Proserpina, Reina del Inframundo

No sé en qué momento me di cuenta de que aquello era una mala idea, pero sí que recuerdo que ya era demasiado tarde.
Era una pequeña nave en el extrarradio de la ciudad, sin ventanas, y a su alrededor se acumulaban pequeños montones de basura y jeringuillas vacías. Si mis informadores estaban en lo cierto, y por el aspecto era bastante probable, aquella era una “sucursal” de una mafia importante que comerciaba con drogas y sexo, justo el tipo de negocios de los que un prestamista puede sacar tajada: las prostitutas siempre quieren libertad; los yonkis, una nueva dosis; y los camellos... Bueno, sus deseos son más variados, pero suelen alternar entre el dinero y el poder.
El hombre que cuidaba la entrada me miró con ojo crítico sin apartarse del hueco rectangular que era la puerta, analizándome con sus expertos ojos de gorila. Supe que no supondría un problema: la ropa que vestía estaba mugrienta y sucia, incluso tenía una mancha de batido de melocotón que parecía vómito seco, y yo me mantenía cabizbajo y tembloroso, con pequeños espasmos supuestamente involuntarios. Ya había hecho de adicto en el pasado, y se me daba bien.
En cuanto hube atravesado la puerta, el portero cerró. Puede que fuera entonces, cuando oí el chasquido de la cerradura, que empecé a sospechar que algo no iba bien, pero me obligué a ignorarlo. Sería una banda muy preocupada por la seguridad, no sería tan raro.
Avancé por el pasillo esquivando a los yonkis inconscientes que interrumpían el paso: tendría que esperar a que despertasen antes de poder negociar con ellos, no podía leer sus mentes si no estaban conscientes, así que era mejor empezar con las meretrices. Al final del corredor encontré, por fin, una nueva puerta. Antes de entrar, agucé el oído, en busca de alguna pista sobre lo que me encontraría, pero no oí nada. Preocupante.
Con fingida seguridad, apoyé la mano en el pomo y lo hice girar: la sala estaba vacía. Tardé apenas un instante en darme cuenta de que mi instinto tenía razón, que aquello era una trampa, pero ya era tarde. Los supuestos drogadictos ya se habían levantado y avanzaban hacía mí libreta en mano, empujándome hacia el interior de la sala.
-Mierda-mascullé entre dientes.
Podía convocar un par de legiones en cuestión de unos segundos: siguiendo los consejos de Lloyd, había memorizado cerca de mil nombres para no depender tanto del cuaderno. Mi cerebro funcionaba a toda velocidad buscando alguna solución alternativa menos arriesgada mientras, para mantener la distancia, yo seguía avanzando de espaldas hacia la sala vacía. Los otros prestamistas se detuvieron en la entrada.
-Buenos días, Noah-saludó una voz detrás de mí.
Cómo no, era idea suya. Antes de girarme, me esforcé en parecer confiado, incluso dibujé una sonrisa de suficiencia que ni siquiera yo terminé de creerme. Proserpina, sentada en un sofá de tela oscura, alisaba las arrugas de su caro vestido negro mientras me miraba con gesto serio.
-Buenos días, milady-respondí haciendo una reverencia burlona-. He oído que me buscabas.
-No te hagas el gracioso, niñato. Puede que hayas logrado rehuirme los últimos siglos, pero sabía que en algún momento te encontraría-al levantarse, pude ver los huesos de su pierna asomándose por entre los pliegues negros-. Supongo que sabes por qué te busco, ¿no?
-Me hago una idea, sí. Aunque no entiendo que le viste a mi padre; tampoco era tan guapo.
La mujer avanzó hacia mí con la mano en alto, pero le agarré la muñeca antes de que descargase la bofetada en mi mejilla.
-¿Cómo te atreves?
-Bueno, estás empeñada en matarme y te empuja la fuerza de una mujer despechada. Airarte un poco más no me hará daño-repliqué sin soltarle la mano-. Ahora, ¿podemos ahorrarnos el resto del espectáculo?
Entonces noté el ardor en mi pecho. Proserpina había apoyado su mano sobre mí y el calor había derretido mi camiseta hasta llegar a la piel, de la que se desprendían volutas de humo oscuro y olor a carne quemada. Contuve un grito de dolor mientras hacía verdaderos esfuerzos para mantener su mano sujeta.
-Cleopatra...-murmuré a duras penas.
Lloyd me había regalado aquella deuda junto con otras de seis estrellas (algo que nunca había visto) antes de dejarme marchar, con la condición de solo usarlas en caso de extrema necesidad. Proserpina gritó de dolor mientras el brazo que tenía apoyado en mi pecho empezaba a pudrirse, adoptando un tono grisáceo plagado del amarillo blancuzco de los gusanos. Lo apartó con rabia y yo la solté, dejando que ella se apartase varios metros; desde la puerta, los prestamistas nos miraban, dubitativos.
-¿Cómo lo has conseguido?-masculló. La necrosis se detuvo en su hombro, pero el resto de su brazo era ahora solo hueso, lo que me hizo sospechar que Lloyd tendría algo que ver con su pierna.
Sonreí, y esta vez era de verdad: si el resto de nombres que me había regalado funcionaban también, aún existía la posibilidad de que no terminase muerto.

Lo sé, esta vez me ha tomado más tiempo actualizar, pero en mi defensa diré que un día lo pasé de viaje hasta Asturias, otro desde Asturias a Galicia y, por el medio, he devorado dos libros (el primero de Los juegos del Hambre, que quería leerme desde que me los recomendaron hace un par de años, y Conspiración, de Robert Harris, que a mí me ha gustado bastante). A Paula, que ha llegado nueva y no parece tener un blog, le respondo que yo también echo de menos los diálogos, pero creo que he perdido práctica. A partir de ahora, cada vez que suba un texto del tipo “Lírica en prosa” añadiré uno al final, a ver si consigo recuperar la costumbre. Un abrazo, y que sepas que me emociona que hayas devorado todo lo que he subido, aunque no todo merece la pena (por cierto, ¿cómo has llegado a este páramo perdido de la mano del dios de internet? xD)

2 comentarios:

  1. Espero que expliques lo de Cleopatra en algún punto, porque me he quedado intrigada xD
    Aparte de eso, creo que N tiene una suerte que no sela cree ni él. Siempre sale airoso de todo, o al menos de momento :P

    PD: La Uni dejó de irme al principio del segundo cuatrimestre. Me he dado cuenta de que Bellas Artes no es lo mío y en septiembre me voy a cambiar a Restauración, así que ni tengo exámenes ni que estudiar en verano :P

    Besos gigantérrimos ;)

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  2. Blog...lo que se dice blog...no tengo xD Escribo de vez en cuando, pero prefiero guardármelo para mí. No tengo suficiente constancia para mantener uno en condiciones me temo, quizás por eso admiro tanto la constancia que has tenido tú durante tanto tiempo :)La verdad es que he llegado a este blog a partir de buscar, y buscar, y buscar blogs que me gusten y echar un vistazo a los que recomiendan :3 Y que sepas, que no me sirve la opinión del autor sobre lo que escribe :P Mi humilde opinión es que todo merece ser leído, tienes una forma de escribir y de expresar que me maravilla, y aun que algunos textos sean mejores que otros no por eso deberías decir que no merecen la pena.

    P.D: Los de los Juegos del Hambre si que me los leí en Navidades, pero no conozco el de Conspiración...tendré que ver si lo encuentro en algún lado y echarle un vistazo :3

    Un abrazo y espero tus diálogos :D

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