Shadow III

Adoro a Ángel, adoro a Angela, adoro a Vladimir y a alguien más que conoceréis pronto xD ¿Me puedo enamorar de un producto de mi imaginación? xP

Vladimir caminaba incómodo entre la gente, sintiendo cómo su revolver se apretaba contra su cadera, dejando marcado el grabado de su culata en forma de serpiente sobre su piel. Hacía demasiados años que no sacaba el esmoquin del armario, y el tiempo se había encargado de fosilizarlo.
-Ángel, acércate un poco más a mí-indicó Ángela mirándole un momento.
Acelerando el paso, Vladimir se recolocó las lentillas y las extensiones marrones disimuladamente.
Angela llevaba un vestido rojo pasión ajustado, de escote palabra de honor que realzaba sus formas perfectas y combinaba con sus bailarinas, también rojas.
Aparte de un pequeño lunar sobre el labio pintado con lápiz de ojos, no llevaba maquillaje, y como único complemento llevaba un chal de gasa que ondeaba alrededor de sus brazos con sensualidad.
Su pelo, castaño como el de su hermano, estaba peinado hacia atrás y caía en cascada sobre sus hombros desnudos, haciendo ligeras ondas a la altura de sus orejas.
Aunque en un principio ella no debía saber nada, Ángel insistió en que se enteraría de cualquier forma, así que lo mejor era informarla y que colaborase. Y ella había aceptado.
Como Vladimir confirmó, había rumores de que iban a intentar traicionar a Angela en aquella fiesta, pero nadie sabía exactamente quién lo estaba organizando, y eso le preocupaba, porque quería decir que quien estaba detrás de todo aquello era alguien muy bueno.
Con un gesto elegante, retiró la silla de Angela y la invitó a sentarse, arrimando luego la silla a la mesa y quedándose detrás de ella, de pie, como hacían todos los brazos derechos. Las botellas de champagne fueron descorchadas y cada copa fue servida, preparadas para el brindis. Angela se levantó con la suya en la mano, a la altura del pecho, y carraspeó dulcemente para acallar los murmullos que habían comenzado a surgir.
-Como ya sabéis, estamos aquí para celebrar que ahora mismo, todos juntos, somos los...
Su discurso fue interrumpido al caer al suelo, arrastrada por Vladimir. El vaso de cristal se redujo a pedazos antes de caer, atravesado por una bala. El personal de seguridad de Angela se agachó también, protegidos por la mesa, y Vladimir sacó su revólver, sujetándolo casi con cariño. Agarrando a Angela con la mano derecha, se levantó de un salto y comenzó a correr hacia la salida al callejón, disimulada en la pared, disparando a aquellos que notaban su movimiento y trataban de apuntarles.
La Emperatriz trataba de correr detrás de él, pero Vladimir la arrastraba casi en volandas por los adoquines de Nápoles, caminando hacia los suburbios. A pesar del peso que cargaba, los pasos de Vladimir apenas se distinguían del resto de ruidos nocturnos, mientras que los pocos que daba Angela resonaban claramente.
Cuando Shadow notó que la pobre chica empezaba a estar cansada, a pesar de que trataba de aparentar fortaleza, entró en uno de los callejones poco iluminados y le indicó que se sentase en uno de los cajones de madera que había al fondo, mientras él seguía apuntando con su pistola a la parte del cielo estrellado que la boca del callejón dejaba ver. En cuanto estuvieron quietos notó que el olor a sangre flotaba en el callejón y se giró a contemplar a Angela.
En su brazo derecho tenía una herida, pero parecía superficial y solo sangraba ligeramente, tiñendo el chal de gasa de un tono más oscuro del que debería. Sin embargo, parecía que no se daba cuenta, manteniendo su imagen de estatua de hielo.
-Véndate la herida con el chal-susurró Vladimir.
Tratando de mantenerse silenciosa, aceptando que en aquella situación lo mejor que podía hacer era obedecer sin plantear quejas, se quitó el chal y se lo ató alrededor del brazo con fuerza, tratando de cortar la hemorragia.
Unos pasos muy bien disimulados llegaron a los oídos de Vladimir, que se puso alerta al instante y adoptó una postura felina, mezclándose con las sombras. Luego, acordándose de Angela, la cogió suavemente y la pegó a la pared, teniendo cuidado de que quedase lo más oculta posible.
-Coge tu pistola y dispara a cualquiera al que oigas llegar, ¿de acuerdo?-le susurró.
-¿Y si eres tú?-preguntó ella, dejando entrever su preocupación.
-Si fuera yo, no me oirías llegar-respondió Vladimir exhibiendo su sonrisa.
Sus voz se desvaneció al mismo tiempo que se mezclaba entre las sombras. Ella contuvo la respiración mientras los pasos del desonocido se acercaban, y agudizó el oído tratando de distinguir algún tipo de sonido de pelea, gritos, o algún tiro, pero no oyó nada.
Y aquel silencio, en lugar de calmar su ansiedad, solo conseguía ponerla más nerviosa, y a cada segundo su máscara sin sentimientos se derretía.
-No des un solo tiro-murmuró una voz parecida a un cuchillo de acero clavándose en su oído-, o te mato.

3 comentarios:

  1. guauuuu!!!!^^ lo has conseguido... Has creado una historia que ha enganchado en vez de aburrir!! simplemente genial!!!

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  2. Me mola, Carlos ^^
    Me he leído lo que llevabas de esta, porque justo hoy me he dado cuenta de que habías empezado a actualizar.
    Me alegra ver que vuelves a la vida de nuevo XD
    A ver si tomo ejemplo.
    Síguela, ¿eh?
    Un beso ^^

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  3. Espera, espera, espera.. quien dice lo último? un enemigo no identificado? xdd me he quedaod un poco eing?
    Pero ahs de seguir, aunque no sepa quien es el autor de esas frase, proque quiero saberlo todo, y lo quiero saber ya hahaha

    tequieroHermanito(L)

    :)

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