Marionetas

¡Oh, dios! ¿Dónde calientan los cafés en esta cafetería? ¿En la caldera del infierno?
Dejo la taza sobre el platito de porcelana y, mientras espero a que se enfríe un poco, desmigajo apáticamente un croissant mientras miro a la televisión. En el telediario, una mujer de pelo castaño, corto y liso y ojos verde grisáceo habla con fría indiferencia de un nuevo atentado en la Sección 8. Las imágenes de los cadáveres de una niña y su madre muertas a tiros terminan de revolverme el estómago.
-Este mundo está podrido...
Al instante me arrepiento de haberlo dicho en voz alta y miro alrededor, aterrado.
Por suerte, el camarero está lejos de mí, al otro extremo de la barra, y la joven sentada a mi derecha escucha música en su reproductor de música mientras se toma un zumo. Tampoco parece que haya cámaras en el local.
Con un suspiro de alivio, vuelvo a levantar la taza hasta mis labios y pruebo el café. Ahora que no me derrite las papilas gustativas descubro que está bastante bueno, mejor de lo esperado.
-Es mentira.
¿Quién ha dicho eso?
Me quedo congelado con la taza aún pegada a mis labios y, con mucha lentitud, vuelvo mis ojos hacia la izquierda. Sentada sobre el taburete de cuero rojo está una mujer de mi edad. Sus ojos, de un marrón profundo, me miran con interés, mientras entre el rubí de su pintalabios asoma una sonrisa divertida y perfecta.
-¿Disculpe?-pregunto, dejando la taza en su sitio.
¿Será una de ellos?
Observo su atuendo: un vestido largo de color celeste con un cinturón ancho a la altura de la cintura, una chaqueta de punto negra y unos zapatos planos también negros. Además lleva un colgante simple, apenas una cadena de oro con un cristal oscuro colgando al final que dirige la vista a su escote.
Desde luego no parece un cazador, pero lo cierto es que nadie sabe cómo son en realidad.
-Lo del atentado-explica mientras golpea rítmicamente la superficie de la barra con sus uñas azules; con la otra mano se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja y se ajusta la diadema-. Hace años que exterminaron a los rebeldes. Si el gobierno sigue fingiendo que aún hay ataques terroristas es para mantener a la población bajo control.
¿Es esto algún tipo de trampa? ¿Intenta ganarse mi confianza y ver si yo también digo algo negativo sobre el imperio?
-Perdón, pero creo que...
-Ya, ya. Decir algo en contra del régimen es arriesgado-me interrumpe, añadiendo un gesto con la mano-. No quiero meterte en problemas.
Está girando sobre el taburete, sus zapatos rozan el suelo, sus pasos apuntan a la puerta. Solo unos segundos más y ella saldrá de mi vida, y podré volver a fingir que estoy de acuerdo con el imperio. Solo unos segundos y...
-¡Espera!
Mierda. ¿Por qué he tenido que detenerla? La mujer gira sobre sus talones y me dirige una mirada curiosa con una ceja enarcada. Vuelve sobre sus pasos y se sienta a mi lado.
-¿Pasa algo?-pregunta con pretendida inocencia.
-Yo... Esto... ¿Qué quieres decir con “mantener a la población bajo control”?
Sonríe y se encoge de hombros.
-Supongo que no te has fijado nunca...-murmura, condescendiente-. Supongo que te lo tendré que explicar-mientras habla, cada vez más bajo, se inclina hacia mí-. Los humanos somos unos cobardes. Nos gusta pensar que no, pero lo somos. Si las cosas nos van bien exigimos independencia, libertad, derechos... Pero si hay una amenaza, un peligro, como por ejemplo un ataque rebelde, nos achantamos y buscamos que alguien venga a salvarnos el pellejo, aunque tengamos que renunciar a ciertas libertades. ¿Lo comprendes?
Yo asiento con la cabeza.
-Entonces el Gobierno finge esos ataques para mantener la amenaza y que aceptemos su control...
-Bueno, y para aumentar su popularidad al arrestar a los “autores” del ataque. La gente piensa que son eficientes y aceptan el imperio unos años más, y antes de que empiecen a dudar de si necesitan o no un gobierno...-abre las manos de golpe imitando una explosión-: nuevo ataque terrorista. Caos, pánico y el mecanismo se vuelve a poner en marcha.
No puedo evitar morderme el labio inferior hasta hacerme sangre.
-¿Y por qué...?
-¿Por qué te cuento esto?-se anticipa, dibujando otra de sus sonrisas-. Bueno... Supongo que para que esa información no se pierda conmigo. Espero que sepas utilizarla con inteligencia.
Se levanta de la silla de un salto y, con pasos lentos, se dirige a la puerta.
¿A qué se refiere?
La sigo observando a través del cristal mientras se aleja por la calle con un mal presentimiento apretándome el estómago.
Un paso, dos pasos, tres pasos... Dos manos surgen de un callejón y la oscuridad se la traga sin que nadie aparte de mí se dé cuenta.
Mientras me giro de nuevo hacia la barra siento el corazón latiéndome en las sienes.
Boom-boom.
¿Cómo es posible?
Boom-boom.
¿Realmente pueden secuestrar a gente en mitad de la calle?
Boom-boom.
El café, ya frío, parece devolverme la mirada.

Vale, sí, hoy me he salido un poco de mis textos habituales. Solo aclarar que no es parte de una historia más larga, no voy a continuarla; era una idea que tenía un poco en mente y me apeteció probar, creo que el resultado no está mal. Ahora mismo me largo para el dentista (otra vez), así que hoy no hay diálogo. Chauuu :)
PD. Pasáos por mi blog de reseñas, anda *click aquí*

1 comentario:

  1. Muchos Juegos del Hambre, ¿eh? jaja

    En fin, lo que la chica dice es totalmente cierto. Y se muestra tanto en libros, películas como en la realidad. Y es muy triste, pero aún así la gente no hace nada por cambiarlo y por creerse que puede tener el poder si quiere, si son una mayoría. Pero no sé para qué hablo si la sociedad volverá a tropezarse un millón de veces con la misma piedra. Una y otra vez.

    PD: Ahora salgo rauda a la Universidad, este fin de semana te la comento, que tengo para dar y tomar sobre tu reseña jaja.
    PD2: Si me raptan en la calle o ves que desaparezco por culpa de haber hablado de más en este comentario, ¡gritaré tu nombre a mis captores! XD

    Un besazo ;)

    ResponderEliminar