Dependientes


Nunca la había visto tan triste. No, eso no es correcto del todo: nunca la había visto triste. Ninguno lo habíamos hecho.
Los años habían ido pasando, y ella siempre estaba allí, sonriendo, apoyándonos en los malos momentos. Ella, ella y su sonrisa eran una constante, un ancla maciza capaz de soportar cualquier envite. La vida cambiaba, unos se iban, otros llegaban, pero ella siempre estaba allí.
Nos acostumbramos a tenerla, a apoyarnos en ella. Cuando mi mujer me abandonó, ella estuvo allí; cuando Laura sufrió su primer aborto, ella estuvo allí; cuando Pedro tuvo aquel horrible accidente, ella estuvo allí. Y ella fue la primera que me llevó de bares después del divorcio, y quien buscó durante días médicos especialistas y clínicas de fertilidad, y quien hizo una hornada entera de magdalenas con glaseado verde para que Pedro no tuviese que soportar la comida del hospital.
La convertimos en nuestra persona a la que llamar en caso de emergencia, nuestro diario personal y la albacea de nuestros testamentos. Ella sería la madrina de nuestros hijos, y la encargada de cuidar de ellos si nos pasaba algo.
Sí, nos convencimos de que nunca se iría, de que nunca nos abandonaría. Cogimos la costumbre de preguntarle antes de hacer nada medianamente importante, de pedirle ayuda si las cosas iban mal, de contarle nuestros problemas sin preguntarle por los suyos.
Era el centro de nuestro universo, del pequeño ecosistema que componíamos los cuatro. El pegamento que nos mantenía unidos en un abrazo cálido y protector.
Dependíamos de ella, tanto que nos quedamos ciegos. No vimos su cansancio, sus ojeras marcadas, ni sus ojos enrojecidos de llorar, ni vimos cómo su sonrisa se apagaba día a día. O puede que prefiriéramos no verlo, ya no lo sé.
Solo sé que un día fuimos a buscarla a su casa, y la puerta estaba abierta, y que salía mucho ruido del interior. Entramos, ensordecidos por aquellas voces, y entonces lo vimos: había juntado todas las radios, televisores y ordenadores de la casa, los había distribuido por el salón y los había puesto al máximo volumen mientras, en el centro, hecha un ovillo, ella lloraba en silencio.
Y nos quedamos allí, quietos, sin saber qué hacer.
Nos quedamos de pie, mirándola con lástima mientras veíamos cómo se consumía ante nuestros ojos sin poder hacer nada.

No sé, hoy me sentía con ganas de escribir algo un poco más lírico y menos narrativo. Me habría gustado ser bueno escribiendo en verso, pero soy un negado total, así que os tendréis que conformar con mi prosa mediocre (estaba pensando en actualizar un día N y otro día con algo de este estilo, pero no me comprometo a nada porque luego incumplo y me cabreo conmigo mismo).
Nada que añadir, salvo que empiezo a coger soltura a la hora de escribir, y hacía tiempo que no sucedía. Si continúo así, puede que termine de reescribir la segunda parte de Abbise antes de llegar a sacar la primera xD

3 comentarios:

  1. Eso suele pasar. Cuando algo se convierte en una constante en nuestra vida lo asumimos como tal y nos olvidamos de la importancia que en un primer momento tenía para nosotros su presencia.
    Sólo que tratarse de un ser humano, estas cosas duelen más.
    Me ha gustado este cambio lírico en la prosa, mucho ^^

    Besos gigantes y enormísimos ^^

    PD: (ya empezamos con las PD's xD) Sí, he leído el nombre del viento, y también el temor de un hombre sabio, y es cierto que se parece a los tres silencios de Rothfuss. Por lo tanto, en efecto, me siento halagada :P

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  2. ¿Prosa mediocre? Por favor, sigues teniendo un talento increíble. Me recuerda mucho a una parte de Vive mientras puedas de Nach... Muy buen relato, y por desgracia, tan real como la vida misma.
    Y sí, Gélido era una historia que estaba escribiendo, pero lleva mucho tiempo estancada en la página setenta y pico. Realmente, llevo mucho tiempo sin escribir, incluso ahora que soy libre, debe ser que después de un año desacostumbrada... No sé, pero espero publicar pronto algo en el blog :)

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  3. Me alegro de que tengas la mano ligera para deleitarme con tus textos. siento no ser más asidua en mis visitas, pero tengo los exámenes finales encima y no doy a basto :(

    Un beso enormérrimo mi adorado Caballero

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