Los cazadores de sonrisas

Las horas se rompen en un millar de mariposas azules que parten sin rumbo fijo.
Estamos solos, y en el reloj de la pared, caído al suelo, roto y mudo, nos reflejamos separados por una grieta insalvable. ¿Cuándo sucedió esto? ¿Fuiste tú quien se alejó? ¿O tall vez fui yo? No lo sé.
El tiempo, congelado en este instante, parece que intenta estirarse, deteniendo una lágrima que asoma a tus ojos y un grito que trepa por mi garganta hasta mis labios.
Veo tus sentimientos, por primera vez los veo y son algo más que solo palabras. Son un ejército de sombras, de miedos, de inseguridades comprimidas en los cuerpos de un millar de pequeños diablos que reptan por tu cuerpo como serpientes, acariciando tu cuello con una fuerza devastadora. Deseo apartarlos, arrancar sus lenguas de soga de tu piel, pero ya no hay tiempo.
Te has ido. Tu cuerpo está aquí, pero tus ojos apagados me miran desde lo alto y solo hay vacío tras ellos, una neblina oscura como la de un sueño, pero más densa y profunda. Aún puede verse la silueta de Thanatos escondida en tu sombra, y la huella de sus labios en los tuyos, mustios y apagados, torcidos en una sonrisa trágica de melancolía.
El destello de un relámpago rompe el estatismo, desdibujando en blanco la silueta de tu cuerpo, y el retumbar cavernoso del trueno me desgarra los tímpanos. Las agujas del reloj cantan de nuevo con su tic-tac triste mientras desato esas serpientes de cuerda que queman la carne de tu garganta y dejo tu cuerpo en el suelo. Tu vestido negro hace ondas, arrastrado por el viento furioso y húmedo que ruge a través de la ventana, y me acaricia el dorso de la mano mientras lloro en silencio, hundiendo mi cara en tu pelo con olor a fresas.
Cierro tus ojos con un gesto torpe, tembloroso, y siento el frío subir por mis dedos y detenerse en mi garganta, congelándome la respiración. Y las putas agujas del reloj siguen moviéndose, siempre hacia delante, inexorables.
Beso tus labios por última vez, te coloco bien los pendientes y me aparto, y siento que una parte de mi corazón se queda contigo.
Pero no puedo quedarme, ahora debo huir.
Somos fugitivos, elegimos serlo. O tal vez lo elegí yo y tú solo me seguiste, porque, de alguna forma, siempre pensé que esta vida no te gustaba tanto como a mí. Recojo un par de cosas, apenas unas prendas metidas a presión en una mochila y el cuaderno, y billetes de distintos países. Dudo un momento, porque fuera empieza a haber ruido de gente y no creo que tarden mucho en entrar, así que guardo tu colonia también y salto por la ventana del jardín.
Siento los cristales arañando mi piel, mordiéndome, rasgándome la carne. Duele, pero en cierto modo es un alivio, porque esas marcas, esas pequeñas cicatrices, serán una prueba imperecedera de que este momento fue real, y de que fue algo enorme y magnífico.
Corro bajo la lluvia mientras el agua limpia mis heridas, me detengo a la entrada de un bosque y miro hacia atrás, hacia nuestra casa. Solo un instante, una última imagen de ese tiempo magnífico antes de perderme entre los árboles.
De vuelta a las sombras, como siempre.

Aloha :D Siento no estar muy presente, en twitter y Facebook subo más cosas, pero estoy muy concentrado con “La Sinfonía no. 20” y me cuesta sacar tiempo para el blog. Sin embargo, me comprometí a no abandonarlo, así que aquí estoy. La entrada y este minidiálogo que tiene 0% de mini son posibles fragmentos sueltos que me ha venido a la mente para “Los cazadores de sonrisas”, una novela que me inspiró Misha/Michelle y que tendré que escribir cuando termine con las otras cosas que tengo pensadas, y los lo subo porque no me apetece perderlo. ¿Qué os parecen?

-El tiempo es como un prisma que deforma las cosas.
-No lo entiendo.
-A ver cómo te lo explico... ¿Recuerdas a aquella chica, Marta, que te gustaba tanto? ¿La que te dejó por otro? Lo pasaste fatal. Y ahora, cuando miras al pasado, ¿no te parece algo muy pequeño? O cuando soñabas con ser médico y luego te diste cuenta de que no era tan maravilloso como creías. Y sin embargo, ¿no echas de menos pasar la tarde con tus amigos Pedro y Marcos? Y eso que lo hacías a diario, era lo más normal del mundo.
-Entonces, ¿el tiempo hace grande lo pequeño y pequeño lo grande?
-Sí. Bueno, no. Sí y no. Hay cosas que eran grandes y el tiempo las hace enormes, y otras pequeñas que se vuelven minúsculas hasta que las olvidas. Y luego hay otras que se mantienen casi igual. El tiempo no se rige por ninguna norma a la hora de deformar, solo... lo hace.

3 comentarios:

  1. no tengo palabras. solo ha sigo desgarrador y me ha emocionado. no puede decir mucho más.

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  2. Mira, me has roto el alma en cachitos con el desgarrador primer texto, y luego me has fascinado con el diálogo del prisma deformador que es el tiempo, mira que me eres jodidamente GENIAL, Caballero de la Estiolográfica.
    Desearía en serio tener ese talento innato que posees.

    Besos grises desde mi/nuestro Palacio de Plata

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  3. Me encanta lo que escribes!!!! Siempre leerte es un gusto!!! :)
    MoonLight!

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