Eros derrotado


Quise estar triste, lo prometo.
Cuando te fuiste pensé que se acababa el mundo, que no podría superarlo, pero cuando te oí cerrar la puerta de un portazo me di cuenta de que nada había cambiado. Me quedé quieto en el recibidor, sin decir una palabra, esperando a que llegase el dolor, pero no sucedió nada. No me sentía ni mejor ni peor, ni siquiera diferente.
Así que me senté en el dormitorio, sobre la cama, con las manos cruzadas en el regazo, mientras esperaba que las fotos de nuestra boda despertasen algo, deseando que los restos de tu colonia adherida a las almohadas significasen algo. Pero nada sucedió.
El día pasó y llegó la noche, y entonces amaneció de nuevo, pero no conseguí llorar. No te echaba de menos, no sentía que me hubieran arrancado el corazón. Te habías ido, notaba tu ausencia, pero de alguna forma no me dolía, no me afectaba. Paseé por la casa observando los vacíos que arrastrabas en tu marcha: el hueco de tu ordenador, la balda vacía donde estaban tus libros, los cuadrados que dejaron tus cuadros en las paredes... Y alguien llamó al teléfono, y saltó el contestador con aquel mensaje que grabamos, pero ni siquiera escuchar tu voz me hizo reaccionar.
Me dije que esto no podía seguir así, que tenía que estar triste. Llevábamos diez años casados, lo mínimo era llorar un rato, así que cogí una caja de pañuelos y esperé una hora, dos horas, tres horas, y nada sucedió. Caminé hacia la cocina, vi tu taza con la marca del pintalabios en el borde y pensé que aquel era un detalle muy emotivo, que debería romperme el corazón, pero ni siquiera eso me afectó.
Y entonces lo comprendí.
Nuestro matrimonio había durado diez años, sí, pero nuestro amor se había ido mucho antes. Seguimos juntos sin motivo, atados por la rutina, y fuimos alejándonos. Empecé a trabajar hasta tarde porque no me apetecía volver a casa contigo, y tú empezaste a quedar con tus amigas todos los días, y poco a poco dejamos de vernos más que para darnos las buenas noches y los buenos días. Nos convertimos en dos desconocidos compartiendo un piso, fuimos quemando los últimos reductos de un amor que en su momento fue algo hermoso y, día a día, nos fuimos separando. Para cuando te fuiste ya no nos unía nada aparte del contrato de la hipoteca y la promesa de amarnos y respetarnos para siempre, frágil como una piedra erosionada por el río.
No me enorgullezco de lo que hicimos. El nuestro era un amor precioso, de esos de los que luego se componen canciones y obras de teatro, y merecía algo más que aquella sucia indiferencia. Merecía lágrimas, y dolor, y tragedia, y arrepentimiento. Quizá si no nos hubiésemos empeñado en mantenerlo, si no hubiésemos soplado para que la llama se mantuviese encendida devorando el cadáver de nuestra marchita relación, hubiera quedado algo, aunque solo fuesen buenos recuerdos y amor residual, un cariño que nunca olvidaríamos. Pero no fue así, nos confundimos.
Y ahora, aquí, frente al juez, repartimos nuestras posesiones como dos seres civilizados, sin abogados, porque ni siquiera somos capaces de sentir nada más que indiferencia el uno por el otro, y no sabes lo mucho que me gustaría que al menos aún tuviéramos el odio como testigo de que, en algún momento, hubo algo más entre nosotros.

Bueno, pues aquí estoy, peleando con mi internet móvil para actualizar... En fin, al menos el tiempo que no paso por la blogosfera lo aprovecho leyendo y escribiendo (que por cierto, ya llevo el 20% de "La Sinfonía no. 20", voy a toda pastilla xD). Creo que al final hasta el día 30 no me reuniré con el editor para hablar de Abbise, pero ya os informaré al respecto con más detalle después de hablar con él. Y por cierto, aunque no necesite promoción, Misha y yo nos hemos reencontrado, solo que ahora ella se llama Michelle Birdwistle, y sus dos blogs merecen mucho la pena, así que, ¡ala!, a pasarse ¬¬

-Solo dices que me quieres para hacerme sentir bien.
-Error. Digo que te quiero porque te quiero; que te haga sentir bien solo es un efecto secundario bastante deseable.

1 comentario:

  1. dkjfslkajfakdjfkdlsjfkdljaskl efectivamente, no sé qué he hecho tanto tiempo desaparecida sin leer estos textos que siempre me han enamorado, con esa manera de escribir que siempre me ha encantado, la resignación de los personajes...
    *Aplausos* xD
    Muchas ganas de que llegue septiembre para leer La sinfonía nº20. ¿Y qué es eso del editor? ¿Vas a publicar una novela?

    Mi resumen al diálogo: *___*

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