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La primera vez que le vi era de noche.
Recuerdo su silueta sobre el tejado, dibujada por la tenue luz de la luna, y el pequeño punto naranja del extremo de su cigarro. Miraba despreocupado al cielo, pues nunca hubo en nuestra ciudad estrellas, lanzando aleatorias volutas de humo que se transformaban en océanos de fina niebla arrastrada por la brisa.
Reconozco que me quedé observándole sin razón alguna, sentado en aquel banco de madera pútrida consumido tras años a la intemperie, imaginando su historia. Aún guardo en la memoria fragmentos de la tragedia que pensé en cuestión de instantes para él, pequeños trozos de una historia simplista e infantil que nunca escribí.
¿Por qué una tragedia? Nunca lo he sabido. Quizá había algo en la atmósfera de aquella noche, o tal vez en su postura, en su forma de fumar distraídamente aquel cigarro, o en su soledad melancólica sobre las tejas gastadas y rotas de aquella casa vieja y ruinosa.
Al rato comenzó a llover. Se trataba de una lluvia fina y constante, fresca, purificadora. La ropa se me pegaba a la piel, pero no me molestaba realmente. Estaba absorto contemplándole, compadeciéndome de su hipotética desgracia.
Lentamente, terminó de fumarse el cigarro y lo dejó rodar por el tejado y caer sobre el cemento de la acera. Se levantó, tan mojado como pudiera estarlo yo, y juraría que me miró un instante antes de deslizarse por el otro lado del tejado, como agradeciéndome con la mirada aquella compañía silenciosa.
Aquel verano lo pasamos juntos, yo en aquel banco de madera, él en lo alto de aquella casa vieja. Nunca compartimos una mísera palabra, ni tan siquiera un saludo, aunque más de una vez me pareció distinguir la impaciencia en su gesto al ver que me retrasaba.
Y un día dejé de verle. Yo seguí yendo cada noche todo aquel año, y también el siguiente, pero al tercero desistí, aunque nunca perdí la ilusión de volver a verle.

Bueno, parece que la blogosfera está un poco vacía últimamente, cosas del verano, imagino... En fin, el caso es que intento volver, pero no me salen más que trabas. Intentaré programar unas cuantas entradas en Abbise, a ver si así evito retrasos... Muchas gracias por seguir leyéndome y aguantando mis idas de olla :D 

3 comentarios:

  1. Tus idas de olla me vuelven loca ya lo sabes, y si la blogosfera parece un poco plof estos dias.. habrá que esperar a septiembre con la vuelta a la rutina...

    Me encanta como escribes Carlos, ya deberías saberlo.
    Le acompañaría a ese banco cada noche por disfrutar de la presencia de ese ente nocturno y silencioso.


    Besos grises, Caballero mío.

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  2. regresa.. nunca lo abandones..
    nunca sabes cuando llegara..

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  3. No sé por qué, pero la sensación que me dio es de haber perdido yo también a ese alguien con quien nunca hablas pero siempre observas, y aún sigo buscándole.
    Esa parte de mi que no sé dónde puse.

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