Not-so-happy endings

Está sentada en el suelo del vestíbulo, de espaldas a la única ventana.
Los primeros rayos de sol se cuelan tímidamente a través del cristal, anunciando un día sin una sola nube, una mañana perfecta de primavera. Pero para ella, con el maquillaje corrido de tanto llorar y ojeras de toda una vida sin dormir, hace demasiado tiempo que es invierno.
Dios, cuánto tiempo conviviendo con el frío...
Las campanadas de la iglesia cercana retumban contra las paredes, pero ella no las oye. Sigue ahí, sentada contra la pared, con la cabeza de un perro sin raza apoyada sobre su regazo mientras le acaricia la frente. El animal respira con dificultad, y a veces suelta gemidos ahogados.
Ya no le queda mucho.
Nuevas lágrimas disfrazadas de negro resbalan por sus mejillas cortándole la piel. Apenas puede respirar, siente que se ahoga... Pero no. Ahogarse sería una bendición, porque esto no termina nunca.
El perro suelta un nuevo aullido de dolor y ella redobla sus caricias. Intenta mover el rabo, pero no tiene apenas fuerza para hacerlo. El charco de sangre ya es demasiado amplio y empieza a colarse por debajo de la puerta pero, ¿qué importa eso? Ya es demasiado tarde.
El frío se extiende desde su abdomen igual que la mancha roja corre por su vestido blanco, y ya llega a su cabeza. Siente el gélido aliento de la muerte haciéndole cosquillas en los labios, llevándose su conciencia lejos de aquí. Alguien golpea la plancha de madera y grita su nombre, pero ya no puede contestar. La muerte se ha llevado su voz.
¿Cómo consiguió encontrarla?
Después de tanto huir, de tantos sacrificios, él ha ganado y ella pierde, y esa es la única verdad.
Los golpes en la puerta suben de intensidad, pero su cerebro ya no puede procesar lo que dicen al otro lado. Solo puede seguir ahí, herida de muerte, acariciando la cabeza del perro mientras su sangre se mezcla en el suelo inundándolo todo.
La puerta tiembla en sus goznes, pero resiste el golpe.
Las juntas de las baldosas se convierten en una telaraña carmesí cada vez más grande. Desde el rellano él la llama, grita su nombre, llora, golpea la delgada plancha de madera que los separa.
Una parte de ella reconoce su voz y maldice no haberse atrevido a darle una llave.
¡Cuánto desearía morir entre sus brazos, y no así, triste y sola!
El perro, aún con la cabeza en su regazo, ya no se mueve ni para respirar. Ahora también está frío, como todo lo demás en su vida... Su mano deja de acariciarle y cae a un lado, rígida y derrotada.
Apoya la nuca en la pared y logra observar un último momento de luz antes de que se le cierren los ojos.
Ya ni siquiera tiene fuerzas para llorar, solo puede respirar.
Respirar...
¿Cuándo fue la última vez que no le dolió al tragar aire?
La puerta cede y él corre hacia su cuerpo, abre sus ojos, busca los latidos de su corazón.
La sangre tiñe su traje de un negro más profundo que la noche, se cuela entre los hilos de su camisa blanca, lo cubre todo con su presencia viscosa, pero eso ya no importa. Él sigue abrazándola, apretándola contra sí mismo para contagiarle su calor corporal, dejando caer sus lágrimas sobre la cara de ella.
En la puerta todos los asistentes a la boda observan horrorizados el grotesco espectáculo, congelados en el umbral.
Nadie se atreve a pasar. Nadie se atreve a decir nada. Nadie se atreve a respirar.
Está muerta.
Está muerta, y con ella mueren sus ilusiones y toda posibilidad de ser felices.
Con ella mueren los cuentos de hadas.

Pues al final acabé el martes con la novela (de corregirla, digo) después de casi tres meses de duro trabajo. Creo que el resultado es bastante bueno, pero como no sé cómo es la competencia tampoco sé si tengo verdaderas oportunidades. Ahora, eso sí, el intento hay que hacerlo, ¿no?
El caso es que quería actualizar el miércoles, pero al final me apeteció descansar, y ayer no conseguía escribir nada. Y hoy... Bueno, hoy me ha salido esta chufa, y tampoco tengo ánimo para hacer un diálogo. No sé qué me pasa, últimamente estoy un poco lento y todo me supone un esfuerzo titánico, pero prometo que volveré a estar en forma pronto :)

Daddy

Jirones de bruma reptan por el suelo, enterrando el suelo en un infinito mar de plata y perlas.
La luna, oronda y robusta, se deja arrancar mechones de mortecina luz que caen, se disuelven y llenan el mundo de sombras y siluetas, de oscuridades incompletas que se retuercen y titilan.
El viento, gélido y feroz como una daga afilada, danza y se desenvuelve en un millar de remolinos de polvo y hojas marrones mientras se deshace en silbidos de furia y fuerza contenida.
La ciudad, tiempo ha llena de vida, se descompone sobre sus pétreos cimientos, colmada de vidrios rotos policromáticos y cenizas de un pasado de opulencia y esplendor, y el tiempo, pesado y constante, se arrastra por sus calles lamiendo las fachadas, arrancando capas de piel hasta exponer el barroso carmesí del adobe ruinoso.
Un hombre, solo un hombre, se desplaza por las amplias avenidas de adoquines plúmbeos mientras de sus pulmones escapan nubes de vaho que estallan contra las comisuras de sus labios. En sus ojos solo se distingue el zafiro empañado de unos irises cansados y el blanco de la nieve recién caída.
El retumbar de sus pasos se pierde antes incluso de escapar de sus zapatos, amortiguado por el opresivo silencio de la noche más absoluta, devorado por la umbría sombra desplegada de un enorme edificio que se eleva en el centro mismo de la urbe apuntando al cielo.
La poca luz que logra filtrarse a través de los cristales dibuja en el suelo un rosetón de colores que transmite una vaga ilusión de vida en una vorágine de blanco y negro que constantemente se enfrentan en una noche que nunca se decide a terminar, y desprende unas oscuridades densas y profundas coronadas por una cruz de obsidiana y alabastro.
Los chirridos agónicos de unas bisagras de latón oxidadas se repiten en cada piedra de la ciudad al empujar las altas hojas de macizo roble y se deshilachan en el aire lúgubre que llena la inmensa catedral. Apenas es una rendija, pero a través de ella puede distinguirse el interior iluminado por la tenue luz que logra entrar a través de unas ventanas al fondo de la nave situadas.
Y allí, en el altar, de rodillas sobre las escaleras de granito, está el cuerpo inerte de una joven de porcelana vestida en gasa y seda blanca. Lo único que demuestra que la vida aún no la ha abandonado dejando solo un cadáver de blancura perfecta es la suave cadencia de su pecho al subir y bajar y el melancólico silbar que escapan de su alma al suspirar.
El breve tramo que lleva hasta ella parece tornarse eterno mientras sus pies se hunden en la aterciopelada alfombra rojiza que conduce al altar, pero al fin se detiene junto a ella, escuchando su respiración serena y acompasada mientras sus dedos acarician el frío tacto metálico de su pistola.
De pronto todo parece detenerse, las mismas horas parecen resquebrajarse al caer contra el suelo, descompuestas en un océano de tiempo muerto. Lo único que puede oírse es el redoble de sus corazones reflejándose en cada pared.
Solo el golpeteo de sus lágrimas contra el suelo logra descongelar ese momento de eterna inexistencia, pero no es la angustia la que nubla su mirada.
-¿Vas a matarme?
La pregunta, la primera frase que pronuncia en años, escapa de su garganta pura y limpia como el revoloteo de una mariposa etérea que implosiona y desaparece.
Él apoya el extremo de la pistola contra la porcelana de sus sienes y quita el seguro. A las lágrimas les sigue un temblor monótono.
-Por fin-suspira, con la voz llena de un inefable alivio-. Por fin acabará esta agonía interminable.
El hombre deja que un último momento escape y aprieta el gatillo, y la vibración que sigue a la descarga de pólvora absorbe el melódico repiqueteo de su voz.
“Gracias, papá”.

Agh,sacra pereza, tengo que hacer tantas cosas y tan poco tiempo... Me he planteado dejar el blog una temporada para concentrarme en la novela, pero me temo que si lo hago se me hará imposible encontrar las fuerzas para volver, así que lo que voy a hacer es intentar que me cundan mucho los próximos tres días y terminar ya de corregir. Cosa que luego no haré, claro, peeeero... Hasta entonces :D

-Solo te pido que confíes en mí.
-Siempre que lo hago me rompes el corazón, ¿por qué esta vez iba a ser distinto?

Marionetas

¡Oh, dios! ¿Dónde calientan los cafés en esta cafetería? ¿En la caldera del infierno?
Dejo la taza sobre el platito de porcelana y, mientras espero a que se enfríe un poco, desmigajo apáticamente un croissant mientras miro a la televisión. En el telediario, una mujer de pelo castaño, corto y liso y ojos verde grisáceo habla con fría indiferencia de un nuevo atentado en la Sección 8. Las imágenes de los cadáveres de una niña y su madre muertas a tiros terminan de revolverme el estómago.
-Este mundo está podrido...
Al instante me arrepiento de haberlo dicho en voz alta y miro alrededor, aterrado.
Por suerte, el camarero está lejos de mí, al otro extremo de la barra, y la joven sentada a mi derecha escucha música en su reproductor de música mientras se toma un zumo. Tampoco parece que haya cámaras en el local.
Con un suspiro de alivio, vuelvo a levantar la taza hasta mis labios y pruebo el café. Ahora que no me derrite las papilas gustativas descubro que está bastante bueno, mejor de lo esperado.
-Es mentira.
¿Quién ha dicho eso?
Me quedo congelado con la taza aún pegada a mis labios y, con mucha lentitud, vuelvo mis ojos hacia la izquierda. Sentada sobre el taburete de cuero rojo está una mujer de mi edad. Sus ojos, de un marrón profundo, me miran con interés, mientras entre el rubí de su pintalabios asoma una sonrisa divertida y perfecta.
-¿Disculpe?-pregunto, dejando la taza en su sitio.
¿Será una de ellos?
Observo su atuendo: un vestido largo de color celeste con un cinturón ancho a la altura de la cintura, una chaqueta de punto negra y unos zapatos planos también negros. Además lleva un colgante simple, apenas una cadena de oro con un cristal oscuro colgando al final que dirige la vista a su escote.
Desde luego no parece un cazador, pero lo cierto es que nadie sabe cómo son en realidad.
-Lo del atentado-explica mientras golpea rítmicamente la superficie de la barra con sus uñas azules; con la otra mano se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja y se ajusta la diadema-. Hace años que exterminaron a los rebeldes. Si el gobierno sigue fingiendo que aún hay ataques terroristas es para mantener a la población bajo control.
¿Es esto algún tipo de trampa? ¿Intenta ganarse mi confianza y ver si yo también digo algo negativo sobre el imperio?
-Perdón, pero creo que...
-Ya, ya. Decir algo en contra del régimen es arriesgado-me interrumpe, añadiendo un gesto con la mano-. No quiero meterte en problemas.
Está girando sobre el taburete, sus zapatos rozan el suelo, sus pasos apuntan a la puerta. Solo unos segundos más y ella saldrá de mi vida, y podré volver a fingir que estoy de acuerdo con el imperio. Solo unos segundos y...
-¡Espera!
Mierda. ¿Por qué he tenido que detenerla? La mujer gira sobre sus talones y me dirige una mirada curiosa con una ceja enarcada. Vuelve sobre sus pasos y se sienta a mi lado.
-¿Pasa algo?-pregunta con pretendida inocencia.
-Yo... Esto... ¿Qué quieres decir con “mantener a la población bajo control”?
Sonríe y se encoge de hombros.
-Supongo que no te has fijado nunca...-murmura, condescendiente-. Supongo que te lo tendré que explicar-mientras habla, cada vez más bajo, se inclina hacia mí-. Los humanos somos unos cobardes. Nos gusta pensar que no, pero lo somos. Si las cosas nos van bien exigimos independencia, libertad, derechos... Pero si hay una amenaza, un peligro, como por ejemplo un ataque rebelde, nos achantamos y buscamos que alguien venga a salvarnos el pellejo, aunque tengamos que renunciar a ciertas libertades. ¿Lo comprendes?
Yo asiento con la cabeza.
-Entonces el Gobierno finge esos ataques para mantener la amenaza y que aceptemos su control...
-Bueno, y para aumentar su popularidad al arrestar a los “autores” del ataque. La gente piensa que son eficientes y aceptan el imperio unos años más, y antes de que empiecen a dudar de si necesitan o no un gobierno...-abre las manos de golpe imitando una explosión-: nuevo ataque terrorista. Caos, pánico y el mecanismo se vuelve a poner en marcha.
No puedo evitar morderme el labio inferior hasta hacerme sangre.
-¿Y por qué...?
-¿Por qué te cuento esto?-se anticipa, dibujando otra de sus sonrisas-. Bueno... Supongo que para que esa información no se pierda conmigo. Espero que sepas utilizarla con inteligencia.
Se levanta de la silla de un salto y, con pasos lentos, se dirige a la puerta.
¿A qué se refiere?
La sigo observando a través del cristal mientras se aleja por la calle con un mal presentimiento apretándome el estómago.
Un paso, dos pasos, tres pasos... Dos manos surgen de un callejón y la oscuridad se la traga sin que nadie aparte de mí se dé cuenta.
Mientras me giro de nuevo hacia la barra siento el corazón latiéndome en las sienes.
Boom-boom.
¿Cómo es posible?
Boom-boom.
¿Realmente pueden secuestrar a gente en mitad de la calle?
Boom-boom.
El café, ya frío, parece devolverme la mirada.

Vale, sí, hoy me he salido un poco de mis textos habituales. Solo aclarar que no es parte de una historia más larga, no voy a continuarla; era una idea que tenía un poco en mente y me apeteció probar, creo que el resultado no está mal. Ahora mismo me largo para el dentista (otra vez), así que hoy no hay diálogo. Chauuu :)
PD. Pasáos por mi blog de reseñas, anda *click aquí*

Y por arma llevaba una pluma

Shhh.
No digas nada, solo escucha.
¿Lo notas? Ese silencio titánico que lo envuelve todo, ¿lo oyes?
Es el vacío que dejan a su paso todas las palabras que nunca llegamos a decirnos.
Y es tan grande, tan abismal, tan sobrecogedoramente infinito... No entiendo cómo no lo has notado antes, pero sé que ahora ya no podrás ignorarlo más. Lo sentirás subiéndote por la espalda, enredándose en tu piel, lamiéndote la nuca con su aliento cálido y fangoso; lo verás al mirarte en el espejo como una sombra difusa que te consume el brillo de los ojos y que no se va aunque enciendas todas las luces de la casa.
Es un silencio cruel y triste alimentado de las vagas siluetas de nuestros sueños, pero a pesar de todo sigue siendo morbosamente hermoso. Quizá ahora no lo comprendas, pero cuando hayas convivido con él durante un tiempo empezarás a vislumbrar la belleza que esconde. Su poder, su fuerza, su potencia... Es un silencio tan enorme que podría oírse por encima del estallido de un millón de bombas atómicas.
Y pronto empezará a meterse dentro de ti por cada poro de tu piel de porcelana, mordiéndote como una jauría de lobos hambrientos, llenándote con su infinita inexistencia. Te arañará la garganta, vaciando cualquier palabra que consigas pronunciar hasta convertirla en el esqueleto de una frase; te golpeará los dientes hasta que te duela masticar el aire; te comprimirá los huesos hasta que solo puedas levantarte apoyándote en tu orgullo; te devorará el cerebro hasta que no haya en él hueco para nada más que su abrumador silencio.
Poco a poco irás perdiéndote en sus más recónditas transparencias, hundida hasta la coronilla en su vaporosa esencia que parece volverse plomo fundido cada vez que respiras, absorbida por las viscosidades de sus noches sin estrellas. Sentirás, entonces, cómo empieza a golpearte los pulmones, divirtiéndose en arrugarlos y estirarlos, y puede que entonces notes el calor asfixiante que irradia mientras sube por tu columna y te nubla la visión, hundiéndote en un infierno difuso y con aroma a lágrimas evaporadas.
Y será entonces cuando ya no puedas más, cuando la soga que te rodea el cuello se hunda en tu piel hasta abrasarte y el dolor destilado del silencio sea lo único en lo que puedas pensar.
El orgullo también te abandonará, arrastrado por una brisa huracanada de sinceridad, y vendrás ante mí para decirme todo aquello que te obligaste a callar.
Te quiero.
Te amo.
Te necesito.
Puede que hasta me confieses que quieres tener un hijo llamado Lucca con mis ojos y tu sonrisa.
El silencio implosionará sobre sí mismo en una vorágine de agonía liberadora, y simplemente desaparecerá. Y entonces comprenderás que ese silencio avasallador que te quemaba las entrañas era necesario.
Porque si no doliese guardarse las palabras, ¿qué sentido tendría confesar la verdad?

La verdad es que construí el texto en torno a la última frase, que se me ocurrió viendo Caso Abierto. Porque, en serio, ¿qué sentido tiene confesar un crimen tantos años después si ni hay pruebas en tu contra, ni nadie en prisión sufriendo por tu crimen? Yo lo veo egoísta: eligen librarse su dolor sin pensar en que será su familia quien cargue con él. Y, desde el punto de la familia de la víctima, dudo que les sirva de mucho saber quién fue el que mató a tu familiar/amigo, ¿o acaso eso los revive?
En fin, después de esta tontada de opinión que dudo que nadie comparta, pasamos al diálogo y yo me desaparezco :)

-¿A qué le tienes miedo?
-A los bichos, a la sangre, a la oscuridad...
-Eso son pequeños miedos. Yo quiero saber qué te quita el sueño, qué te aterroriza.
-Eso es fácil: perderte.

Storm

Necesito una tormenta.
Necesito que llueva, que llueva durante horas, y que el agua se lleve toda la suciedad que llena esta ciudad rebosante de las cenizas de tres millones de espectros que fingen ser personas cuando no son más que la sombra de un concepto frío y gris.
Necesito que el aire sople fuerte, muy fuerte, y que me levante por encima de este mundo gris y consumido abocado a pudrirse y convertirse en nada; un viento que arrastre consigo la melancolía de mis sonrisas y miradas y me llene los pulmones de algo que no sea gélido polvo de muerte.
Necesito relámpagos que iluminen este lugar desolado y triste, que despedacen los jirones de sombra adheridos al hormigón que juegan a volverse infinitos y llenarlo todo de miedo y soledad, y truenos furiosos llenos de fuerza que hagan temblar hasta los cristales de todas las ventanas y desmigajen los restos del silencio que se esconden en cada esquina.
Necesito, ¡dios!, necesito un cambio. Un estallido de vida, una explosión tan poderosa, tan grande, tan fuerte, que el mundo pueda parecer aunque solo sea por un instante algo más que un pozo de negrura que desborda vacíos imaginarios.
Y, al mismo tiempo que lo necesito, lo temo.
Lo temo porque, después de tanto tiempo viviendo entre sombras, ¿no es posible que me haya contagiado? ¿No es posible que a estas alturas yo también sea un monstruo de papel en blanco? Si así fuera, con la llegada de la luz, del fuego, de la vida, el mundo me devoraría, me arrancaría la piel, la carne, los huesos... hasta que de mí no quedase nada más que el eco lejano de un recuerdo impreciso.
Pero no puedo seguir así, ya no aguanto más.
Da igual si al final yo también me desvanezco, porque cualquier cosa es mejor que esta ficción opresiva que me desgarra el alma y me aprieta el corazón con sus afiladas garras de acero y diamante. Cualquier cosa es mejor que este restallar constante de la quietud indiferente al estrellarse contra las agujas de un reloj moribundo. Cualquier cosa es mejor que observar este cielo apagado mientras el tiempo se consume al ritmo que marca el humo al escapar de mis entrañas.
Este mundo de mentiras susurradas a media voz tiene que acabar de una vez, y ya no me importa si yo acabo con él, porque este sangrado constante que me llena la boca de óxido carmesí y arrastra mi consciencia por los cenagales de la antesala a la muerte ya no duele, ya no quema, ya no me hace sentir nada.
Siento el frío corriendo por mis venas, congelándome los músculos mientras la niebla que empieza a cubrir mis ojos convierte mis lágrimas en pequeños cristales afilados. Siento cómo la nada me inunda y me consume a toda prisa, cómo cada respiración amenaza con ser la última y la vida se me escapa con cada suspiro.
Me muero, me muero sin remedio. Muero por haber sido demasiado distinto, desangrándome en un callejón oscuro mientras la ciudad sigue viva, y lo único que necesito, lo único que realmente necesito, es una maldita tormenta que lleva todo el día amenazando con caer sin terminar de cumplir sus promesas.
¡Dios!, cuánto necesito esa tormenta...
Cierro los ojos, escucho el tintineo de las gotas de carmín contra el asfalto y trago aire una última vez.
Esta sí es la última, lo sé. Intento contener el aire en mis pulmones todo el tiempo que puedo, ignorar el dolor que me produce al morderme el corazón, estirar este último instante mientras la muerte termina de llevárseme.
Y entonces siento las gotas de lluvia golpeándome con su caricia acuosa, limpiándome la cara, arrastrando mi sangre por el suelo de este callejón infecto. Desde detrás de la niebla puedo ver el resplandor cegador de un relámpago y, justo cuando suelto mi último suspiro, siento el trueno intentando romperme los tímpanos.
Sonrío.
Y nada más.

Esta cosa de aquí arriba tan trágica y con un final tan abrupto es... No sé muy bien qué es, lo admito. Vuelvo a mis textos raros e incoherentes sin saber muy bien por qué. Abrí el procesador, extendí mis dedos sobre el teclado y esto es lo que salió. ¿Un poco raro de más, tal vez? Lo entenderé si no lo entendéis y no sabéis que comentar, yo tampoco sabría qué decir si me ponen semejante cosa delante de los ojos, pero aunque el mensaje sea extraño espero que al menos os guste la forma :)
PD. El nuevo blog de reseñas es este, pasáos y opinad si queréis :)

-¿Te has enamorado alguna vez de alguien de quien no debieras hacerlo?
-Cielo, nunca nadie se ha enamorado de la persona adecuada. El amor en sí es una gran equivocación en la que todos acabamos cayendo.

Tú decides

Lo siento, pero yo no sé amar.
No sé tartamudear cuando quiero hablar contigo, ni mirarte de refilón cuando no te fijas, ni sonrojarme y tropezar cuando me saludas.
No sé fingir mal que no me gustas mientras te lanzo indirectas y te conquisto lentamente, ni ponerme a temblar cuando siento el tacto de tu piel acariciándome, y tampoco sé quedarme en blanco, apartar la mirada y odiarme por no haberte dicho nada (otra vez).
No sé callarme y fantasear sobre lo que podríamos ser.
Créeme, daría cualquier cosa por aprender, porque parece que todo el mundo se guía por esas mismas reglas y yo soy el único imbécil que nunca aprendió a amar así.
Y, a pesar de todo, creo que te quiero.
Porque si se me acelera el corazón con solo verte sonreír, si se me encoge el alma cuando lloras, si cada momento contigo es como un atisbo del paraíso... Eso también es amor, ¿verdad?
Sé que no se nota, que no se puede ver desde fuera. Sé que no se me da bien pensar solo en ti y en nada más. Sé que, quizá, es algo demasiado sutil como para apreciarlo incluso fijándote.
Pero estoy seguro de que ese amor está ahí, en algún lugar dentro de mí. Sé que te quiero aunque no sepa hacerlo de la forma habitual, y que haría lo imposible para robarte un instante de felicidad.
Y sé que tal vez no es suficiente para ti.
Si no soy capaz de exteriorizarlo, si no tengo pruebas, si no puedo demostrar que ese amor existe más allá de mis palabras, ¿cómo puedo esperar que creas en él ciegamente? Soy un mentiroso, esa es mi profesión. Me gano la vida hablando de sentimientos de mentira, contando vidas no vividas; ¿por qué habrías de confiar en mí?
Y sin embargo aquí estoy, contándote todo esto, y aún tengo la vana esperanza de que me tomes en serio.
Supongo que al final resulta que soy más romántico e iluso de lo que me gustaría admitir.
Así que dentro de un instante voy a besarte, o al menos a intentarlo, y tú tienes dos opciones: puedes desconfiar y apartarte, romperme el corazón en mil pedazos (aunque, claro, nunca nadie se daría cuenta) y mañana ambos fingiremos que esto no ha pasado, o puedes creer en mis palabras y dejar que te muestre una milésima parte de este amor que me araña la garganta por dentro.
Sé que es injusto y cruel hacerte elegir, pero ya te lo he dicho: yo no sé amar. No sé dejarlo correr y esperar a que me quieras. No sé enamorarte día a día.
Quizá estoy siendo algo egoísta, y un poco suicida también, pero el instante se ha acabado.
Ya no hay marcha atrás.
Tú decides.

AAAAAAGH Ò_Ó ¿Cómo es posible que algo tan cutre me haya llevado tanto tiempo? No sé, las Musas deben de estar enfadadas conmigo y me lo ponen difícil para escribir. Menudas harpías... Sea como fuere, la cosa esta de aquí arriba es una pastelada, así que deberíais ir a miraros la glucosa porque seguro que os ha subido. A mí por lo menos sí. Bueno, quizá el montón de lacasitos, chocolatinas y yogures que me he comido esta semana tengan algo que ver, pero eso es especulación. Jum.
PD. Estaba pensando en abrir un segundo blog (mala idea, Carlos). No sería para escribir textos, sino para hablar algo de mi vida -que da poco de sí-, de los libros que leo, las películas que veo... Sé que podría hacerlo por aquí, pero después de tanto tiempo creo que la temática de este sitio está muy fija y no encajaría. ¿Vosotr@s qué opináis?


-¿Crees que serás feliz con él?
-No lo sé. La verdad es que ni siquiera sé si realmente le quiero. Pero ya no puedo seguir aquí contigo solo por costumbre; no puedo contentarme con ser moderadamente feliz.

Lejos de aquí

Quiero sentir tus dedos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, acariciando cada cicatriz mientras nuestros labios se enfrentan buscando conquistarse mutuamente.
Quiero notar tu respiración agitada sobre mí y aplastar tu cuerpo contra el mío hasta ser la mitad de un algo perfecto, indescriptible.
Quiero un instante de éxtasis absoluto, un estallido de placer que se lleve la soledad y desmigaje las cenizas de este universo hueco y apagado.
Quiero sentirme vivo.
No te confundas conmigo, por favor.
Nunca va a pasar nada entre nosotros, ni siquiera si fueras algo más que la silueta de una ilusión enterrada en lo más profundo de mi mente.
De vez en cuando me permito soñar contigo, me concedo unos momentos de falsa realidad y finjo que soy algo más que una estatua de hielo. Unos momentos jugando a ser débil y vulnerable antes de volver a dejarme arrastrar por el embriagador efecto anestésico de la gélida morfina que corre por mis venas.
Aún no sé por qué lo hago, la verdad. Por qué me permito seguir creyendo que soy un humano de verdad, aunque solo sea a veces.
Mi teoría es que me encantaría serlo siempre, que en lo más profundo de mi ser deseo ser como los demás y no un robot que navega por este océano de insensibilidad, pero a la vez me da miedo el dolor que eso generaría.
Si solo permito que las emociones me dominen un instante y luego me dejo envolver por la seguridad de esta neblina narcótica no hay riesgo de hacerme daño. Puedo sentir un instante de romanticismo, como una descarga de felicidad directa al corazón, y luego regresar a la calma y la estabilidad con mis sentimientos intactos.
Sé que es algo cobarde, ¿para qué mentir? Cuando no aguanto más el tedio de la tranquilidad plena hago una apuesta sin riesgo y consigo la cantidad justa de emoción para convencer a mi corazón de dejarse invadir por la anestesia. Y, para más seguridad, esa emoción procede de una ilusión que únicamente existe en algún lugar recóndito en lo más profundo de mi imaginación.
¿Que podría ser más feliz si me arriesgase? Lo sé, lo sé perfectamente. Sé que, en comparación con la felicidad de verdad, este chute de alegría ficticia no es más que una mota de polvo sin valor. Pero también sé que mi tristeza se reduce a una leve melancolía fácilmente ignorable, y que la de verdad es como una montaña gigantesca que se te cae encima y te aplasta los huesos, te rompe el alma y se lleva todo como un huracán furioso. Sé que hay gente que nunca se recupera de eso.
Y a lo mejor fue eso lo que me pasó, aunque no lo recuerde. Tal vez un día desperté y había llegado al límite, y ya no quería sentir más. Quizás decidí que era preferible no sentir nada a sentir demasiado. O puede que naciera siendo un monstruo, no lo sé.
Lo único que tengo claro es que, por ahora al menos, me basta con esto. ¿Por qué intentar arreglar algo que no está estropeado?

La madre, lo que me ha costado escribir esto o_o
Hoy estoy un poco espeso, la verdad. He vuelto a Madrid, y entre el calor, el insomnio, el tener que cuidar de la casa, hacer la compra, subir las plantas que nos estaba cuidando el conserje (que hay que ver cómo pesan las malditas) y las mil cosas más que aún me quedan por hacer la verdad es que estoy un poco agotado. Así que, como no se me ocurre un diálogo decente para cerrar, ahí termina. Ahora voy a revisar mi correo, llamar a la ortodoncista (se apellida Muelas jiji... No, en serio, es su apellido de verdad xD), hacer la compra grande y blablabla. Sus quiere.
PD. ¿Qué os parece el cambio de look? Ni lo habíais notado, ¿eh? :P