Too dead to reborn

Las palabras se agolpaban en su cabeza.
¿Qué había pasado? ¿Por qué no podía recordar nada?
Su corazón latía con fuerza dentro de su pecho, como tratando de lanzar lejos de sí la escarcha que lo cubría.
¿Cómo era posible? Estaba a varios cientos de grados bajo cero. Tenía que estar muerto. Necesitaba que lo estuviera.
Y, sin embargo, allí estaba aquel pulso regular, un poco demasiado rápido.
No consiguió articular una palabra, solo sentía dolor. Mucho dolor, en oleadas rápidas que parecían querer romperle todos los huesos del cuerpo.
¿Había sido por aquella mirada? ¿Aquello había fundido su corazón?
Desvió los ojos, muertos de miedo, de su pecho a la cara de aquel joven que observaba la escena intrigado pero sin abrir la boca.
-Es tu culpa-acusó, arrastrando cada palabra.
Giró sobre sus talones lentamente y echó a andar lejos de aquel desconocido que había conseguido fundir su corazón.
No importaba, sabría arreglarlo. Se mantendría lejos de él, muy lejos, y no volvería a pensar en sus bellos ojos color miel.
Se arrodilló en el suelo, de nuevo en las sombras. Allí no entraba el sol, ni tampoco entraban miradas indiscretas. Podía congelar de nuevo su corazón, ya lo había hecho una vez antes.
Solo tenía que recordar aquellas burlas, y las risas. La humillación, el dolor.
Aquellos recuerdos le trajeron una extraña calma, y de pronto tuvo la horrible certeza de que su corazón no podía ser congelado de nuevo.
Se pudriría antes de conseguirlo.
Cayó al suelo de lado, sintiendo que el dolor y el miedo que tanto tiempo llevaba reprimiendo le invadían.
El joven apareció entre la oscuridad, preocupado.
¿Qué hacía él allí? No le necesitaba.
-Lárgate-ordenó, sintiendo que su corazón se calmaba.
-No voy a dejar que te quedes a solas aquí dentro-respondió el otro.
-Da igual, no voy a estar aquí mucho tiempo.
Su corazón se paró en seco.
Después de mucho tiempo estando muerto, su corazón no sabía estar vivo, y, no pudiendo regresar a su antiguo estado, no pudo soportar los sentimientos.
-Yo habría intentado hacerte feliz-murmuró el joven, con lágrimas en los ojos.

Ains, qué aburrimiento de día. Ahora me tocará ir con mis abuelos a comer, y luego terminar unos deberes tontos y aburridos. Qué yuju de día...

'-Mañana me iré y no volveré.
-Lo sé, siempre dices lo mismo. ¿Por qué no aceptas que me quieres?
-Confío en que algún día te des cuenta de que, con decirme "te quiero", dejaría de hacer tentativas'

3 comentarios:

  1. Conversación *__* como siempre xD
    Y el texto... bufff, Carlos, como no empieces a creerte que escribes genial, tendré que enfadarme!!
    Mientras lo estaba leyendo pensé que podía ser el principio (o el final) de una historia larga. No sé, tenía toda la pinta xD
    ¡Un besazo!

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  2. Yo habría intentado hacerte feliz...lástima que a veces con intentarlo no baste.
    Qué gran historia, Carlos, me encanta.
    Un beso MUYGRANDE :)

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  3. A veces las historias cortas son las que más te hacen pensar ^^
    Tras congelar y descongelar un corazón, lo difícil no es volver a refrigerarlo, es deshacerse de las sensaciones y emociones que se aferran a nosotros.

    Tempestades nos recorren como energía eléctrica...
    Aunque, como dice Marta... a veces con intentarlo no basta.


    uh..

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