Shadow VI

NO LEER, en serio. El final me resulta un pelín bestia a mí, no quiero pensar qué os parecerá a vosotros. El blog de Carlos no se hace responsable de posibles infartos o vómitos y blablabla... Terminadas las tonterías, disfrutad ^-^

Lynx agarró su pistola con fuerza, y contó en voz baja hasta tres. Después hizo saltar de un tiro los cristales del ventanal. Cinco guardias aparecieron un segundo después.
Con una sonrisa glacial apuntó y disparó cinco veces, cada bala en un ojo izquierdo, haciendo que los líquidos internos y los sesos cayeran por el suelo, desparramados. Levantó su pistola en el aire y la sopló, imitando el gesto de las películas.
-¡Cinco de cinco!-exclamó Ángel aplaudiendo.
-Oh, venga, no me seas adulador-replicó Miriam, sonrojándose-. Seguro que tú también podrías hacerlo.
-¿Puedo probar con los siguientes?-pidió Ángel, dirigiéndose a Vladimir.
-A mí no me mires. Aquí es Lynx la que elige-respondió él-. Aunque te advierto de que si la cagas te matará.
Ángel dirigió su mirada de cachorrito a Miriam y sonrió amablemente.
-Claro que sí. Venga, tardarán poco en llegar por ahí-aceptó, señalando a una escalera.
Ángel apretó la pistola dorada entre sus manos y la puso a la altura de sus ojos, preparándose para disparar. El primer hombre asomó por la esquina y disparó a su ojo derecho, haciéndole caer con la cara empapada en sangre. Otros dos hombres entraron al tiempo y, tratando de imitar la velocidad de Lynx, disparó dos veces. Sin ebargo, sus tiros se desviaron ligeramente y, en vez de en sus ojos, las balas impactaron en sus pechos, haciendo salir borbotones de sangre ardiente.
-Humm... Bueno, están muertos, y supongo que eso es lo que cuenta-comentó Miriam acercándose a los cuerpos y comprobando los agujeros de bala con su dedo índice.
-Con los próximos lo haré mejor-repuso Ángel, volviendo a levantar la pistola.
-No, no, no-negó Miriam, bajándole la pistola con la mano-. Ahora le toca a Shadow. ¿Le habéis visto matar alguna vez?
Angela negó con la cabeza, igual que Ángel, que parecía un poco desilusionado.
-En ese caso, adelante. Subamos las escaleras, tienen que estar al otro lado de la puerta que hay al fondo del pasillo-explicó Lynx, invitando a Vladimir a pasar.
Shadow asintió con la cabeza y ascendió por los escalones de mármol tranquilamente. Una vez arriba, ni se dignó a mirar al fondo del pasillo, solamente levantó el brazo y disparó una vez a la puerta.
-Despejado-fue lo único que comentó, echando a andar hacia la habitación.
Ángel miraba fijamente a los ojos de Angela, que parecía igual de sorprendida que él, al contrario que Miriam, que abrió la puerta de una patada. Al otro lado había dos mujeres tumbadas sobre el suelo, con las gargantas atravesadas por la misma bala y ahogándose con su propia sangre. Sus ojos, vidriosos, miraban fijamente a los cuatro jóvenes que acababan de entrar.
Ángela se acercó a ellas y, con su pistola, apuntó a sus bocas, disparando primero a una y luego a la otra. Sus dientes, en lugar de salir volando, se fragmentaron y cayeron al fondo de sus bocas, clavándose en las amígdalas.
-¿Por qué haces eso?-preguntó Lynx, agachándose al lado de las jóvenes para contemplar de cerca las manchas de sangre, que parecían hacer un dibujo sobre las camisas blancas de las chicas.
-Cogí la costumbre cuando trabajaba de espía, cuando tenía que deshacerme de un informador traidor. Era mi forma de advertir a los que pretendiesen seguir su ejemplo-explicó-. Y luego le cogí cariño.
Lynx asintió lentamente cn la cabeza y echó a andar en dirección a la habitación del pánico, disimulada en una pared. Introdujo un código en el teclado y, automáticamente, la puerta de acero blindada se abrió.
Dentro, agarrando una pistola entre temblequeos, estaba un hombre de unos cuarenta años, de pelo rubio y ojos azul eléctrico. Miriam sonrió, satisfecha.
-Hola, Pablo-saludó con frialdad-. ¿No te parece de muy mala educación darme esquinazo durante tanto tiempo?
El hombre respondió disparando, pero sus manos temblaban tanto que la bala impactó en la pared metálica, abollándose. Miriam agarró su propia pistola y disparó, haciendo que el cañón de la pistola que agarraba el tipo se destrozase, inutilizándola. Luego, ella soltó la suya, tirándola al suelo.
-Y ahora que estamos en igualdad de condiciones, vamos a divertirnos-susurró Lynx, sonriendo malévolamente.
Dio un paso hacia adelante y él retrocedió, pegándose a la pared. Miriam atravesó la sala rápidamente, y le agarró el brazo con la mano izquierda, levantándole en volandas. Luego apretó con fuerza, y el joven gritó de dolor. Después, con la otra mano, retorció su hombro y sonó un grimoso “crack”, haciendo que la habitación se quedara en un silencio completo, solo rasgado por el grito de dolor de Pablo. Sujetó su otro brazo, manteniéndolo estirado y, con un golpe de su puño, le rompió el codo, haciendo que su cúbito atravesara la piel y saliera al exterior, disimulándose con la blanquecina piel del joven. Agarró el hueso y, con rapidez, lo extrajo casi por completo y lo partió a la mitad, creando un cuchillo improvisado. El tipo trató de resistirse con el brazo dislocado, pero ella le dio un codazo en la garganta y se quedó sin fuerzas, sin llegar a ahogarse pero cayendo al suelo, haciendo esfuerzos por respirar. Ella le sacó el zapato con cuidado y, agarrando su pie en una mano y el hueso roto en la otra, realizó un corte rápido en el tendón de Tablas. Luego, poniéndose de pie, apoyó su pie sobre su tobillo, rompiéndoselo. El hombre lloraba, emitiendo gritos ahogados de dolor y cerrando los ojos con fuerza, deseando caer muerto o despertar de aquella pesadilla.
Sosteniendo el hueso con fuerza y sujetando su cabeza para que no se moviera, practicó un corte limpio que atravesaba ambas mejillas hasta casi las orejas, dejando la mandíbula ligeramente colgante. Con un gesto rápido, la agarró y tiró de ella hacia abajo, arrancándosela de cuajo y llenándose los guantes negros de más sangre. El pobre hombre gritó y otras dos lágrimas corrieron por su rostro.
-Venga, venga, no llores, shhh, ya no queda mucho...-susurró Lynx dulcemente pero sin abandonar su sonrisa malévola.
Cerrando el puño con fuerza alrededor del hueso, lo colocó en la base de su paladar, lo apartó unos centímetros y, de golpe, se lo clavó hasta la base, manchando su mano de sangre reciente y fluidos cerebrales.
-Bien, ya podemos volver a Italia-comentó Lynx, levantándose y sonriendo alegremente.
-¿Era necesaria la tortura?-preguntó Vladimir.
-No, ¿pero así no te parece mucho más divertido?

3 comentarios:

  1. Diox santo, que conste que me lo he leído entero en respeto al autor que es un máquina.
    No se ya que es peor, si los empalagosos textos de amor que poblan mi fotolog o el gore sádico de Carlos.
    Espero que en el próximo capitulo avance un poco la historia, que tengo ganas de saber que les espera con ese maquiavélico cerebro que tienes!

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  2. HAHAHA MOLAAA!
    Soy una torturadora sadica y malapersona (me gusta) Hay momentos que me han parecido de extremo sadismo, pero eso tambien me gusta.. haha
    Pero entonces de quien esta enamorado Shadow! que no lo has dicho mala persona! haha otra cosa ¿yo vuelvo con ellos no?xdd a si! que ehmos de matar a más gente!


    BESOSLEX :)

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  3. Puff xDD
    Carlos, me da miedo lo que se te puede pasar por la cabeza xD
    Qué gore, tío xD
    Pero como ya dije, lo describes muy bien y uno se lo imagina al dedillo xD
    Tengo interés por ver cómo continua la historia ^^
    Besooos

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