Rey

Se revolvía en la cama, incómoda.
Incómoda porque aquella ya no era su cama, igual que aquella no era su casa ni aquel era su padre.
Cansada de revolverse, agarró su pequeño tigre de peluche y salió de la habitación, bajando las escaleras y pasando junto al cadáver de su padre.
Las puertas se cerraron detrás de ella al salir de la casa, pero no se montó en el coche.
Caminó por la carretera tranquilamente, leyendo los carteles. En un bolsillo pesaban el zafiro y la esmeralda.
-Ya queda poco, pequeñas...-susurró al viento.
La ciudad apareció frente a ella, imponente, enorme, fría.
Con cuidado atravesó las calles hasta llegar a la zona pobre de la ciudad, donde no había farolas que no estuviesen rotas.
La débil luz de la luna proyectaba sombras por todas partes y ella, con su peluche, caminaba tranquilamente. Sus pies la llevarían hasta él.
Como sospechaba, pronto llegó a un gran bloque de edificios de color gris en mal estado, y levantó la mirada.
Allí estaba el rubí.
La puerta estaba rota, así que entró sin problemas. Miró de reojo a los jóvenes que, en la escalera, fumaban en secreto.
-Hey, preciosa-comenzó a decir uno.
El otro le dio un codazo y le indicó que cerrase la boca.
-Déjala en paz, solo es una niña. No debe tener ni quince años-masculló.
Ella se les acercó, sorprendida. ¿Por qué aquel joven la defendía? Se agachó frente a él y le miró fijamente a los ojos, ladeando la cabeza.
-Pero si va provocando, tío. Ya verás lo bien que se lo pasa con nosotros...-insistió el otro, poniendo su mano en el hombro de ella.
El otro chico le agarró del brazo y se lo apartó de ella, sin dejar de mirarla. El otro joven, irritado, salió del edificio.
Ella se sentó a su lado, en uno de los escalones, y él le dio una calada a su cigarrillo.
-¿Estás bien?-preguntó después, mirándola de refilón.
La chica asintió con la cabeza, sin dejar de mirarle fijamente. El joven empezaba a sentirse incómodo.
-¿No me tienes miedo?-preguntó ella, asombrada.
El joven rió y le dio otra calada al cigarro.
-¿Miedo? No. Solo quieres el rubí, y es lo justo-respondió el chico, sonriendo cálidamente.
La chica asintió con la cabeza.
-Tú debes de ser Alice, ¿correcto?-observó el chico, aplastando el cigarrillo.
-Y tú el rey-respondió ella.
Él asintió con la cabeza y sacó una pequeña bolsa de tela de su bolsillo.
-¿Qué planeas hacer cuando consigas el diamante?-preguntó, tendiéndole el pequeño saquito.
-Pedir mi deseo-respondió ella, guardando la bolsa en su bolsillo-. Debo matarte.
-Lo sé. Hasta pronto, hermanita.
Y antes de dejar de sonreir, la bala le atravesó el pecho.
Tras cerrarle los ojos, cogió la pequeña navaja que el chico guardaba en su bolsillo y le grabó una corona en la frente.
-Rey...

6 comentarios:

  1. Hmmm...
    Me gusta mucho el giro que está dando.
    Espero ansiosa el siguiente ^^

    Un beso enorme Carlos.

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  2. OOOOOOH! esto está cada vez más interesante. ¿Por qué el chico se deja matar tan fácilmente?
    Agh! Quiero la Copa YA! (Porque el siguiente será la copa verdad?)

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  3. Qu este año te traiga todo lo que te mereces niño..feliz año :) y un abrazo enorme.
    gracias por todo

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  4. Felizzzz 2010! Me has recordado con éste la peli de Nikita :)) estoy viendo el concierto!! Queda ya la propina!! Ahora la polka! Estupendo que te apuntes a los abrazos, besos y sonrisas pera cada día desde yaaaaaaa!! :)) besotes!!

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  5. ¡¡FELIZ AÑO CARLOS!! Espero leerte mucho este 2010 y que todo te vaya de maravilla. ^^

    SObre el capítulo (por llamarlo de algún modo) me has dejado muy intrigada, ya sabes que esta chiquilla me encanta, ¡esa seguridad! Estoy deseando conocer el final =)

    Besitos.

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  6. Ohh guau, me encantó jeje.
    un beso Carlos y feliz año :)

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