Shadow

Este era un proyecto que pensaba presentar a un concurso de literatura, pero estoy seguro de que me quedará muy largo y he decidido que mejor lo cuelgo en mi blog, que aquí todas me queréis más y creéis que escribo bien. Así que, decidme, ¿la continúo?

El aire estaba viciado por el olor a tabaco, colonia barata y alcohol, y las paredes, en su día blancas, se habían amarilleado con el tiempo, como la barra de madera, comida por las termitas y semipodrida por la humedad.
Los tipos que había allí dentro parecían parte del ambiente, vestidos con trajes de segunda o tercera mano y abrigos raídos por el tiempo y llenos de remiendos. Él era el único que llevaba sombrero, a pesar de que hacía años que parecían haber sido olvidados en los armarios de toda Italia, y la gabardina beis de Armani dejaba claro que él no debía estar allí.
Se sentó al fondo de la barra y agarró la jarra de cerveza rancia y carente de burbujas que el camarero le ofrecía, probablemente porque era la única bebida que ofrecía desde hacía años. Mientras esperaba le dio un trago y, como sospechaba, aquella bebida encajaba a la perfección en aquel sitio, con el mismo olor a podrido y un asqueroso sabor a orín.
Ella llegó cinco minutos después, envuelta en su chaleco de bisón y bañada en Channel nº 4. Montada sobre sus tacones plateados, caminó entre las miradas lascivas hacia él y se sentó a su lado, rechazando la cerveza con un gesto.
-¿Sigues usando sombrero, Vladimir?-preguntó sonriéndole amablemente-. Hace años que nadie los usa, aunque es una lástima. Son un complemento tan... No sé, me recuerdan a Casablanca, o El Padrino. Buenos tiempos, aquellos...
-En aquella época ni siquiera eras un proyecto en la mente de tus padres, ¿sabías?-la sonrisa se le borró en el acto. No soportaba que la gente la tratase como una cría-. ¿Por qué me has citado aquí? Llamas tanto la atención como un extraterrestre en la cola del paro.
-¿No pretenderás que nos reunamos en un restaurante de caviar y langosta? Hay oídos en todas partes, cielo-replicó recuperando su sonrisa-. ¿No me preguntas cómo estoy?
-Los tres guardaespaldas de ahí fuera se encargan de que lo estés, ¿no?-respondió Vladimir friamente, clavando su mirada en el fondo de su vaso-. ¿Cuál es el encargo esta vez?
-Bueno, si tanto insistes, te diré que estoy muy bien, los negocios me van de maravilla, excepto por un pequeño problemilla, ¿sabes?
Frunció el ceño e hizo pucheros, dándole un aspecto encantador de niña pequeña.
-Para solucionar esos pequeños problemillas estoy yo, ¿no es así?-comentó Vladimir dedicándole una sonrisa.
-¡Has sonreído! ¡Quién lo hubiera imaginado!-exclamó Angela aplaudiendo forzadamente-. Gracias por ofrecerte a ayudarme. Verás, hay unos pocos chicos malos...
-¿Cuántos son unos pocos?
-Ah, nada importante, treinta, cuarenta... Pero no te preocupes, no será un problema para ti-añadió quitándole importancia-. Al fin y al cabo, ¿no eres Vladimir “Shadow”?
Su sonrisa se transformó en un gesto de seriedad y clavó sus ojos grises en los de él, analizándolos en busca de algún atisbo de duda o de debilidad.
-¿Me deshago de todos o solo quieres que sea un pequeño escarmiento?-respondió él, aguantándole la mirada.
-Solo un escarmiento. Mira que no querer colaborar conmigo... En fin, espero no tener que volver a recurrir a ti en mucho tiempo, así que no sé cuándo volveremos a vernos.
Con un grácil salto se bajó de la silla, le dio dos besos y, moviendo sus caderas al son de sus pasos, salió del local dejando tras de sí un aura de limpieza que resultaba irónica para todo aquel que conociese bien a la Emperatriz.
Después de tragarse el resto de la cerveza de un trago salió del local al tiempo que su PDA le informaba de un mensaje, tal y como esperaba.
Fotos de los miembros, horarios de guardias, puntos flacos, localización de la sede... Los espías de la joven “dueña” de Italia eran los mejores del mundo, y se les pagaba como tales.

El cigarrillo se terminó de consumir y, con un rápido gesto, lo lanzó al suelo y lo aplastó, convirtiéndose en parte del entorno de colillas que le rodeaban. Según su reloj, el turno de guardia cambiaría un par de minutos después, y no había ni un segundo que perder.
Sigilosamente se deslizó entre los arbustos y se preparó para saltar sobre el joven que acababa de salir del edificio. Durante un segundo sintió lástima por el pobre chico de veinte años, pero, como siempre, no dudó al lanzarse sobre él y romperle el cuello con precisión y rapidez.

4 comentarios:

  1. Estaría perfecto para continuarlo si tienes una clara idea de la historia. Y si no así está bien, no es fácil mantener en vilo al lector desde la primera hasta la última línea pero tú lo has logrado (:

    Un beso.

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  2. Tienes una capacidad envidiable de mantener y aumentar el suspense con cada palabra, cada descripición mínima y detallada.
    Me encanta el local que tan poco juego les hace pero que a la vez es perfecto e idílico para la reunión.
    Y me encanta ese "asesino" misterioso que se llama como los malos malísimos de Rusia.
    Vladimir.
    Creo que deberías seguir con la historia, es una de esas que a ti se te dan bien y nos puedes hacer disfrutar mucho con ella.


    Mil besos grises desde mi(nuestro) Palacio de Plata*

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  3. De acuerdo con Anaid, Vladimir es un nombre que me hace tiritar de miedo, y que a la vez el añade un toque sexy al personaje [ en plan Dexter]

    La fisna esta tambien em gusta, es un poco la tipica mala malisima.
    Quiero que lo sigas ya Shadow.. argg Carlos es que es tan sexy!

    por favor siguelo pronto
    (LL)
    :D

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  4. mmmm.... muy interesante!! a mi sinceramente me gusta asi, si lo alargas mas a lo mejor se acaba estropeando o pareciendose a otras historias. Asi fantasticoo!!^^

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