Freedom

Solo soy libre de verdad cuando escribo.
La vida real tiene cadenas, muchas cadenas. Las cadenas de lo posible, de lo improbable, de lo imposible; las cadenas de lo imprevisible, lo obvio, lo inesperado, lo deseado; las cadenas del miedo, el amor, el odio, la alegría, las de los compromisos y las promesas. En la vida real no puedes tirarte de un barranco y saber que saldrás ileso, ni extender un brazo y atrapar un rayo de sol para jugar con él, ni coser el aire para hacerte un precioso abrigo de nubes.
Pero cuando escribo, cuando cojo un boli y un papel, cuando abro un procesador de textos cualquiera, soy simplemente libre a todos los niveles. Cuando escribo puedo dibujar los trazos de un palacio donde siempre es el atardecer, o una enorme catedral con amplios canales de agua y flores en las grietas. Puedo crear un bosque tan grande, tan profundo y tan verde que no podrías conocerlo entero ni caminando durante toda la vida, y unos árboles que cantan cuando el viento sopla, y un lago donde viven diez mujeres de agua que se rompen si intentas tocarlas.
Sí, cuando escribo me convierto en un dios cuyos poderes se manifiestan en forma de ríos de tinta azul oscuro, que puede convertir un paraíso en un infierno bañado en sangre en cuestión de un par de líneas. ¿Quiero muerte y destrucción? Puedo desatar un apocalipsis y luego, cuando me canso, encerrarlo de nuevo en mi libreta. ¿Me apetece una dulce historia de amor? Creo un refugio, una bonita casa escondida del mundo, y creo a la mujer más bella, con cabellos hechos de sombras, ojos esculpidos en zafiro y piel de luna, y a un hombre, un caballero, con el pelo rubio y una sonrisa tan magnética que parece un imán. Y si quiero, meto a una tercera persona y destruyo su felicidad, todo en cosa de un par de minutos.
Luego puede que el resultado me guste. Puede que me quede con la sensación de haber atrapado un sueño, atándolo con mi pluma y mis palabras para siempre, o que solo haya logrado esbozar su silueta. Puede que, al releerlo, me parezca que he mancillado la pureza del papel en blanco con mis palabras, y que me avergüence de haber escrito algo así.
Pero el resultado es solo un efecto secundario, una consecuencia derivada, porque el objetivo máximo de todo escritor es la libertad. Los libros que escribas mientras la disfrutas solo sirven para recordarte todas las veces que fuiste enteramente libre.

Hoy he sido más breve porque estoy con otras cosas, entre ellas un Twitter y un Facebook que acabo de hacerme. Por supuesto basta con pasarse por aquí si queréis informaros de cómo van mis proyectos y demás, pero puede que me vicie y twittee a menudo sobre cuántas páginas llevo, o de las nuevas ideas que tenga. Lo que me recuerda que tengo una nueva novela corta pensada, ya os contaré cuando tenga más cosas decididas.
PD. Muchísimas gracias a todas por el apoyo que me habéis ofrecido, no sé cómo podré pagároslo :_D


-¡Joder!, te juro que lo intento, pero no te entiendo.
-No te pido que me entiendas; solo te pido que no me dejes sola.

2 comentarios:

  1. El texto final me ha venido hoy como anillo al dedo, la verdad.
    Y áis, solo tú, el Caballero de la Estilográfica, podía escribir algo como esto, expresar con sus fieles letras la Libertad eterna del dios escritor.

    Me encanta.
    Me encantas.
    Lo sabes.

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  2. Creo que saber que, a medida que iba leyendo, una sonrisa de comprensión y diversión iba naciendo por mi rostro y que no podía más que afirmar con la cabeza al leer tanta verdad en estas líneas, te acercará una milésima parte a entender cuánto me ha gustado esta entrada :D

    Bien dicho, chico psicópata pero amable y sonriente :P (lo digo por tu minibio jaja)

    Un abrazo

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