Atrapado


Estábamos en un baile. Una especie de reunión de antiguos alumnos, o algo por el estilo, no estoy seguro del todo. Pero sí recuerdo los globos. Y la tarta. Dios, nunca he logrado encontrar una tarta de limón así... Perdón, ya vuelvo a la historia.
El caso es que me había situado cerca de la entrada, para observar a mis clientes potenciales. Había visto a un par de antiguos atletas que darían cualquier cosa por parecer más delgados y menos calvos, pero aquellos favores eran simples y podría arreglarlos en cualquier momento. También estaba la antigua animadora líder, aún delgada y hermosa, pero divorciada y anclada a dos hijos maleducados, que no deseaba otra cosa sino que la contratasen para alguno de los muchos anuncios para los que se había presentado. También fácil, no corría prisa. Luego estaban los restos del grupo de teatro, que no querían nada porque sus enormes egos les hacían creerse perfectos, y el escritor fracasado que se escudaba en ser un “incomprendido” o “demasiado alternativo” para justificar su falta de éxito y dinero.
Se me revolvió el estómago al verme rodeado de tanta gente insulsa.
-Patéticos, ¿verdad?
Me giré. Era una mujer morena de ojos verdes, con la piel clara y un vestido rosa palo que parecía de gasa. Aunque no era demasiado guapa, tenía atractivo.
Intenté introducirme en su mente para leer sus deseos, pero no lo logré. Supongo que se me quedó cara de estúpido. No estoy acostumbrado a que me pillen por sorpresa. Ella, por su parte, sonrió.
-Prestamista también-explicó, sacando de su sujetador la esquina de una libreta-. Esperaba encontrar algo decente, pero parece que te me has adelantado. ¿Cómo está la clientela?
-Basura superficial-respondí-. Ninguno de ellos tiene más de tres estrellas.
-Hum... Esperaba algo mejor-admitió ella antes de suspirar-. Mi nombre es Mara, por cierto.
-Un placer.
-Ahora tendrías que decirme tu nombre.
-Bueno, pero ya lo sabes, ¿no es cierto?-repliqué, tomando un sorbo de ponche mientras le apartaba un mechón de pelo del escote-. ¿Cuánto llevas siguiéndome? ¿Una semana?
-Ocho días.
-Casi acierto. Y dime, “Mara”... ¿Por qué me persigues?
La chica intentó darse la vuelta y huir, y entonces se dio cuenta de que estaba atrapada. Mi mano, casi una garra, rodeaba su débil brazo y apretaba con fuerza. Dirigió la mano a su escote en busca de su libreta, y no pude evitar sonreír.
-¿Buscas esto?-murmuré, mostrando triunfal su libreta-. Un consejo para la próxima vez: no pidas a un deudor de cuarto nivel que proteja tus nombres si planeas enfrentarte a alguien como yo. Lo mínimo es uno de tres estrellas.
La prestamista intentó recuperar su libreta, pero al intentar tocarla recibió una descarga eléctrica que hizo que soltase un pequeño grito. Sin dejar de sonreír, guardé su libreta en mi esmoquin y la arrastré hacia la pista de baile.
-¿Qué quieres de mí, N?-masculló, rodeando mi cuello con sus brazos mientras nos balanceábamos al ritmo de una melodía lenta de letra empalagosa.
-Ya lo sabes, “Mara”. Quiero que me digas para quién trabajas. Por tu aspecto y el grosor de tu libreta, diría que eres una prestamista de... unos tres siglos, o dos muy bien aprovechados. Hay alguien muy gordo detrás de todo esto, ¿no?
La mujer palideció un poco y se agarró más fuerte a mí.
-No puedo decirte su nombre-murmuró, acercando sus labios a mi oído-. Me matará.
-Si no lo hace él, lo haré yo. Dime quién está interesado en robar mi libreta y dejaré que vivas.
La música se detuvo, y nosotros con ella. Aplaudimos un poco a la banda, que se tomaba un descanso, y nos sentamos en una de las mesas.
Noté que Mara temblaba. Es extraño porque los prestamistas no podemos sentir el frío, y rara vez sentimos miedo. Así que, o fingía mientras intentaba recuperar si libreta, o realmente quien estaba detrás de todo era alguien importante.
-Si te lo digo, me darás mi libreta. Tendré que huir, huir para siempre, y necesito a mis deudores-murmuró al fin, lanzando miradas nerviosas alrededor.
-Te la devolveré con mucho gusto. ¿Esa es tu única condición?
La mujer asintió con la cabeza y se inclinó hacia delante. Con un gesto me indicó que yo también lo hiciera. Me incliné hasta que sus labios estuvieron a escasos centímetros de mi oreja.
-Es ella. Perséfone. Proserpina. La reina del Infierno-a cada palabra, su rostro se volvía más pálido, resaltando sus labios pintados de rojo sangre-. Y ahora, por favor, ¿me la devuelves?
Con mucho cuidado, giré la cabeza hasta que nuestros ojos se encontraron. De nuevo, sonreí.
-No.
-Pero, ¡lo prometiste!
-Mentí-susurré, levantándome-. No te lo tomes como algo personal, por favor. Por si te sirve de algo, no será necesario que huyas.
Mientras caminaba hacia la salida, mis labios comenzaron a moverse, invocando un ejército de deudores del máximo nivel. Los gritos comenzaron poco después de atrancar la salida, y maldije no poder quedarme a disfrutar del espectáculo.
Ya en el ascensor, intenté entretenerme observando la libreta y, sacando la mía de un bolsillo, las puse juntas, las dos abiertas. La mía, por la última página que había usado; la suya, por la primera.
-Esclavos de cadenas invisibles, yo os convoco. De ahora en adelante, vuestra voluntad se rinde a la mía. De ahora en adelante, me pertenecéis.
La tinta cobró vida y, flotando por el aire como un río negro, se hundió en mi cuaderno mientras las hojas de ambos pasaban a toda velocidad. El ascensor se detuvo.
-Encárguese de tirar esto-ordené al botones, lanzándole la libreta vacía y un taco de billetes.


Bueno, ya era hora de volver con N, que me había quedado un poco estancado. En fin... No puedo añadir mucho porque me tengo que ir dentro de un rato al dentista (¡yuju! dentista...), crucemos los dedos porque todo esté bien. Y na' más, a cuidarse :)

2 comentarios:

  1. Tío, me capturas, en serio. Yo quiero una novela, YA. No quiero trocitos, quiero leérmelo de golpe. En serio, me dejas con muchísima intriga!

    Pd: Espero que en el dentista todo bien :)

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  2. Encantador!!!

    Te sigo sin duda!

    un abrazo!!

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