Lucien

-Eres un manipulador, según tengo entendido.
-Tú me creaste, ¿no es cierto? Si dices que lo soy, lo soy.
Lucien me miraba por encima de su taza de té, sin dejar de sonreír enigmáticamente con su típica frialdad. En un instante recordé las miles de ocasiones en que describí aquella justa expresión y me di cuenta de lo patéticas que resultaban todas y cada una de ellas en comparación.
-¿Por qué me has llamado?
-¿Por qué crees que te he llamado?
-Nunca entenderé por qué decidí que fueses psicólogo; odio a los psicólogos-suspiré, sentándome frente a él.
-Sabes que no lo soy, así que agradecería que no me insultases.
-Entras en la mente de las personas, y una vez dentro te dedicas a borrar, reescribir y cambiar a voluntad los recuerdos y sentimientos de la gente. Trasteas en cabezas ajenas, aunque sea por propio interés.
Lentamente, Lucien depositó la taza sobre la mesa y un grueso sobre blanco con su escudo en relieve a su lado, haciéndolo resbalar hasta mi lado del mármol.
-Son cien millones de euros-anunció, mirándolos fijamente-. Puedes comprobarlo, pero si me conoces tanto como un autor conoce a sus personajes, sabrás que es la cifra exacta.
No me molesté en cogerlo.
-Eres el poseedor del treinta y dos por ciento de las empresas y fábricas del mundo, de dos bancos y de la deuda externa completa de cinco países; cien millones son pura calderilla para ti.
-Puedo aumentar la cifra. ¿Cuánto quieres?
-¿Qué me pedirás a cambio?
Lucien me miraba, carente de expresión.
-He leído tus novelas.
-Me halagas.
-No son realmente buenas, pero parecen gustarle a la gente.
-Cien millones son poco para semejante golpe bajo.
-Siempre me pregunté de quién procedía mi sarcasmo innato; ahora lo entiendo-comentó, sonriendo momentáneamente-. Pero lo que me desagrada de ella es que casi todos tus personajes mueren.
-Así que quieres comprar tu vida, ¿eh?
-A cualquier precio. Tendrás todo el dinero que quieras.
-Esa es nuestra principal diferencia, Lucien. Para ti el dinero es un fin; trabajas por y para conseguir dinero-repliqué, poniéndome en pie-. Para mí es solo un medio para obtener las cosas que deseo, y con las ventas de mis no-tan-buenas novelas tengo más que de sobra.
-¡Espera, por favor!
Podría jurar que nunca describí una expresión así para mi querido Lucien, y me decepcionó verle perder los estribos; pero decidí detenerme para oírle hablar.
-Puedo darte paz-ofreció-; éxtasis continuo; amor, felicidad, calma. Puedo darte todo lo que desees.
Me quedé quieto frente a él, pensando. Ciertamente, había en mi vida un vacío profundo, un vacío que Lucien sería capaz de llenar si yo se lo pidiese. Pero aquel no era mi Lucien; no era el perfecto, frío y calculador Lucien que yo había creado.
-¿Quieres conocer el final de tu historia?-ofrecí, sacando una tarjeta de memoria de mi colgante-. Este es el último capítulo, el que pensaba mandar al editor esta misma tarde.
-¿Ibas? Eso significa que lo cambiarás... ¿Qué deseas a cambio?
-No te voy a pedir nada. Porque no tenía pensado que murieses. Eras mi brillante creación, el más complejo de mis personajes; inteligente, manipulador, moralmente correcto e incorrecto según la situación; peligroso, encantador y, en ocasiones, también odioso. Eras tridimensional.
-¿Y cuál es el problema?
-¿Sabes por qué escribo novelas? Porque todo lo que sucede en ellas no es real, y tampoco mis personajes; a ti te hice todo lo humano que he sabido y has cambiado por propia voluntad, sin que yo interviniese. Has traicionado el concepto de pertenencia. Ya no eres MI Lucien, y eso quiere decir que ya no eres el Lucien que merece ese final perfecto, con la culminación de su venganza y de sus planes de futuro. Por eso, pequeño, ahora mereces morir. Procuraré que no sea doloroso, pero supongo que el editor me pedirá crueldad. El sadismo vende, ¿sabes?

Hace unos días, en clase de lengua, leímos un fragmento de "Niebla", de Unamuno. La novela en sí no me llamó la atención demasiado cuando oí hablar de ella, y no siento mayor interés por leerla, pero el planteamiento de un autor hablando con sus propios personajes me pareció interesante, así que decidí hacer algo más: crear un escritor que hablase con su personaje. Nivola de nivel dos, por si queréis darle un nombre concreto xD No es muy bueno, pero estoy tan bajo de imaginación que bastante es que haya conseguido no borrarlo antes de subirlo. Se siente estar desaparecido, procuraré no volver a hacerlo en un tiempo. Y, por si os interesa, descubrí que tenía DA y he subido un par de dibujetes (a lo mejor por ahí se me iba la inspiración...). Sí queréis verlos, pulsad este enlace.