blogspot.com/
  12. Miss Seven http://thesweetestdecadence.blogspot.com/

Sé que son más de diez, pero todas os lo merecéis tanto que no me pude elegir.

Sonrisas de cristal y plata

Uno aprende a sonreír aunque no quiere.
Uno se da cuenta de que, a veces, la gente necesita una sonrisa.
Uno descubre que la gente necesita que te rías de sus chistes, por malos que sean.
Uno se saca sonrisas de la manga cuando alguien necesita contagiarse de la alegría de otro.
Pero estas sonrisas no se deben confundir con las sonrisas de cristal y plata, diseñadas para engañar y adornar.
Diseñadas para deslumbrar y ocultar las emociones tras un manto de belleza imposible y falsa.
Porque no se deben tragar las lágrimas para evitar que se corra el rimmel.
Porque no se debe reír cuando lo que se desea es llorar.