Grietas

Tiene el corazón roto.
No es algo que se vea a simple vista. Tienes que detenerte, sentarte frente a ella y mirarla a los ojos, sumergirte en esas dos enormes lagunas que tiene por ojos, hundirte hasta que sientas que te asfixias... Y entonces, en lo más hondo de su alma, si observas en silencio durante un tiempo, es posible que las veas.
Esas grietas tan bien pintadas, tan finas que parecen los hilos de una tela de araña invisible, tan largas que cubren hasta el último rincón de su corazón... Pueden parecer arañazos, pequeñas muescas provocadas por el tiempo. Pero no lo son, claro que no.
Se hunden como las raíces de una planta venenosa, erosionan las paredes cavernosas del órgano y lo atraviesan por completo. Lo vacían, se alimentan de los sentimientos que produce, arrasan con todo a su paso hasta dejar solo un enorme vacío que pronto se llena de lágrimas amargas.
Es un espectáculo morboso, pero por algún motivo no puedes apartar la vista. Porque cuando lo ves, cuando logras entender hasta qué punto los cimientos de su corazón están rotos, no puedes evitar preguntarte cómo puede sostenerse en pie una estructura tan espléndida. Mi teoría es que la tristeza, viscosa y densa, ha logrado rellenar todos esos agujeros y mantener las piezas unidas en un equilibrio volátil que amenaza con caerse a cada momento, con la más ligera brisa, pero que de alguna manera logra mantenerse en pie.
Y si esperas más, si te hundes a diario en sus ojos y tienes paciencia, acabas viendo cómo uno de esos enormes pedazos de corazón se suelta y se hunde en las profundas aguas negras que hace tiempo eran un amor puro y transparente con aspiraciones a ser eterno.
No merece la pena intentar arreglarlo, y créeme, lo he intentado. He procurado drenar hueco a hueco la tristeza de su corazón, arreglar las grietas, recomponer los pedazos que faltan y curar las cicatrices. Pero todo vuelve a su estado original. Las lágrimas se reproducen, salen de la nada y caen desde las enormes arcadas carmesí como una gotera, y forman un charco que no tarda en convertirse en lago.
La única opción a estas alturas sería tapiar esos compartimentos, limpiar la tristeza de las grietas y dejarlos caer, despiezar uno a uno todos esos reductos de amargura y dejar solo la estructura central, frágil y desnuda, como el esqueleto de un enorme edificio abandonado tiempo atrás.
Pero ella no te dejaría hacerlo.
Él se fue una mañana, sin decirle nada, sin darle explicación alguna, y nunca volvió. No dejó su ropa, ni su desodorante, ni una taza de café con las huellas de sus labios. Por no dejar, no dejó ni su reflejo en los espejos. La única prueba de que él existió, la única cosa que le recuerda que una vez amó y que fue dolorosamente real son esa enorme mole en ruinas y ese mar de aguas oscuras que viven dentro de ella.
Y no puede renunciar a eso.

En fin, siento el retraso. El plan inicial era actualizar ayer, pero al final no hubo manera, y como este internet cada día va peor me cuesta horrores subir nada, aunque en twitter y facebook no me va tan mal. Quizá debería ver qué problema tiene este navegador con blogger, no sé...
En cualquier caso, estoy remodelando Abbise para reabrirlo y vender el libro por ahí, aparte de dar noticias y demás, lo que me consume un montón de tiempo. Cuando lo tenga más o menos organizado lo abriré para que podáis ver y juzgar ^^

-Solo di “te quiero”.
-He dicho “te quiero” tantas veces como “hola”. No decírtelo es la mejor forma que tengo de expresarlo que se me ocurre.

1 comentario:

  1. Es un error bastante común, el creer que es ese dolor, esas grietas lo que queda de un gran amor. Pero no es verdad, lo que queda siempre son los recuerdos. Y eso, es algo que nadie nos puede arrebatar. ¿Que duelen? Pues al principio sí, como todo lo relacionado con ese amor. Pero con tiempo y fuerza de voluntad el dolor pasa, y los recuerdos adquieren otro brilló. Eso es lo que queda al final, en mi opinión.

    ¿Qué tal te va todo? He echado de menos estar por aquí :)

    Un beso

    PD: Muy bonita la nueva plantilla ;D

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