Daddy

Jirones de bruma reptan por el suelo, enterrando el suelo en un infinito mar de plata y perlas.
La luna, oronda y robusta, se deja arrancar mechones de mortecina luz que caen, se disuelven y llenan el mundo de sombras y siluetas, de oscuridades incompletas que se retuercen y titilan.
El viento, gélido y feroz como una daga afilada, danza y se desenvuelve en un millar de remolinos de polvo y hojas marrones mientras se deshace en silbidos de furia y fuerza contenida.
La ciudad, tiempo ha llena de vida, se descompone sobre sus pétreos cimientos, colmada de vidrios rotos policromáticos y cenizas de un pasado de opulencia y esplendor, y el tiempo, pesado y constante, se arrastra por sus calles lamiendo las fachadas, arrancando capas de piel hasta exponer el barroso carmesí del adobe ruinoso.
Un hombre, solo un hombre, se desplaza por las amplias avenidas de adoquines plúmbeos mientras de sus pulmones escapan nubes de vaho que estallan contra las comisuras de sus labios. En sus ojos solo se distingue el zafiro empañado de unos irises cansados y el blanco de la nieve recién caída.
El retumbar de sus pasos se pierde antes incluso de escapar de sus zapatos, amortiguado por el opresivo silencio de la noche más absoluta, devorado por la umbría sombra desplegada de un enorme edificio que se eleva en el centro mismo de la urbe apuntando al cielo.
La poca luz que logra filtrarse a través de los cristales dibuja en el suelo un rosetón de colores que transmite una vaga ilusión de vida en una vorágine de blanco y negro que constantemente se enfrentan en una noche que nunca se decide a terminar, y desprende unas oscuridades densas y profundas coronadas por una cruz de obsidiana y alabastro.
Los chirridos agónicos de unas bisagras de latón oxidadas se repiten en cada piedra de la ciudad al empujar las altas hojas de macizo roble y se deshilachan en el aire lúgubre que llena la inmensa catedral. Apenas es una rendija, pero a través de ella puede distinguirse el interior iluminado por la tenue luz que logra entrar a través de unas ventanas al fondo de la nave situadas.
Y allí, en el altar, de rodillas sobre las escaleras de granito, está el cuerpo inerte de una joven de porcelana vestida en gasa y seda blanca. Lo único que demuestra que la vida aún no la ha abandonado dejando solo un cadáver de blancura perfecta es la suave cadencia de su pecho al subir y bajar y el melancólico silbar que escapan de su alma al suspirar.
El breve tramo que lleva hasta ella parece tornarse eterno mientras sus pies se hunden en la aterciopelada alfombra rojiza que conduce al altar, pero al fin se detiene junto a ella, escuchando su respiración serena y acompasada mientras sus dedos acarician el frío tacto metálico de su pistola.
De pronto todo parece detenerse, las mismas horas parecen resquebrajarse al caer contra el suelo, descompuestas en un océano de tiempo muerto. Lo único que puede oírse es el redoble de sus corazones reflejándose en cada pared.
Solo el golpeteo de sus lágrimas contra el suelo logra descongelar ese momento de eterna inexistencia, pero no es la angustia la que nubla su mirada.
-¿Vas a matarme?
La pregunta, la primera frase que pronuncia en años, escapa de su garganta pura y limpia como el revoloteo de una mariposa etérea que implosiona y desaparece.
Él apoya el extremo de la pistola contra la porcelana de sus sienes y quita el seguro. A las lágrimas les sigue un temblor monótono.
-Por fin-suspira, con la voz llena de un inefable alivio-. Por fin acabará esta agonía interminable.
El hombre deja que un último momento escape y aprieta el gatillo, y la vibración que sigue a la descarga de pólvora absorbe el melódico repiqueteo de su voz.
“Gracias, papá”.

Agh,sacra pereza, tengo que hacer tantas cosas y tan poco tiempo... Me he planteado dejar el blog una temporada para concentrarme en la novela, pero me temo que si lo hago se me hará imposible encontrar las fuerzas para volver, así que lo que voy a hacer es intentar que me cundan mucho los próximos tres días y terminar ya de corregir. Cosa que luego no haré, claro, peeeero... Hasta entonces :D

-Solo te pido que confíes en mí.
-Siempre que lo hago me rompes el corazón, ¿por qué esta vez iba a ser distinto?

1 comentario:

  1. Qué triste es ver la muerte como única solución. Pero a veces pasa.

    A ver, a ver, a ver!!! No puedes dejar el bloggg de nuevo!! Ahora que he vuelto yo, no me dejes! jaja (Aunque he estado varios dias sin escribir porque mi novio estaba aquí y he estado muy liada jaja) Y sí, es japonés. Afortunadamente desde hace 3 años vive en Londres, y digo afortunadamente porque me sale más barato ir a Inglaterra que ir a Japón. Aunque él si que suele ir mucho para visitar a su familia y eso jaja

    ¿Te gusta Japón pues? Yo antes no conocía nada de nada (ni de japón, ni de su cultura, ni de la gente...) Ahora sé hasta hablar y escribir un poco de japonés jajaja

    Bueno, mucho ánimo para los últimos retoques de tu novela. Estoy segura de que encontrarás el tiempo para organizarte y poder hacerlo todo muy bien. Te apoyo con la novela pero también para que no dejes el blog eh! jaja

    un besoooteee ^^


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