Shadow XIII

Y, por fin, ¡volvemos al presente! Chan chan chán! ¿Qué pasará? xD Adelante, adelante, a leer xD A ver qué os parece... >.<

-¡Noo!-gritó alguien.
Si las palabras pudieran parar balas, aquel grito habría sido un búnquer capaz de resistir una bomba nuclear.


Vladimir se dispuso a sentir las balas alojándose en su espalda, preparado para contener el grito de dolor y las lágrimas.
Cerró con fuerza los ojos.
“He vuelto a fallar... Pero no tendré oportunidad de volver a hacerlo...” pensó para sí.
Esperó lo que le parecieron años, pero no sintió nada.
Ni dolor, ni miedo... Nada.
Abrió los ojos.
Estaba de nuevo en aquella nada que, tantos años atrás, había visitado.
Rodeado de silencio y oscuridad, incapaz de sentir nada, ni de reconocer ningún olor. Se sentía privado de todos sus sentidos, aislado de su entorno.
Sin embargo, allí, a su lado, estaba Álex, con la mirada perdida.
-¿Cuánto llevas aquí?-le preguntó Shadow.
-Acabo de llegar.
-¿Y por qué estás aquí?
-Porque te has rendido-respondió, sin sonar reprobatorio.
-Eso no significa que tú no debas luchar-replicó Vladimir.
El joven Álex se mantenía congelado, sin moverse, como una estatua de mármol.
-Hagamos un trato-murmuró al fin.
-¿Qué trato?
-Si tú luchas, yo también...
Las sombras se los tragaron a ambos, y Vladimir abrió los ojos.
“Extraño... Creía que ya los tenía abiertos...” pensó.
Estaba en el que en su momento fue el cuartel de la Emperatriz, rodeado de cadáveres. Uno, dos, tres... Eran muchos, más de los que creía haber visto apuntándole. Miró hacia arriba por instinto, pero no vio a nadie en la barandilla.
-¡Te pillé!-rió alguien a su lado, haciendo que saltara hacia delante.
-¡Ángel!-gritó Shadow, sorprendido.
Su primer instinto fue abrazarle, pero su cuerpo respondió dándole una bofetada.
-¡Te dije que no vinieras!-le recriminó.
Ángel se acarició la mejilla, sintiéndose repentinamente mal. ¿Por qué? ¿Por haberle salvado la vida?
-Era lo que tenía que hacer...-susurró.
-Lo que tenías que hacer era escucharme. Te dije que no vinieras porque...
-¡Si no hubiéramos venido, habríamos muerto en esa explosión! ¿Prefieres eso?-gritó Ángel, interrumpiéndole.
Shadow no respondió, solamente le abrazó.
-Estáis bien...-susurró conteniendo las lágrimas-. Dios... Estáis bien...
Ángel le devolvió el abrazo y, después de un rato, le apartó un poco, mirándole a los ojos fijamente.
-Sí, estamos bien... Y Angie recuperará su puesto, y podremos pagarte, y luego podríamos ir al circo...-farfulló a toda prisa.
-¿Al circo?-preguntó Vladimir levantando una ceja y sonriendo-. ¿A qué viene eso?
-No tengo ni idea-respondió Ángel.
Los dos estallaron en carcajadas contenidas, pero Vladimir dejó de reírse antes que él.
Tenía algo que hacer, y no podía esperar a ir al circo y poner a la banda en su lugar.
-¿Y Lynx? ¿Dónde está?
Ángel señaló a la puerta que daba al exterior, y Shadow caminó hacia allí. También estaba Angie, que tras saludarle entró dentro con su hermano.
-¿Estás bien?-le preguntó Miriam, examinándole de arriba a abajo.
-Sí, gracias a vosotros...
-Principalmente, gracias a Ángel. Disparó veinte veces en apenas dos segundos, y no falló ni un tiro-explicó ella.
Vladimir sonrió un segundo, y luego recuperó su mirada fría habitual.
-Tengo que pedirte un favor, Lynx...-murmuró.

Miró su tiket de avión, y comprobó la hora de salida.
Ya habían revisado su maleta y la habían pasado por aduanas, y había burlado el control de metales sin problemas aprovechándose de la fama de la Emperatriz.
No tenía ganas de ir, tenía miedo a lo que se encontraría. Pero debía hacerlo.
Antes de afrontar ningún tipo de futuro, tenía que asimilar su pasado.

Shadow XII

Se me está acabando el pasado de Vladimir, me da que en la siguiente entrada ye tendré que volver al presente... Hum... Pues vaya, esperaba poder extenderme más xD Pero bueno, así podré calmar la ansiedad xD Espero que os guste ^^

-Tú eres un asesino-no era una pregunta.
Sin embargo, el tono de voz de la niña no reflejaba ningún miedo, ni asombro. Para ella era una frase más, algo tan usual como “Aquel perro es negro”.
-Sí. Y tú quieres ser como yo-la respuesta de Shadow tampoco era una pregunta.
La niña asintió con la cabeza.
-¿Por qué?-preguntó él.
-¿Por qué? ¿Tiene que haber una razón?
-En mi caso la hay.
-Hum... Para ser un buen asesino, ¿hay que tener una motivación?
-Nunca me lo he planteado. Quizás, cuando se tiene un motivo para seguir matando, uno lo hace lo mejor que puede. O quizá sea al revés, y tener una razón te nubla el pensamiento-meditó Vladimir en voz alta.
-Eres muy ambiguo, ¿sabías?
-Al menos doy respuestas y no formulo más preguntas.
Miriam reconoció para sí que tenía razón, pero no dijo nada al respecto.
-Entonces, ¿me enseñarás a ser una buena asesina?


-Hola...-susurró Shadow, sentándose en el suelo.
Era un terreno muy bonito, plagado de flores blancas y un césped completamente verde, adornado con unos cuantos árboles altísimos.
-Venía a visitarte... Como siempre...-susurró.
No obtuvo respuesta por parte de la tumba, igual que cada año. No era algo que le sorprendiese, pero aquello no quitaba que una parte de su corazón se volatilizase cada vez que (no) sucedía.
-¿Sabes? Tengo una discípula, es una buena chica. Creo que será mejor que yo si sigue así... Te echo muchísimo de menos, Kaleb. En serio-murmuró.
Aguantó las lágrimas, pero sus ojos negros parecían perdidos en algún lugar lejano, reviviendo todo el tiempo que había pasado con él, volviéndose llorosos y aguados.
-Te he traído flores, como siempre. Rosas blancas. Sé que te gustan, por eso dejabas una en cada crimen-comentó, sin enfocar la mirada de nuevo.
Dejó el ramo sobre la tumba de piedra, y sonrió ligeramente. Luego se levantó lentamente, como si fuera un gran esfuerzo, y dirigió una última mirada a la tumba.
-Hasta dentro de un año, Kaleb...
Echó a andar, pero no se dirigió fuera del cementerio, sino que se sentó junto a otra tumba.
-Hola, mamá... Ya han pasado trescientos sesenta y cinco días... Increíble, ¿cierto? Te... Te echo mucho de menos... Y sé que Álex también. Te querí... Te queremos mucho, madre... Espero que lo sepas... Los médicos dicen que no despertará, que lo mejor sería desconectarle... Pero... Yo sigo teniendo fé... Creo que si existe algún Dios o algo así... No me haría esto... ¿verdad?
El viento sopló con fuerza y notó cómo una bufanda caía a su lado. La recogió con cuidado y se dio la vuelta para mirar al joven que le miraba.
-Hola... Siento interrumpir, pero... Esa es mi bufanda y...
Sus ojos blancos se clavaron en los ojos negros de Shadow, tratando de analizarle. Sin embargo, no se estremeció ni retrocedió asustado. Vladimir simplemente se levantó y le devolvió su bufanda, dirigiéndose al exterior del cementerio. El joven le siguió.
-Tú... Eres un asesino, ¿verdad?-comentó Ángel.
-No digas tont...
-Yo también lo soy. Reconozco esa mirada tuya en mi rostro cada mañana al mirarme en el espejo.
Vladimir se dio la vuelta y le dirigió la mirada otra vez.
-¿Y qué si lo soy?
Ángel retrocedió un paso al notar esa nueva mirada acerada clavarse en su piel.
-No... No pretendía enfadarte... Solamente... Quería ofrecerte un trabajo...
-¿Cómo sabes que seré capaz de hacer ese trabajo?
-Sé que eres bueno. Lo noto.


-Encantado. Soy Shadow.
-Yo soy la Emperatriz-saludó ella fríamente, mirándole por encima del hombro-. ¿Eres el asesino que se encargó de Mateo?
-Sí-respondió.
Angela dirigió su mirada a su hermano, que asintió con la cabeza.
-Dicen que eres bueno.
-Solo he fallado en mi misión una vez-replicó.
-Los hay que no han fallado ninguna-repuso ella.
-¿Y también los hay que hayan matado a treinta personas armadas con pistolas con solo un cuchillo?-comentó Shadow fríamente.
Ella no demostró su sorpresa, pero para sus adentros sonrió. Era el que necesitaba.
-Creo que eres justo el tipo de persona que busco.
Vladimir dibujó una expresión extraña en su rostro.
“¿Persona?”.
Era la primera vez que un cliente le llamaba así.

Shadow XI

Capítulo XI y parece que no voy a poder alargarlo mucho más, aunque le tenga un apego tremendo a mis personajillos T.T Pero bueno, sigamos con el pasado antes de volver al futuro, que aún no he decidido qué va a pasar xD

Sus ojos negros parecían perdidos, mirando al infinito, pero observaban todo. Veían las pelotas moverse de un lado para otro, los jóvenes correr y a las chicas cuchichear. Notó al grupo de jóvenes acercándose, pero les ignoró a propósito. Se mantenía allí, quieto en su rincón.
-Eh, tú, paliducho-masculló uno de ellos, señalándole con el dedo-. ¿Qué se supone que eres? ¿Un fantasma?
Vladimir le miró fijamente a los ojos, pero no respondió. Solamente recogió su libro y se levantó.
-¿Alguien te ha dado permiso para largarte, “Shadow”?-replicó uno de ellos dándole un empujó en el pecho.
Vladimir clavó sus ojos en la mano de aquel joven, pero no dijo nada, simplemente siguió andando. Alguien se abalanzó sobre él por la espalda, y ambos cayeron rodando por el suelo. El libro voló por los aires y cayó boca abajo, abierto. Shadow notó el puñetazo en su cara, y la ira corrió por todo su cuerpo.
Alargó la mano y rodeó con ella la muñeca de aquel joven. Apretó con fuerza, y una expresión de dolor apareció en el rostro del chico. Se levantó de golpe, sin soltarle, y le levantó en el aire, poniéndole de pie.
Ninguno de ellos dijo nada, solo se miraron a los ojos. Y, de pronto, le dejó caer al suelo de golpe, recobrando su porte frío y distante. Se agachó un momento a recoger su libro, que estaba a sus pies, y le dirigió una última mirada al joven.
-Ponte hielo en ese brazo. Y... lo siento...Kaleb...-susurró antes de levantarse.
El chico le miró con admiración mientras se masajeaba el brazo.
-Yo... También lo siento...-murmuró de manera casi inaudible, y sus palabras llegaron únicamente a los oídos de Shadow.


-¿Por qué lo haces?-preguntó él, mirándole a los ojos.
-¿El qué?-replicó Shadow, poniéndose de nuevo el sombrero.
-Mandar esos cien mil euros a la misma cuenta una y otra vez, cada mes-explicó-. ¿Por qué?
-Eso es algo personal.
-Quieres contármelo. Y lo sabes. Lo sabemos.
Shadow se dio la vuelta y volvió a entrar en la casa, clavando sus ojos en los de aquel chico.
-Son para pagar los gastos de mi hermano-aclaró.
-¿Tu hermano en coma?
Vladimir asintió con la cabeza, dispuesto otra vez a marcharse.
-Eres un cobarde-comentó el chico, haciendo que se volviera por segunda vez-. Mandas el dinero para no sentirte culpable por no ir a verle.
Shadow no respondió. Solamente cerró la puerta y volvió al interior, entrando en su cuarto y dejando a Kaleb en el vestíbulo, congelado.


-Nunca he fallado en una misión-masculló Shadow.
-Siempre hay una primera vez, Shadow. Siempre hay una primera vez-replicó David, sonriendo y señalando al exterior.
A través de la ventana, se vio la explosión naranja iluminando el cielo nocturno de Rusia y ocultando las estrellas. Un grito se ahogó en sus labios y Vladimir, simplemente, guardó la pistola y salió del edificio corriendo.
Corrió a través de las calles congeladas de Moscú en dirección a las llamas. Cuando llegó él estaba fuera, en el suelo, con la piel teñida de un antinatural negro carbón. Se dejó caer a su lado, levantando su cuerpo y poniéndoselo sobre las rodillas. Una lágrima corrió lentamente por su mejilla y cayó sobre el joven.
-No... Llores... Un asesino... Nunca... Llora-murmuró Kaleb, mirándole a los ojos y pasándole su mano quemada por la mejilla-. Cuídate...
Sus ojos se cerraron y Vladimir lo dejó en el suelo, jurándose a sí mismo que nunca volvería a fallar.


Caminaba por las calles de Barcelona con paso acelerado, casi corriendo entre los edificios de apariencia oscura y siniestra debida a la falta de luz. La policía había llegado antes de lo previsto, y alguien había visto una sombra huir. Lo notaba.
Después de unas cuantas calles, se escondió en uno de los callejones laterales y tragó aire.
Hasta un segundo después no vio a aquella niña a su lado, mirándole fijamente.
-¿Quién eres tú, pequeña?
-Miriam.
-Miriam, ¿eh? Yo soy Shadow. No deberías estar aquí. Podría pasarte algo malo, ¿sabes?
-¿No has pensado que quizás quiero hacer algo malo?
Vladimir sonrió y soltó una pequeña carcajada. Le pasó la mano por la cabeza y la cara y clavó su mirada negra en la de la niña.
-¿No me tienes miedo?-le preguntó.
-Claro que no. Tú vas a ayudarme.
-¿Ayudarte? ¿A qué?
-A vengarme.

Shadow X

Hoy actualizo un poco antes porque... Estoo... Porque me da la gana, ¿algún problema? ¬¬ Anda, espero que os guste, aunque hay una sopresita muy desagradablee... MUAHAHAHA

-Vladimir, ¡suelta mi libro!-gritaba con su voz, aún dulce.
-¡No me da la gana!
-¡Mamá! ¡Dile que me devuelva mi libro!-chilló.
-Vladimir, devuélvele su libro-ordenó con voz calma su madre sin separar su vista de la carretera.
-¡No pienso hacerlo! ¡Tú no eres papá! ¡Tú no tienes ningún poder sobre mí!
Su madre se encogió en su asiento, y un sollozo apenas perceptible llegó a los oídos de ambos niños. No hicieron ningún sonido más, y el libro cayó al suelo, olvidado instantáneamente.
Hacía más de una semana que su padre se había ido, y, aunque preferían mentirse, en el fondo sabían que no volvería. No había dejado una nota, ni había hecho una llamada... Nada.
Simplemente, había desaparecido.
Los sollozos siguieron, más y más fuertes. Vladimir se estremeció en su asiento, acongojado.
-Mamá... Yo... Siento mucho...
Las palabras no conseguían cobrar un sentido completo, y era incapaz de terminar la frase. Ella se sorbió los mocos y se quitó las lágrimas de la cara, pero sus hombros seguían temblando ligeramente.
A su lado, Álex le miraba con reprobación, indicándole que aquello era culpa suya. ¡Cómo si no lo supiera!
Buscó otra vez las palabras que su madre necesitaba oír en su vocabulario, pero no las encontró y, frustrado, clavó su mirada en la ventana, contemplando el paisaje helado que pasaba rápidamente a través de ella. Las montañas, teñidas de un blanco puro y limpio, contrastaban con el cielo, oscuro y amenazador, que parecía haberse puesto de acuerdo con el ambiente que había en el coche.
Vladimir contemplaba las casas desperdigadas por el monte, cuyos tejados estaban adornados con luces de Navidad congeladas. Oyó el chirrido de ruedas y un horrible ruido. Pensó en mirar, pero supo que no serviría de nada, así que siguió contemplando el paisaje hasta que los ojos se le cerraron.


Sentía que estaba caminando entre sombras enormes que se abalanzaban sobre el, aplastándole y haciéndole sentir pequeño y débil. Le dolía todo el cuerpo.
Aguzó el oído, pero no oyó nada más que silencio. Achicó los ojos, y solo le respondió más oscuridad. No era capaz de distinguir ningún olor, ni tampoco de sentir nada.

Mejor. Pensaba que aquello sería mucho más horrible.
De pronto, sintió que alguien tiraba de él hacia el interior de las sombras, que crecían alrededor de sus piernas. Un grito surcó la nada.
-¡NO RESPIRA! ¡RÁPIDO, INTUBADLE!
Abrió los ojos lentamente, sintiendo como si pesaran varias toneladas. ¿Por qué luchaban por su vida? Quería abrir la boca y decirles que parasen, que le dejasen morir allí, en medio de la nieve teñida de rojo por su sangre, pero ningún sonido salió de su garganta. Se limitaba a observar a los médicos moviéndose y, después de un rato aguantando con los ojos abiertos, los dejó caer pesadamente, súbitamente cansado.


Sus ojos se acostumbraron lentamente a la luz reinante en la sala, completamente blanca. Una máquina pitaba a su lado intermitentemente. También había allí una mujer vestida con bata, observándole.
-¿Sabes dónde estás?-le preguntó.
-S-Sí-respondió Vladimir, haciendo un gran esfuerzo.
-No deberías...
-¿D-Dónde... Está... M-Madre...?
Ella le miró condescendiente y la comprensión se asomó a los ojos del niño en forma de una lágrima transparente.
-¿Y... Álex...?
-Él está...-comenzó ella-. Está vivo.
Vladimir notó el tono con el que había pronunciado la palabra “vivo”, pero no preguntó más. De pronto, volvía a tener sueño y los ojos se le cerraron lentamente, mientras en su mente se desdibujaba la realidad para convertirse otra vez en aquel paisaje helado.


-¿Y a qué se dedica tu padre, Vladimir?-preguntó la profesora amablemente.
El chico la miró fríamente a los ojos, haciendo que se estremeciera.
-Mi padre está muerto, señorita-respondió.
La sonrisa se le congeló en los labios, convirtiéndose automáticamente en una mueca de lástima. Desvió la mirada, tratando de pensar en algo que preguntar que no tuviese una posible respuesta deprimente, y algo le vino a la cabeza de pronto.
-¿Y tú, Vladimir? ¿Qué quieres ser tú de mayor?
-¿Qué quiero ser...? Pues... No sé-respondió él sin dejar de ser frío.
-Hombre, tendrás que saberlo. De algo tendrás que vivir, ¿no?
-¿Y si no quiero vivir?


Muahahaha! Esta no es la continuación cronológica de la historia, chincha rabiñaa! (8) xD A esperar, a esperar, vamos todos a esperar xD (No me odiéis mucho ^·^' )

Shadow IX

Bueno, había que seguir en algún momento xD Me da mucho palo porque se me está acabando la historia y pretendía que me durase un poco más -.-'' A ver si consigo tener una gran idea y me dura seis entradas más xD

Vladimir acarició el crucifijo que Ángel le había obligado a ponerse antes de aceptar dejarle irse, pero no dejó de sujetar su pistola. Conocía perfectamente el local en el que se situaba la sede, cada mueble, cada esquina, cada escondite... En la otra mano sujetaba su daga.
El viento helado azotaba su cara, pero Shadow no miró hacia abajo. Se mantenía allí, quieto sobre la cornisa de piedra, con los ojos cerrados.
Estaba concentrándose, preparándose.
Aquella ocasión era especial. Uno no muere todos los días, al fin y al cabo. Tragó aire con fuerza, y tardó un rato en dejarlo salir.
“¡Ahora!”.
Vladimir saltó al vacío, levantando su cuchillo en el aire. Ella no sintió como el cuchillo atravesaba su garganta hasta que la sangre empezó a surgir a borbotones. La puerta estaba abierta, pero nadie en el interior se fijó en lo que sucedía fuera. Arrancó su cuchillo de la carne aún caliente y entró en el edificio disparando a uno y a otro.
Los matones abrieron mucho los ojos al notar su presencia y dirigieron sus manos a sus pistolas (demasiado tarde). Uno detrás de otro, los cinco cayeron al suelo cubriéndolo de sangre.
De una patada abrió la puerta y atravesó el pecho del sorprendido guardia con su daga. De un salto se subió a la barandilla de madera y disparó hasta que se le agotaron las balas. Impulsado por sus piernas, saltó hacia el piso inferior, aprovechando para cambiar el cargador y disparar un par de veces. Frente a él, sentado en el sillón de Angela, estaba Gio, sonriendo gélidamente.
Vladimir levantó la pistola y le apuntó, sintiéndo las pistolas de los demás clavadas en su nuca. Ninguno de ellos disparó.
La risa surgió desde lo más fondo de la garganta de aquel hombre repulsivo de mirada perdida, sonando por toda la sala de forma molesta.
-Shadow, Shadow, Shadow... ¿Por qué no te conformaste con quedarte a mi lado?-preguntó, dejando de reírse-. Si lo hubieras hecho, podrías haber vivido unos cuantos años más.
-Igual que tú, entonces. Si hubieras cerrado tu pico y no hubieras intentado nada, ahora no tendrías que morir-respondió Vladimir mirándole con su fría calma.
Gio se retorció en su asiento.
-Yo ya estoy preparado para morir, si con eso salvo a quienes me importan. ¿Y tú, Gio? ¿Estás preparado para que el metal atraviese tu piel, destrozando tejidos y órganos?
Gio dejó de revolverse y recuperó la sonrisa, carcajeándose.
-Oh, no, Shadow. Con este acto heróico y estúpido no has conseguido nada. Has llegado tarde, Shadow-comentó con su horrible voz-. Por... ¿segunda? Vez.
Un escalofrío recorrió su espalda, haciendo que la pistola temblase imperceptiblemente entre sus manos. No volvería a fallar.
Hacía años que lo había decidido.

-¿A dónde van esos cien mil euros, Vladimir?
-A un lugar donde se necesitan.
-¿Quizás son para ayudar a tu hermano?
-Quizás.


La explosión sonó a lo lejos, y a través de la ventana brilló en la distancia como un macabro y melancólico espectáculo de fuegos artificiales.
Una lágrima asomó en la mirada de Vladimir quién, sin embargo, se mantenía al tiempo frío y distante. Gio se rió.
-Sabes lo que es eso, ¿verdad, Shadow?-comentó-. Oh, sí, sí que lo sabes. Tú sabes quién está ahí dentro, ¿verdad?-sacó una foto de su chaqueta y señalando a una de las personas del grupo.
-Claro que sé qué es. Es el anuncio de tu muerte-replicó Vladimir.
El tiempo se detuvo por un instante, durante el cual solo se lanzaron una última mirada. La de Vladimir estaba llena de odio, frialdad y determinación; la que Gio le devolvió reflejaba que acababa de entender que Shadow nunca sería “suyo”.
Presionó el gatillo con suavidad, casi con devoción. La bala impactó entre sus cejas, dejando una marca roja en su frente.
Pensó en moverse, en esquivar los disparos que iban a ser lanzados medio segundo después en su dirección, pero recordó la explosión y, simplemente, bajó la pistola y se dio la vuelta, en dirección a la puerta. Una veintena de armas apuntó directamente a su espalda, pero él no se inmutó y echó a andar.
El chasquido de varios gatillos sonó al tiempo.

Shadow VIII

Ya estááá, reescrito y colgadooo. Es un pelín dulce, pero es que me emocioné y me salió la vena sensible xD. Espero que os guste ^^


-Llegas tarde, Shadow-murmuró con su voz fría-. Otra vez.


Vladimir se despertó empapado en sudor frío, vestido únicamente con los pantalones de su pijama. Las sábanas se pegaban a su piel empapada, haciéndole sentir incómodo.
De un manotazo se las quitó de encima y se levantó, mirando la hora en su reloj de pulsera. Las tres de la mañana. Apenas llevaba dos horas dormido pero, aunque se sentía cansado, no tenía ganas de volver a dormirse.
Inintencionadamente se levantó sin hacer ruido, dirigiéndose al salón de la suite. Allí, tumbado en el sofá, dormía Ángel. La manta se le había deslizado ligeramente hacia abajo, dejando al descubierto su torso. Con mucho cuidado, Vladimir le recolocó la manta, poniéndosela a la altura del cuello.
-¿Adónde vas?-preguntó Ángel.
Shadow no se había dado cuenta de que estaba despierto, pero no se alteró.
-Deberías dormirte de nuevo-comentó Vladimir, abrochándose la camisa y cambiándose de pantalones.
-Esa no es una respuesta-replicó Ángel, levantándose.
-Voy a dar un paseo por la ciudad. Necesito despejarme-respondió.
-Ah, genial. Media ciudad buscándonos y la otra media que ya sabe dónde estamos y piensa en la forma de matarnos, y a ti se te ocurre salir a pasear. Y solo.
-¿Pretendes que te invite a acompañarme?
-¿Pretendes que pretenda que me invites a acompañarte?-replicó Ángel, sonriendo y cambiándose.
-Anda, imbécil, vente conmigo.
Ángel ya estaba a su lado y sujetaba una de las llaves en la mano. Abrió la puerta y salieron a la noche helada y negra. La luna estaba oculta, igual que las estrellas, que parecían haberse escondido. Tal vez presagiaban lo que iba a pasar en Nápoles.
Los dos caminaron juntos entre las calles en silencio. Vladimir no parecía tener ganas de hablar, y Ángel no quería molestarle.
-¿Por qué tanto silencio?-preguntó Shadow, mirándole repentinamente a los ojos.
-Creí que no querías hablar-respondió Ángel, desviando la mirada.
-¿Y para qué crees que te invité, entonces?
Ángel se calló, avergonzado.
-Pues... ¿Puedo hacerte una pregunta personal?-pidió Ángel. Vladimir asintió con la cabeza-. ¿Por qué te metiste en esto? Me refiero, por qué acabaste como asesino.
-Responde tú primero a esa pregunta.
Ángel se quedó pensando un segundo antes de responder:
-Supongo que estoy en esto para proteger a mi hermana. ¿Y tú?
-Algo parecido-contestó.
Ángel decidió no preguntar más al respecto y volvieron a quedarse en silencio.
-¿Sabes? Hay algo que quería decirte-comentó Shadow, volviendo a romper el hielo-. Si algún día muero...
-Tú no vas a morir-le interrumpió Ángel.
-No digas tonterías. En algún momento fallaré, y quiero que tú heredes mi nombre.
-¿Tu... nombre?
-Quiero que seas el nuevo Shadow-explicó.
El silencio volvió a congelarse, pero esta vez no era interrumpido por los pasos de ambos asesinos. Estaban quietos, mirando al frente, sin decir nada. Ángel le pasó un brazo a Shadow por la espalda y, viendo que no hacía nada por detenerle, le abrazó por completo. Shadow también le abrazó.
-¿Cuál es tu verdadero plan para devolver a Angie al poder?-preguntó Ángel, sollozando.
-Voy a meterme de lleno en la sede del Imperio-respondió, dándole unas palmaditas en la espalda.
-Quiero ir contigo-pidió Ángel, apartándose y mirándole a los ojos.
-No. Sospecharían de que tramamos algo. Tú tienes que seguir con el plan predeterminado-ordenó Shadow, volviendo a ser frío.
Ángel negó con la cabeza.
-Encontraré la forma de salvarte-murmuró.
-Si es necesario te ataré a la cama de un hotel de mala muerte y dejaré una nota en nuestra suite para que te encuentren-explicó, clavando sus ojos negros en los del joven.
-Tiene que haber alguna forma-susurró Ángel, secándose las lágrimas.
-Mataré a Gio, y a todos los que pueda-explicó Vladimir-. Trataré de seguir con vida, no lo dudes, pero muy probablemente acabaré muerto, y quiero que tú arrastres a tu hermana de nuevo al poder.
-Te seguiré.
-Moriremos los dos.
-O no morirá ninguno.
Vladimir sonrió dulcemente. Ángel no iba a ceder.
-Lo siento, Ángel-le susurró al oído.
Un segundo después, Ángel estaba inmovilizado entre los brazos de Shadow. No de la forma habitual. Vladimir le estaba abrazando.
-Por favor, Ángel-murmuró-. Hazme caso. Quiero que protejas a tu hermana. Si tú o ella resultáseis heridos, no me lo perdonaría.
-¿Por qué somos diferentes a otros clientes?
-Porque sois los primeros que me habéis tratado como persona y no como arma.

Siete días, siete minutos

Sí, sí, lo sé, esperábais "Shadow", pero se me borró el capítulo de hoy y, qué coño, no me apetecía reescribirlo porque me deprimía xD Mañana ya sigo, muchas gracias por la paciencia.

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.
Uno detrás de otro en incansable rutina, veinticuatro horas tras veinticuatro horas.
A veces desearía que el reloj se detuviese, pero solo lo deseo en muy contadas ocasiones.
Pasan siete días, pero solo cuentan siete minutos...
Los que tú pasas conmigo.

Shadow VII

Nivel de sadismo en decrecimiento, que ya había llegado a los límites de lo creíble xD Ahora un poco más de historia y un poco menos de sangre. Espero que os guste (si preferís el sadismo, avisad xD)


El avión aterrizó suavemente, disminuyendo la velocidad a la que se movía el paisaje al otro lado de la ventana hasta pararse. Angela sonreía involuntariamente de una forma muy dulce. Estaba feliz, porque volvía a estar “en casa”. En cuanto la luz que ordenaba mantener los cinturones atados se apagó se levantó de un salto y caminó rápidamente hacia la puerta, esperando a por la azafata como un cachorro queriendo salir al exterior. Por fin, la compuerta se abrió y salió a la pista de aterrizaje, donde les esperaba su propio coche con el chófer.
Lynx bajó detrás de ella, hablando animadamente con Ángel. Vladimir caminaba unos pasos por detrás, observando la periferia y estudiando las posibles vías de escape.
El conductor bajó del coche y se acercó a los almacenes del avión, donde se guardaban las maletas durante el viaje, y le pasó unos cuantos billetes al encargado de supervisar la descarga. Mientras escalaba por la rampa, Angie se sentó en el asiento del copiloto e invitó a sus compañeros a sentarse detrás.
-¿No llamará mucho la atención que llegemos así?-preguntó Lynx.
-No importa cómo lleguemos, descubrirán que estamos aquí de cualquier forma-explicó Shadow-. De modo que, ¿por qué ahorrar en comodidades?
Lynx se encogió de hombros, pero no dijo nada más.
-¿Y cuál es nuestro plan, Shadow?-preguntó Ángel, sentándose a su lado.
-Aún tengo algunos contactos que me son fieles, de modo que tengo que tantear el terreno y calcular daños-respondió Vladimir-. Sea quien sea el nuevo Emperador, ha subido con la fuerza y mediante una sucia artimaña. Seguro que los habrá que aún te son fieles, y otros que aún te temen.
-¿Y qué?
Shadow sonrió de una forma siniestra.
-Sabes que soy muy convincente cuando algo me interesa-replicó.


-¿Para qué quieres ese dinero?
-Eso no te incumbe.
-Deduzco que no lo quieres. Lo necesitas, ¿verdad, Shadow?
-Te repito que no te incumbe. Y"qué"diceelmuerto.
-¿Qué?


El callejón estaba completamente a oscuras, y Vladimir miraba al reloj cada pocos segundos, esperando. Por fin, otra silueta humana se desdibujó en el callejón, disimulada con una capucha y una sudadera amplia.
-Shadow, sabes que me estoy arriesgando mucho viniendo aquí a hablar contigo, ¿no?
-Te arriesgarías más no viniendo-repuso Vladimir-. Cuéntame que ha pasado.
-Después de la huida de la Emperatriz, el personal de seguridad se enfrentó a los revolucionarios, pero... Todos murieron. Algunas mafias se separaron de nuevo de la NeoUnidad, y Gio intentó tomar el poder. Hubo varias reyertas, y al final el poder está dividido.
-¿Cuántas mafias se han separado?
-Siete-contestó el informador-. Solo las más grandes, que no corrían demasiado riesgo al separarse. Pero se mantendrán neutrales en caso de que te enfrentes a ellos. No os tienen tanto miedo como para unirse, pero tampoco el suficiente para enfrentarse a vosotros.
-¿Estás seguro?
-Algunos puede que decidan ayudaros, pero no son gente de palabra. No deberías fiarte de que te apoyen. Pero puede que algunas bandas menores sí que colaboren. El régimen que se ha instaurado con el poder dividido es muy duro, hay muchos impuestos injustos, negocios que no todos consideran buenos para la NeoUnidad...
-Humm...-murmuró Vladimir-.Muchas gracias. Ahora deberías deberías desaparecer un par de días. Como alguien se entere de que has ayudado a la Emperatriz, estarás muerto. Toma el dinero, y vete a Rusia o a Francia. Te avisaré cuando todo vuelva a ser como siempre.
-Muchas gracias-respondió-. Y, esto... Shadow... Suerte con esto. No sé si ganarás, pero creo que es el lado correcto.
El hombre desapareció entre las sombras, igual que hizo Vladimir. Sus pasos no se diferenciaban del ruido nocturno de Nápoles, como ya era costumbre. Giró varias veces, se introdujo en muchas callejuelas secundarias, apenas iluminadas por farolas, muchas veces rotas.
Angie, Ángel y Lynx esperaban en un pequeño hotel cercano, y cuando abrió la puerta estaban esperando, apuntando a la puerta.
-Buenas noticias-saludó.
-¿Cuándo empezamos a matar gente?-preguntó Angela, sonriendo.
-Pronto, pequeña, pronto-replicó Vladimir, sonriendo-. Tengo que explicároslo todo.

Shadow VI

NO LEER, en serio. El final me resulta un pelín bestia a mí, no quiero pensar qué os parecerá a vosotros. El blog de Carlos no se hace responsable de posibles infartos o vómitos y blablabla... Terminadas las tonterías, disfrutad ^-^

Lynx agarró su pistola con fuerza, y contó en voz baja hasta tres. Después hizo saltar de un tiro los cristales del ventanal. Cinco guardias aparecieron un segundo después.
Con una sonrisa glacial apuntó y disparó cinco veces, cada bala en un ojo izquierdo, haciendo que los líquidos internos y los sesos cayeran por el suelo, desparramados. Levantó su pistola en el aire y la sopló, imitando el gesto de las películas.
-¡Cinco de cinco!-exclamó Ángel aplaudiendo.
-Oh, venga, no me seas adulador-replicó Miriam, sonrojándose-. Seguro que tú también podrías hacerlo.
-¿Puedo probar con los siguientes?-pidió Ángel, dirigiéndose a Vladimir.
-A mí no me mires. Aquí es Lynx la que elige-respondió él-. Aunque te advierto de que si la cagas te matará.
Ángel dirigió su mirada de cachorrito a Miriam y sonrió amablemente.
-Claro que sí. Venga, tardarán poco en llegar por ahí-aceptó, señalando a una escalera.
Ángel apretó la pistola dorada entre sus manos y la puso a la altura de sus ojos, preparándose para disparar. El primer hombre asomó por la esquina y disparó a su ojo derecho, haciéndole caer con la cara empapada en sangre. Otros dos hombres entraron al tiempo y, tratando de imitar la velocidad de Lynx, disparó dos veces. Sin ebargo, sus tiros se desviaron ligeramente y, en vez de en sus ojos, las balas impactaron en sus pechos, haciendo salir borbotones de sangre ardiente.
-Humm... Bueno, están muertos, y supongo que eso es lo que cuenta-comentó Miriam acercándose a los cuerpos y comprobando los agujeros de bala con su dedo índice.
-Con los próximos lo haré mejor-repuso Ángel, volviendo a levantar la pistola.
-No, no, no-negó Miriam, bajándole la pistola con la mano-. Ahora le toca a Shadow. ¿Le habéis visto matar alguna vez?
Angela negó con la cabeza, igual que Ángel, que parecía un poco desilusionado.
-En ese caso, adelante. Subamos las escaleras, tienen que estar al otro lado de la puerta que hay al fondo del pasillo-explicó Lynx, invitando a Vladimir a pasar.
Shadow asintió con la cabeza y ascendió por los escalones de mármol tranquilamente. Una vez arriba, ni se dignó a mirar al fondo del pasillo, solamente levantó el brazo y disparó una vez a la puerta.
-Despejado-fue lo único que comentó, echando a andar hacia la habitación.
Ángel miraba fijamente a los ojos de Angela, que parecía igual de sorprendida que él, al contrario que Miriam, que abrió la puerta de una patada. Al otro lado había dos mujeres tumbadas sobre el suelo, con las gargantas atravesadas por la misma bala y ahogándose con su propia sangre. Sus ojos, vidriosos, miraban fijamente a los cuatro jóvenes que acababan de entrar.
Ángela se acercó a ellas y, con su pistola, apuntó a sus bocas, disparando primero a una y luego a la otra. Sus dientes, en lugar de salir volando, se fragmentaron y cayeron al fondo de sus bocas, clavándose en las amígdalas.
-¿Por qué haces eso?-preguntó Lynx, agachándose al lado de las jóvenes para contemplar de cerca las manchas de sangre, que parecían hacer un dibujo sobre las camisas blancas de las chicas.
-Cogí la costumbre cuando trabajaba de espía, cuando tenía que deshacerme de un informador traidor. Era mi forma de advertir a los que pretendiesen seguir su ejemplo-explicó-. Y luego le cogí cariño.
Lynx asintió lentamente cn la cabeza y echó a andar en dirección a la habitación del pánico, disimulada en una pared. Introdujo un código en el teclado y, automáticamente, la puerta de acero blindada se abrió.
Dentro, agarrando una pistola entre temblequeos, estaba un hombre de unos cuarenta años, de pelo rubio y ojos azul eléctrico. Miriam sonrió, satisfecha.
-Hola, Pablo-saludó con frialdad-. ¿No te parece de muy mala educación darme esquinazo durante tanto tiempo?
El hombre respondió disparando, pero sus manos temblaban tanto que la bala impactó en la pared metálica, abollándose. Miriam agarró su propia pistola y disparó, haciendo que el cañón de la pistola que agarraba el tipo se destrozase, inutilizándola. Luego, ella soltó la suya, tirándola al suelo.
-Y ahora que estamos en igualdad de condiciones, vamos a divertirnos-susurró Lynx, sonriendo malévolamente.
Dio un paso hacia adelante y él retrocedió, pegándose a la pared. Miriam atravesó la sala rápidamente, y le agarró el brazo con la mano izquierda, levantándole en volandas. Luego apretó con fuerza, y el joven gritó de dolor. Después, con la otra mano, retorció su hombro y sonó un grimoso “crack”, haciendo que la habitación se quedara en un silencio completo, solo rasgado por el grito de dolor de Pablo. Sujetó su otro brazo, manteniéndolo estirado y, con un golpe de su puño, le rompió el codo, haciendo que su cúbito atravesara la piel y saliera al exterior, disimulándose con la blanquecina piel del joven. Agarró el hueso y, con rapidez, lo extrajo casi por completo y lo partió a la mitad, creando un cuchillo improvisado. El tipo trató de resistirse con el brazo dislocado, pero ella le dio un codazo en la garganta y se quedó sin fuerzas, sin llegar a ahogarse pero cayendo al suelo, haciendo esfuerzos por respirar. Ella le sacó el zapato con cuidado y, agarrando su pie en una mano y el hueso roto en la otra, realizó un corte rápido en el tendón de Tablas. Luego, poniéndose de pie, apoyó su pie sobre su tobillo, rompiéndoselo. El hombre lloraba, emitiendo gritos ahogados de dolor y cerrando los ojos con fuerza, deseando caer muerto o despertar de aquella pesadilla.
Sosteniendo el hueso con fuerza y sujetando su cabeza para que no se moviera, practicó un corte limpio que atravesaba ambas mejillas hasta casi las orejas, dejando la mandíbula ligeramente colgante. Con un gesto rápido, la agarró y tiró de ella hacia abajo, arrancándosela de cuajo y llenándose los guantes negros de más sangre. El pobre hombre gritó y otras dos lágrimas corrieron por su rostro.
-Venga, venga, no llores, shhh, ya no queda mucho...-susurró Lynx dulcemente pero sin abandonar su sonrisa malévola.
Cerrando el puño con fuerza alrededor del hueso, lo colocó en la base de su paladar, lo apartó unos centímetros y, de golpe, se lo clavó hasta la base, manchando su mano de sangre reciente y fluidos cerebrales.
-Bien, ya podemos volver a Italia-comentó Lynx, levantándose y sonriendo alegremente.
-¿Era necesaria la tortura?-preguntó Vladimir.
-No, ¿pero así no te parece mucho más divertido?

Shadow V

Este capítulo es un pelín poco bestia xD Pero es que he decidido dejaros una actualización de relax antes del siguiente, en el que me voy a recrear en detalles xD Por cierto, he metido a Misha en esto porque es tan sádica como yo y sabía que le haría ilusión

-¿Adónde vamos?-exigió saber Angela cruzándose de brazos-. Te advierto que no pienso huir por culpa de un imbécil que trata de usurpar mi puesto.
-No estamos huyendo, sino buscando ayuda para protegeros...
-De la mafia italiana, ya, ya...-interrumpió Ángel.
-De ellos puedo protegeros solo, lo que no sé es si podré aguantaros mucho más tiempo-replicó Vladimir poniendo los ojos en blanco-. Y vamos a España.
-¿A España? Nunca he oído hablar sobre ningún asesino importante que viva allí-comentó Angie tratando de recordar todos los asesinos que había conocido.
-Eso es porque solo la conocen aquellos que ella quiere que la conozcan-replicó Vladimir, atravesando las puertas del aeropuerto.
-¿Y cómo la encontraremos?-preguntó Ángel, siguiéndole.
-No lo haremos. Nos encontrará ella.

-¿Quién eres tú, pequeña?
-Miriam.
-Miriam, ¿eh? Yo soy Shadow. No deberías estar aquí. Podría pasarte algo malo, ¿sabes?
-¿No has pensado que quizás quiero hacer algo malo?


Nada más salir del aeropuerto arrastrando las maletas, una joven de apenas veinte años, pelo castaño largo y ojos marrones se les acercó con pasos largos.
-Buenas, Shadow-saludó ella sonriendo y dándole dos besos.
-Hola, Lynx-respondió él, apartándose un poco-. Estos son...
-La Emperatriz y su “Ángel”-interrumpió ella, dándoles la mano-, he oído hablar de ellos. Encantada, me llamo Miriam.
Angela la examinó de arriba a abajo, fijándose en las All-Stars negras desgastadas, la falda y el chaleco a medio abrochar negros y la camisa blanca. Sobre su cabeza, al igual que Vladimir, llevaba un sombrero negro, que ella había adornado con una cinta rosa.
-¿Y ella es la asesina a la que buscábamos?-preguntó dirigiéndose a Vladimir, escéptica.
Antes de que terminase la frase, ella apareció detrás de Ángel, retorciéndole el brazo y haciendo que un gesto de dolor se reflejase en su rostro. Aflojó enseguida la presión y dejó que se masajease el hombro dolorido.
-Siento haberte usado de ejemplo, pero no soporto que me traten como a una cría-se disculpó.
-No sé por qué, pero me recuerdas a alguien-replicó Ángel sonriendo-. Por cierto, me tienes que enseñar a hacer eso. Vladimir no ha querido enseñarme.
-Ah, es muy fácil. Verás, causas una distracción con un gesto de la mano izquierda y, durante ese segundo, avanzas un paso y tiras de su brazo así...
Otra vez volvía a estar detrás de Ángel, agarrándole el brazo.
-¡Wow! Tengo que aprender a hacerlo-exclamó Ángel sonriendo.
-Bien, aclarado el punto de que puedo ayudaros, aclaremos el punto de que podéis ayudarme-dijo Miriam, poniéndose seria.
-Por supuesto-afirmó Vladimir, también serio-. ¿Qué necesitas?
-Cierto imbécil por quien pagan una fortuna-explicó sonriendo-. El muy idiota se ha escondido y soy incapaz de localizarle.
-Encontrar gente se me da bien-comentó Angela-. Necesito que me digas su nombre, yo moveré mis hilos.
Lynx sonrió.
-Se llama Pablo Tablas, pero no creo que lo encuentres. Es muy rico y tiene muchos contactos.
Angela descolgó su teléfono y se apartó unos cuantos metros.
-¿Y qué tal te va la vida, Shadow? ¿Sigues igual de serio?-preguntó sonriendo.
-No, se le ha quitado-interrumpió Ángel sonriendo-. Últimamente le he visto sonreír tres veces por lo menos.
-¿Tres? Vaya, sorprendente, cono lo frío que es...
-Recordáis que estoy aquí, ¿verdad?-retorizó Vladimir, poniendo los ojos en blanco y sonriendo.
-¿Ves? Otra vez-comentó Ángel, riéndose los dos a la vez.
-¿Estará enamorado?-bromeó Miriam, riéndose más fuerte, mientras un ligero rubor asomaba en las mejillas de Vladimir.
-Bucabas a Pablo Tablas, ¿cierto?-preguntó Angela, dándole una hoja con una dirección.
-¿Cómo lo has hecho?-preguntó, leyendo el nombre de la calle.
-Yo también tengo mis trucos.

Shadow IV

La parte cuatroo ^-^ Tened un poco de paciencia, pronto os presentaré a alguien que me encanta xD Por cierto, el final puede resultar un poco... Ehms... Sádico. Si tienes sensibilidad mental, recomiendo no leerlo y C.C.S. SA. no se hace responsable de los daños colaterales xD

Por el rabillo del ojo, Angela observó la pistola que apuntaba directamente a su sien y que evitaba que hiciera uso de la suya para matar a aquel tipo cuya voz le resultaba tan familiar.
-Supongo que no me recuerdas, ¿verdad, Angie?-preguntó él, emitiendo una risa que más parecía un chirrido-. Date la vuelta.
Con lentitud, Angela obedeció y achicó los ojos tratando de distinguir la figura del hombre que la amenazaba, hundida en las sombras. Notando las dificultades que tenía la joven para reconocer su rostro, se movió ligeramente hacia la parte iluminada del callejón, dejando que la luz de la luna se posara sobre sus facciones.
Ante sí tenía a un hombre de treinta y tantos años, de pelo oscuro y ojos brillantes. Parecía que llevaba gafas, pero al notar que le faltaba parte del tabique y que carecía de orejas, se fijó más, distinguiendo las cicatrices en la piel que rodeaban sus ojos y ascendían hacia su sien y que causaban aquella primera impresión. Tenía el rostro enjuto y pálido, y unos labios finos y cortados por el frío, torcidos en una grotesca sonrisa malévola que mostraba sus dientes pequeños y afilados.
-Vamos, ¿en serio no me reconoces?-preguntó, produciendo otra vez su insoportable risa de hiena-. Hace mucho tiempo que no nos vemos, y por aquel entonces aún conservaba mi nariz y mis orejas. Intenta recordar, ¿te parece?
Angela se estrujaba los sesos tratando de recordar a quién le recordaba aquel hombre que la apuntaba con aquella pistola dorada.
Dorada, dorada...
Aquel detalle despertó sus recuerdos, asociando directamente aquel rostro horrible y demacrado a un nombre.
-Dimitri...-susurró entre dientes, conteniendo un escalofrío de miedo que ascendía por su espalda.
El hombre ensanchó su sonrisa y asintió con la cabeza.
-Exacto, Angie querida, soy Dimitri. El verdadero mejor asesino del mundo, como pronto todos sabrán-masculló apretando con fuerza la pistola.
Un segundo antes de que tuviera ocasión de apretar el gatillo, alguien a pocos metros de distancia apretó el suyo, haciendo que su bala impactase sobre el dedo índice del asesino y arrancándole un grito de dolor de lo más hondo de su ser.
La pistola dorada rodó por el suelo y Angela la alejó de una patada, apuntando ella también al engrendro sangrante en el que se había convertido Dimitri, que se acurrucaba en el suelo hecho un ovillo apretándose el dedo. Vladimir se colocó al lado de Angela en dos pasos, seguido de otra sombra de ojos blancos y pelo marrón que agarró la pistola dorada con la mano en la que llevaba un guante negro.
-¡Monstruo!-gritó Dimitri al reconocer a Shadow-. ¡Me has mutilado!
-Oh, no es tan horrible. Al fin y al cabo, ya lo hice antes, ¿no es cierto?-replicó Vladimir sin dejar de apuntarle.
La cara del asesino pretendía mostrar odio, pero el dolor que le causaba el hecho de que le faltaba un dedo y que el muñón sangraba abundantemente solo permitía que se le frunciera el ceño ligeramente.
En cierto momento en el que pareció recobrar su aplomo, se le escapó su risa de hiena, mientras les señalaba con la mano destrozada.
-Parecéis un chiste-gritó, riéndose solo-. ¿Hasta dónde pueden llegar un ex-cappo, su mano derecha y un asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana?
Vladimir se acercó lentamente y se agachó a su lado, sonriendo también.
-A ningún sitio-respondió-. Pero nosotros somos una ex-cappo, su mano derecha y el mejor asesino a sueldo perseguidos por la mafia italiana, y así podemos llegar a cualquier lugar.
Dimitri trató de escupirle a la cara, pero su saliva no tuvo duerza suficiente y cayó sobre su ojo derecho.
-¿Para quién trabajas esta vez, Dimitri?-preguntó Angela, acercándose.
-Que te follen, mocosa estú...
La bala atravesó su hombro izquierdo, produciendo una sonora fractura y el desgarro de la piel y el músculo y arrancándole otro grito sobrecogedor. El suelo se volvía cada vez más y más rojo.
-Repetiré la pregunta. ¿Para quién trabajas?
Dimitri no fue capaz de contestar, solo gimoteó y rodó dobre sí mismo, tratando de esquivar al dolor que tenía pegado a su cuerpo. Angela volvió a disparar, esta vez a su rodilla, y un trozo de la rótula salió despedido con el impacto. Dimitri gritó otra vez, deseando entrar en shock y desmayarse.
-Dos oportunidades más, Dimitri. ¿Para quién trabajas?
La masa sanguinolenta apretó los labios y cerró los ojos, preparándose para el impacto de la nueva bala, que atravesó su codo derecho.
Sabiendo que no respondería, Angela apuntó directamente a su boca deforme y manchada de sangre y, deleitándose un segundo con su sufrimiento, apretó el gatillo, haciendo que los dientes saltasen por lo aires entre las gotas de sangre. El cuerpo se retorció un poco más y, de pronto, se quedó paralizado.

Shadow III

Adoro a Ángel, adoro a Angela, adoro a Vladimir y a alguien más que conoceréis pronto xD ¿Me puedo enamorar de un producto de mi imaginación? xP

Vladimir caminaba incómodo entre la gente, sintiendo cómo su revolver se apretaba contra su cadera, dejando marcado el grabado de su culata en forma de serpiente sobre su piel. Hacía demasiados años que no sacaba el esmoquin del armario, y el tiempo se había encargado de fosilizarlo.
-Ángel, acércate un poco más a mí-indicó Ángela mirándole un momento.
Acelerando el paso, Vladimir se recolocó las lentillas y las extensiones marrones disimuladamente.
Angela llevaba un vestido rojo pasión ajustado, de escote palabra de honor que realzaba sus formas perfectas y combinaba con sus bailarinas, también rojas.
Aparte de un pequeño lunar sobre el labio pintado con lápiz de ojos, no llevaba maquillaje, y como único complemento llevaba un chal de gasa que ondeaba alrededor de sus brazos con sensualidad.
Su pelo, castaño como el de su hermano, estaba peinado hacia atrás y caía en cascada sobre sus hombros desnudos, haciendo ligeras ondas a la altura de sus orejas.
Aunque en un principio ella no debía saber nada, Ángel insistió en que se enteraría de cualquier forma, así que lo mejor era informarla y que colaborase. Y ella había aceptado.
Como Vladimir confirmó, había rumores de que iban a intentar traicionar a Angela en aquella fiesta, pero nadie sabía exactamente quién lo estaba organizando, y eso le preocupaba, porque quería decir que quien estaba detrás de todo aquello era alguien muy bueno.
Con un gesto elegante, retiró la silla de Angela y la invitó a sentarse, arrimando luego la silla a la mesa y quedándose detrás de ella, de pie, como hacían todos los brazos derechos. Las botellas de champagne fueron descorchadas y cada copa fue servida, preparadas para el brindis. Angela se levantó con la suya en la mano, a la altura del pecho, y carraspeó dulcemente para acallar los murmullos que habían comenzado a surgir.
-Como ya sabéis, estamos aquí para celebrar que ahora mismo, todos juntos, somos los...
Su discurso fue interrumpido al caer al suelo, arrastrada por Vladimir. El vaso de cristal se redujo a pedazos antes de caer, atravesado por una bala. El personal de seguridad de Angela se agachó también, protegidos por la mesa, y Vladimir sacó su revólver, sujetándolo casi con cariño. Agarrando a Angela con la mano derecha, se levantó de un salto y comenzó a correr hacia la salida al callejón, disimulada en la pared, disparando a aquellos que notaban su movimiento y trataban de apuntarles.
La Emperatriz trataba de correr detrás de él, pero Vladimir la arrastraba casi en volandas por los adoquines de Nápoles, caminando hacia los suburbios. A pesar del peso que cargaba, los pasos de Vladimir apenas se distinguían del resto de ruidos nocturnos, mientras que los pocos que daba Angela resonaban claramente.
Cuando Shadow notó que la pobre chica empezaba a estar cansada, a pesar de que trataba de aparentar fortaleza, entró en uno de los callejones poco iluminados y le indicó que se sentase en uno de los cajones de madera que había al fondo, mientras él seguía apuntando con su pistola a la parte del cielo estrellado que la boca del callejón dejaba ver. En cuanto estuvieron quietos notó que el olor a sangre flotaba en el callejón y se giró a contemplar a Angela.
En su brazo derecho tenía una herida, pero parecía superficial y solo sangraba ligeramente, tiñendo el chal de gasa de un tono más oscuro del que debería. Sin embargo, parecía que no se daba cuenta, manteniendo su imagen de estatua de hielo.
-Véndate la herida con el chal-susurró Vladimir.
Tratando de mantenerse silenciosa, aceptando que en aquella situación lo mejor que podía hacer era obedecer sin plantear quejas, se quitó el chal y se lo ató alrededor del brazo con fuerza, tratando de cortar la hemorragia.
Unos pasos muy bien disimulados llegaron a los oídos de Vladimir, que se puso alerta al instante y adoptó una postura felina, mezclándose con las sombras. Luego, acordándose de Angela, la cogió suavemente y la pegó a la pared, teniendo cuidado de que quedase lo más oculta posible.
-Coge tu pistola y dispara a cualquiera al que oigas llegar, ¿de acuerdo?-le susurró.
-¿Y si eres tú?-preguntó ella, dejando entrever su preocupación.
-Si fuera yo, no me oirías llegar-respondió Vladimir exhibiendo su sonrisa.
Sus voz se desvaneció al mismo tiempo que se mezclaba entre las sombras. Ella contuvo la respiración mientras los pasos del desonocido se acercaban, y agudizó el oído tratando de distinguir algún tipo de sonido de pelea, gritos, o algún tiro, pero no oyó nada.
Y aquel silencio, en lugar de calmar su ansiedad, solo conseguía ponerla más nerviosa, y a cada segundo su máscara sin sentimientos se derretía.
-No des un solo tiro-murmuró una voz parecida a un cuchillo de acero clavándose en su oído-, o te mato.

Shadow II

En el momento en el que la historia pierda interés, decídmelo y la corto en dos segundos y vuelvo a mis actualizaciones extrañas e inexplicablemente trágicas xD

Poco tiempo después saldrían dos o tres chicos más a comprobar por qué el nuevo miembro no había transmitido la situación mediante el walkie-talkie, de modo que lo arrastró hacia una verja y lo tapó con las hojas caídas y después, de un salto, se encaramó a un árbol, agarrando con suavidad su viejo revólver en la diestra y la vieja daga que había adquirido en un viaje a Arabia en la siniestra.
Tal y como esperaba, quince minutos después un grupo de hombres salió del edificio agarrando sus fusiles de largo alcance, pero no eran dos o tres, sino seis.
-Parece que alguien está nervioso por aquí-susurró para sí, sonriéndose.
Apuntó con la pistola a la cabeza de uno de ellos y, antes de que se dieran cuenta de que los sesos de su compañero eran lo que manchaba sus trajes, otros dos cayeron muertos. Los tres pobres diablos que aún estaban en pie respondieron disparando al azar hacia las alturas.
-Ilusos...-masculló, saltando del árbol y mezclándose entre las sombras.
Nunca se había manchado de sangre, ni con la suya ni con la de sus víctimas, y aquellos pobres inexpertos no conseguirían rozarle con sus balas. Fallarían, como habían fallado otros tantos mejores que ellos.
Con pasos rápidos y silenciosos, rodeó al grupo entre las sombras y asaltó al primero que encontró a su pasó con su cuchillo, destrozando su garganta y convirtiendo un grito de terror en un gorgoteo de sangre caliente. Su compañero se dio cuenta demasiado tarde y la daga atravesó su costado izquierdo, introduciéndose en su corazón en apenas un segundo. Después volvió a sumirse en las sombras y se colocó detrás del árbol, contando.
Treintaicinco.
Treintaiséis.
Treintaisiete.
Treintaiocho.
Trentainueve.
Cuarenta.
Con pasos relajados salió de detrás del tronco y clavó sus ojos negros en los del hombre que le apuntaba con el rifle, que de pronto parecía horriblemente asustado. Apretó el gatillo con todas sus fuerzas, pero ninguna bala salió, como Vladimir sabía. El joven soltó su arma y retrocedió un par de pasos, señalándole con la mano.
-Sei... Sei un fantasma!-gritó antes de dar media vuelta y correr de vuelta a la base.
Vladimir sonrió para sí, halagado, y giró tranquilamente sobre sus talones.


-¿Y tú, Vladimir? ¿Qué quieres ser tú de mayor?
-¿Qué quiero ser...? Pues... No sé.
-Hombre, tendrás que saberlo. De algo tendrás que vivir, ¿no?
-¿Y si no quiero vivir?



-Si, buenos días, quería comprobar el saldo de mi cuenta bancaria-dijo Vladimir.
-De acuerdo, veamos... Ha recibido un ingreso de seiscientos mil euros-respondió la banquera, con un mal disimulado tono de sorpresa en la voz-. ¿Hay algún error?
-No, qué va. Pero quiero que transfiera cien mil de esos euros a esta cuenta, ¿de acuerdo?-pidió, pasándole un papel con un número de cuenta bancaria apuntado y dirigiéndole una de sus sonrisas glaciales-. Gracias.
Su traje negro contrastaba contra el blanco brillante del exterior mientras cruzaba la puerta.
Vladimir se colocó las grandes gafas de sol negras sobre los ojos y miró a su alrededor, buscando tiradores, más por costumbre que por miedo. No vio a nadie en las azoteas, ni sintió el ligerísimo calor del punto rojo en su nuca, pero sí se dio cuenta de que había alguien observándole.
Empezó a caminar fingiendo no haberlo notado y, un par de manzanas mas abajo, se metió en un callejón y esperó a que el joven entrase para asaltarle y pegarlo a la pared con las manos agarradas a la espalda.
-Vale, vale, me rindo... otra vez-masculló el chico.
Vladimir le retorció un poco más el brazo y le soltó enseguida.
-Nunca más vuelvas a seguirme, ¿entendido?-ordenó con un tono que habría podido congelar una hoguera.
-Sabes que volveré a hacerlo, es parte de mi encanto-replicó el otro, sonriendo.
A pesar de su aspecto infantil, sus ojos blanquecinos parecían los de alguien con mucha experiencia. Era un chico agraciado, con largos cabellos castaños muy lisos, unos labios finos y una piel bronceada protegiendo un cuerpo bien trabajado durante años.
-¿Cómo lo haces para pillarme siempre?-preguntó masajeándose el brazo.
-No te sientas mal, he descubierto a asesinos mejores que tú-respondió saliendo del callejón, dando por zanjada la conversación.
-¿No me preguntas que cómo estoy y esas cosas?
-¿En serio crees que me importa?
-Soy la mano derecha de tu jefa, deberías...
Vladimir le agarró por la chaqueta y volvió a pegarle al muro, levantándole en volandas.
-Como diría tu hermana, “yo no tengo jefes, cielo”-le interrumpió.
Luego le dejó caer al suelo y siguió andando.
-A veces eres un borde, ¿lo sabías?
-¿Solo a veces?-preguntó mientras sonreía.
-Cielos, parece que es verdad que últimamente sonríes mucho. ¿Te estarás volviendo blando con los años?
-Solo tengo veintisiete, Ángel-replicó-. ¿Tan viejo se me ve?
-Humm... Hombre, sin el sombrero y la gabardina, no tanto.
-Hum... ¿Gracias? Querías que te preguntara qué tal estás, ¿no?
-Pues sí, y te diré que estoy genial. A este paso, dentro de poco empezaremos a “trabajar” en Francia-respondió alegremente.
-Me alegro por vosotros.
-No seas modesto, tu trabajo de ayer ha conseguido que los pocos que no colaboraban con nosotros piensen que tenemos un “fantasma” entre nosotros-rió Ángel.
-Sin embargo, supongo que si estás aquí no es por el placer de mi conversación. ¿Me equivoco?
-Desgraciadamente, tienes razón. Tengo un nuevo trabajo, y no es precisamente fácil...

Shadow

Este era un proyecto que pensaba presentar a un concurso de literatura, pero estoy seguro de que me quedará muy largo y he decidido que mejor lo cuelgo en mi blog, que aquí todas me queréis más y creéis que escribo bien. Así que, decidme, ¿la continúo?

El aire estaba viciado por el olor a tabaco, colonia barata y alcohol, y las paredes, en su día blancas, se habían amarilleado con el tiempo, como la barra de madera, comida por las termitas y semipodrida por la humedad.
Los tipos que había allí dentro parecían parte del ambiente, vestidos con trajes de segunda o tercera mano y abrigos raídos por el tiempo y llenos de remiendos. Él era el único que llevaba sombrero, a pesar de que hacía años que parecían haber sido olvidados en los armarios de toda Italia, y la gabardina beis de Armani dejaba claro que él no debía estar allí.
Se sentó al fondo de la barra y agarró la jarra de cerveza rancia y carente de burbujas que el camarero le ofrecía, probablemente porque era la única bebida que ofrecía desde hacía años. Mientras esperaba le dio un trago y, como sospechaba, aquella bebida encajaba a la perfección en aquel sitio, con el mismo olor a podrido y un asqueroso sabor a orín.
Ella llegó cinco minutos después, envuelta en su chaleco de bisón y bañada en Channel nº 4. Montada sobre sus tacones plateados, caminó entre las miradas lascivas hacia él y se sentó a su lado, rechazando la cerveza con un gesto.
-¿Sigues usando sombrero, Vladimir?-preguntó sonriéndole amablemente-. Hace años que nadie los usa, aunque es una lástima. Son un complemento tan... No sé, me recuerdan a Casablanca, o El Padrino. Buenos tiempos, aquellos...
-En aquella época ni siquiera eras un proyecto en la mente de tus padres, ¿sabías?-la sonrisa se le borró en el acto. No soportaba que la gente la tratase como una cría-. ¿Por qué me has citado aquí? Llamas tanto la atención como un extraterrestre en la cola del paro.
-¿No pretenderás que nos reunamos en un restaurante de caviar y langosta? Hay oídos en todas partes, cielo-replicó recuperando su sonrisa-. ¿No me preguntas cómo estoy?
-Los tres guardaespaldas de ahí fuera se encargan de que lo estés, ¿no?-respondió Vladimir friamente, clavando su mirada en el fondo de su vaso-. ¿Cuál es el encargo esta vez?
-Bueno, si tanto insistes, te diré que estoy muy bien, los negocios me van de maravilla, excepto por un pequeño problemilla, ¿sabes?
Frunció el ceño e hizo pucheros, dándole un aspecto encantador de niña pequeña.
-Para solucionar esos pequeños problemillas estoy yo, ¿no es así?-comentó Vladimir dedicándole una sonrisa.
-¡Has sonreído! ¡Quién lo hubiera imaginado!-exclamó Angela aplaudiendo forzadamente-. Gracias por ofrecerte a ayudarme. Verás, hay unos pocos chicos malos...
-¿Cuántos son unos pocos?
-Ah, nada importante, treinta, cuarenta... Pero no te preocupes, no será un problema para ti-añadió quitándole importancia-. Al fin y al cabo, ¿no eres Vladimir “Shadow”?
Su sonrisa se transformó en un gesto de seriedad y clavó sus ojos grises en los de él, analizándolos en busca de algún atisbo de duda o de debilidad.
-¿Me deshago de todos o solo quieres que sea un pequeño escarmiento?-respondió él, aguantándole la mirada.
-Solo un escarmiento. Mira que no querer colaborar conmigo... En fin, espero no tener que volver a recurrir a ti en mucho tiempo, así que no sé cuándo volveremos a vernos.
Con un grácil salto se bajó de la silla, le dio dos besos y, moviendo sus caderas al son de sus pasos, salió del local dejando tras de sí un aura de limpieza que resultaba irónica para todo aquel que conociese bien a la Emperatriz.
Después de tragarse el resto de la cerveza de un trago salió del local al tiempo que su PDA le informaba de un mensaje, tal y como esperaba.
Fotos de los miembros, horarios de guardias, puntos flacos, localización de la sede... Los espías de la joven “dueña” de Italia eran los mejores del mundo, y se les pagaba como tales.

El cigarrillo se terminó de consumir y, con un rápido gesto, lo lanzó al suelo y lo aplastó, convirtiéndose en parte del entorno de colillas que le rodeaban. Según su reloj, el turno de guardia cambiaría un par de minutos después, y no había ni un segundo que perder.
Sigilosamente se deslizó entre los arbustos y se preparó para saltar sobre el joven que acababa de salir del edificio. Durante un segundo sintió lástima por el pobre chico de veinte años, pero, como siempre, no dudó al lanzarse sobre él y romperle el cuello con precisión y rapidez.

A medio paso

Sigo aquí, contemplándote.
Estás tan cerca. A tan solo medio paso.
Y, sin embargo, por mucho que grite no eres capaz de oírme, no importa cuán alto lo haga, no importa cuán claramente pronuncie.
¿No me oyes, o no quieres oírme?
Tal vez influya que estés a medio paso (de gigante).

Él no volvería

El humo de su cigarro flotaba en el aire, condensándose en pequeñas nubes que primero ascendían hacia las nubes para luego caer lentamente por el acantilado.
El sol se ocultaba por el horizonte, hundiéndose en el mar azul.
Le había jurado que no lloraría, y compliría su juramento. Pero seguía yendo allí, como cada atardecer, para esperarle.
Sabía que él no volvería a aplastar sus castillos de arena, pero antes de caer había olvidado devolverle su corazón...

Cayendo

Ella le agarraba de la mano mientras la fuerza de la gravedad tiraba de él hacia abajo, atrayéndole hacia las olas oscuras manchadas de espuma blanca.
Dos grandes lágrimas corrían por sus mejillas para luego caer y mezclarse con el mar.
Él sonrió como ella nunca le había visto sonreir.
-Eh, no llores. Hay demasiadas lágrimas tuyas en este mar por mi culpa. Y quiero que sepas una cosa...
A ella se le escapó una sonrisa y las manos de él se resbalaron entre las suyas, cayendo al vacío.
-¡¡¡Siempre he guardado los trozos de tu corazón que escondías en los castillos de arena!!!

Demasiado rápido (y demasiado mal)

¿Cómo sabes la primera vez que lo que sientes es amor?
Cuando uno no sabe de sentimientos, esa pregunta no parece importante hasta que lo parece.
Nunca había tenido nadie, todos le habían traicionado, y los que no lo hicieron fueron los traicionados. Cuando te crías entre tiburones acabas volviéndote uno de ellos.
Sin embargo con ella era diferente.
Ella no se rendía.
No importaba cuánto luchase por alejarla, destrozando sus sueños e ilusiones, poniéndole la zancadilla cuando ya había caído, ella siempre volvía la mañana siguiente con fuerzas renovadas y otro castillo de arena nuevo.
Y él no sabía cómo reaccionar.
Aprendió a querer demasiado rápido (y demasiado mal).

Castillos de arena

Y como cada mañana, ella reconstruía su castillo de arena y dejaba que él lo destruyera.
Dejaba que aplastase cada una de sus ilusiones, que servían de agua para endurecer la arena, dejaba que lo pisase todo una y otra vez, con saña, con sadismo, con rabia.
Le dejaba reducir a la mínima esencia su esfuerzo, y cada día volvía a reconstruirlo, con incansable paciencia, sudando el poco orgullo que aún le quedaba, mezclando sus lágrimas con la salada agua marina.
Y como cada maña, ella introducía un gran pedazo de su corazón en el centro del castillo de arena, a modo de rey, para que él lo aplastara con la arena que lo envolvía.
Haría cualquier cosa con tal de tenerle cerca, aunque fuese solo unos minutos...