Alexander, el Prestamista


La mujer se acarició los huesos de su mano, dubitativa. En su ceño fruncido se notaba el enfado y la sorpresa. De pronto levantó la mirada y se dirigió a los prestamistas que se mantenían dubitativos en la puerta, intentando decidir si luchar o quedarse al margen.
-¿A qué esperáis?-gritó, furiosa-. ¡Matadle!
Reconozco que aquellos tipos no me preocupaban. Si ella los había traído consigo era para que sirviesen de distracción mientras buscaba la oportunidad de acabar con mi vida, no porque fueran peligrosos de verdad.
Sin embargo, los cuatro juntos se apresuraron a convocar una avanzadilla de deudores de alto nivel que se estampó contra mis escasas defensas. Por fortuna ninguno de ellos parecía estar acostumbrado a luchar en equipo, y no paraban de lanzarse miradas de furia cuando los ataques de uno interferían con los del otro, lo que me dejaba pequeños espacios de tiempo para invocar breves contraataques que no llegaban a hacerles daño.
En cierto momento sentí una fuerza extraña presionando las barreras que había alzado, algo muy por encima de las invocaciones de aquellos prestamistas de tercera. Me giré justo a tiempo para ver a Proserpina lanzando una horda entera de espíritus (cientos, miles, cientos de miles) contra mí. Había niños, mujeres y ancianos, todos de nivel bajo pero muy fuertes en conjunto. Tardé un segundo en deducir que no eran deudores, sino muertos simples que la Diosa de los Infiernos convocaba y que, sin saber muy bien cómo actuar, se agolpaban contra mis escasas protecciones.
-Buen truco, pero no creo que sea suficiente-repliqué, y acto seguido recité una nueva retahíla de nombres. Mis espíritus entraron en formación de flecha entre las hordas enemigas y golpearon a la anciana en el pecho, que apenas percibió el impacto.
-Necesitas una lección, jovenzuelo-replicó ella.
Noté que los prestamistas habían dejado el ataque y, aterrados, comenzaron a retroceder. Al momento supe que algo horrible iba a suceder, pero no habría sabido adivinar de qué se trataba. Mis escasas barreras terminaron de hundirse mientras yo me agachaba, con los hombros adelantados como un gato al acecho. Por los gestos de pánico de los cuatro supe que se me estaba acabando el tiempo antes del golpe de gracia.
-Nunca debes enfrentarte a tus mayores, Noah. Esa fue una lección que tu padre aprendió pronto y que tú te resistes a entender-continuó la mujer. Sus espíritus habían desaparecido, y era obvio que se estaba concentrando en algo mucho peor.
-Pero tú no pareces tan mayor. Quizá con un andador y un gotero...
Tuve que dejar de hablar cuando noté una punzada de dolor en el brazo y bajé los ojos para ver de dónde procedía. Supongo que me puse de un pálido increíble, y hoy en día aún tiemblo al recordarlo cuando veo mis cicatrices: aquellos enormes perros de fauces enormes, babeando mientras sus afilados dientes se abrían y cerraban buscando mi carne... Surgían de las sombras, desaparecían, se movían sin hacer ruido y atacaban sin descanso.
Recordé los consejos de Lloyd: estar siempre en guardia; mantener la calma en todo momento; utilizar con sabiduría mis recursos. Recordé que aún me quedaban otras deudas que me había regalado, deudas tan poderosas que podían destruirle el brazo y la pierna a una auténtica diosa, y me concentré en ignorar el dolor.
-Napoleón Bonaparte. Agripina la Menor. Carlomagno.
Mi mente, aunque concentrada en la batalla, no pudo ignorar que todos ellos tenían algo en común: el poder excesivo y el control de un imperio. Me pregunté en cuántos repartos de poder se habría visto envuelto el incansable Lloyd mientras perseguía a Proserpina, y supe que detrás de todo gran reino había estado él con su facilidad para preparar el terreno. ¿Sabría que necesitaba ese tipo de cosas para enfrentarse a ella? ¿Habría sido la pierna su primer intento?
Mientras le daba vueltas a estos pensamientos, aquellos tres espíritus se presentaron con su aspecto menudo e inocente, pero los perros se apresuraron a retroceder y la anciana palideció un poco. Luego, guiados por instinto, empezaron a moverse a mi alrededor, atravesando a los perros y disolviendo sus sombras hasta que no quedó ninguno.
Por el rabillo del ojo vi que Proserpina preparaba un nuevo ataque y me di cuenta de que aquel momento de debilidad era mi única oportunidad.
-Hitler. Stalin. Julio César.
Los espectros de los tres tiranos surgieron de la nada y envolvieron a la anciana, que soltó un grito ahogado mientras los espíritus devoraban su carne. Cuando desaparecieron, solo quedaban sus huesos envueltos en aquel vestido negro y, con los ojos cerrados, escuché con alivio cómo caían al suelo con aquel repiqueteo siniestro.
***
Me quedo quieto, esperando. En su camita, el niño aún está despierto, mirándome con sus enormes ojos muy abiertos.
-¿Y qué pasó entonces, papá?
Sonrío y le acaricio el pelo.
-Bueno, Alexander, después de eso conocí a tu mamá, nos enamoramos y... bueno, entonces llegaste tú.
El niño asiente con la cabeza y cierra los ojos, cansado. Luego, de sus pequeños labios rechonchos escapa una sola frase.
-Gracias por contarme un cuento, papi.
Le doy un beso en la frente, le arropo bien y salgo de la habitación con cuidado de no hacer ruido al cerrar la puerta. En mi mano, que rodea el pomo, noto las cicatrices pálidas y me estremezco. Siento el peso de la libreta en mi chaqueta, como si fuera una losa de piedra, y me meto en la cama sudando de miedo, y el único pensamiento que consigo formular, el que no paro de repetirme mientras intento dormir como si fuera un conjuro, es que ella ya no está aquí y que mi hijo estará a salvo mientras yo pueda protegerle.
Y funciona.

Creo que así termina la historia de N. El final no me convence, me parece que me ha quedado un tanto cursi de más, pero bueno... No se me ocurría nada más, y tenía que cerrarlo de una vez. Le he cogido mucho cariño, y si seguía alargándolo sabría que lo estropearía, así que mejor cortarlo pronto. Puede que haga algún cameo en otras historias, o que añada alguna cosa en el futuro, alguna explicación más detallada de cómo conoció a su esposa o... En fin, lo que fuere. Espero que no os parezca que lo he destrozado demasiado u_u

1 comentario:

  1. He de reconocer que me he perdido un poco. También puede ser porque no he leído todas las entradas, pero cada parte de forma independiente me gusta, así que creo que voy a leérmelo todo de nuevo xD

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