Todo lo que querría ser si no pudiera ser yo mismo

¿Sabes? En ocasiones como esta me gustaría saber desconectar. Tumbarme en la cama y quedarme quieto, controlar mi respiración y olvidarme de todo lo demás.
Pero no puedo. Soy incapaz de dejar de pensar, de apagar los sistemas y descansar. No sé cómo hacerlo, créeme, lo he intentado. Yo soy de ese tipo de personas que planean hasta el último detalle, que ven el futuro tan nítido como el presente, capaces de imaginar todas las posibilidades de actuación y las consecuencias derivadas, y que casi siempre aciertan.
Soy de esos que cuentan los escalones de cada edificio al que va y las veces que pitan los semáforos antes de ponerse en rojo por si alguna vez se quedan ciegos, y calculan con precisión milimétrica cuánto le lleva el trayecto desde casa al trabajo. Soy de los que, antes que llegar cinco minutos tarde, prefieren llegar con un cuarto de hora de antelación, y miran cincuenta veces el recorrido en un mapa antes de salir a la calle. De los que cronometran los segundos que tarda un ordenador encenderse en la sala de informática para elegir el más rápido, y prueban varios sitios antes de elegir la mejor mesa en la cafetería, y se entretienen haciendo dibujo técnico con tres puntos de fuga. De los que hacen planes, horarios y diagramas hasta para ver la televisión, y buscan la letra de las canciones en japonés y coreano para cantarlas bien.
Mi cerebro es un obseso del control, un cazador de imperfecciones, un monstruo que revisa todo lo que hago y me susurra muy bajito, cerca del oído, todos los errores que he cometido, por pequeños que sean, y no para de repetirme todas mis flaquezas y puntos débiles.
A veces es bueno, no voy a mentir. Es mucho más fácil memorizar cien páginas de contrato si, mientras duermes, sigues repitiéndolas en tu subconsciente, y si conoces toda la historia de tus personajes, incluso la que no sale en los libros o la que aún no has escrito, no te encuentras piedras en el camino mientras escribes. O cuando juego al ajedrez, o a las cartas, o intento resolver la vida amorosa de una amiga. Sí, a menudo doy gracias por ser quien soy, por mi calma, por la capacidad de ver todo lo que podría suceder en conjunto, como un enorme cuadro que el tiempo se encarga de pintar según mis predicciones.
Pero ahora, con tu cabeza sobre mi pecho y una sábana compartida que apenas nos cubre, desearía no estar concentrado en la reunión que tenemos mañana con una empresa japonesa interesada en exportar el flamenco, ni tener que ordenar a mi mano que juguetee con tus rizos dorados mientras dormitas.
Sí, en ocasiones como esta, cuánto desearía saber dejarlo todo y concentrarme en el presente...


Algunas de las rarezas que hay aquí arriba son ciertas, ¿alguna suposición? (Miki, tú no participes, que te las sabes todas xD) En fin, hace un par de días que no subo nada, pero la red está un poco muerta. Entre Anaid y sus exámenes finales, Energeia que tiene cosas más importantes en las que pensar y Smiley (lo siento, no te voy a cambiar el nombre, así te conocí y así serás siempre) que debe de estar celebrando por todo lo alto que ha terminado la Selectividad, la blogosfera se me ha quedado un poco nublada. Pero no desesperéis, la mantendré calentita en compensación por haberlo hecho vosotras mientras yo estaba desaparecido :D

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