Not-so-happy endings

Está sentada en el suelo del vestíbulo, de espaldas a la única ventana.
Los primeros rayos de sol se cuelan tímidamente a través del cristal, anunciando un día sin una sola nube, una mañana perfecta de primavera. Pero para ella, con el maquillaje corrido de tanto llorar y ojeras de toda una vida sin dormir, hace demasiado tiempo que es invierno.
Dios, cuánto tiempo conviviendo con el frío...
Las campanadas de la iglesia cercana retumban contra las paredes, pero ella no las oye. Sigue ahí, sentada contra la pared, con la cabeza de un perro sin raza apoyada sobre su regazo mientras le acaricia la frente. El animal respira con dificultad, y a veces suelta gemidos ahogados.
Ya no le queda mucho.
Nuevas lágrimas disfrazadas de negro resbalan por sus mejillas cortándole la piel. Apenas puede respirar, siente que se ahoga... Pero no. Ahogarse sería una bendición, porque esto no termina nunca.
El perro suelta un nuevo aullido de dolor y ella redobla sus caricias. Intenta mover el rabo, pero no tiene apenas fuerza para hacerlo. El charco de sangre ya es demasiado amplio y empieza a colarse por debajo de la puerta pero, ¿qué importa eso? Ya es demasiado tarde.
El frío se extiende desde su abdomen igual que la mancha roja corre por su vestido blanco, y ya llega a su cabeza. Siente el gélido aliento de la muerte haciéndole cosquillas en los labios, llevándose su conciencia lejos de aquí. Alguien golpea la plancha de madera y grita su nombre, pero ya no puede contestar. La muerte se ha llevado su voz.
¿Cómo consiguió encontrarla?
Después de tanto huir, de tantos sacrificios, él ha ganado y ella pierde, y esa es la única verdad.
Los golpes en la puerta suben de intensidad, pero su cerebro ya no puede procesar lo que dicen al otro lado. Solo puede seguir ahí, herida de muerte, acariciando la cabeza del perro mientras su sangre se mezcla en el suelo inundándolo todo.
La puerta tiembla en sus goznes, pero resiste el golpe.
Las juntas de las baldosas se convierten en una telaraña carmesí cada vez más grande. Desde el rellano él la llama, grita su nombre, llora, golpea la delgada plancha de madera que los separa.
Una parte de ella reconoce su voz y maldice no haberse atrevido a darle una llave.
¡Cuánto desearía morir entre sus brazos, y no así, triste y sola!
El perro, aún con la cabeza en su regazo, ya no se mueve ni para respirar. Ahora también está frío, como todo lo demás en su vida... Su mano deja de acariciarle y cae a un lado, rígida y derrotada.
Apoya la nuca en la pared y logra observar un último momento de luz antes de que se le cierren los ojos.
Ya ni siquiera tiene fuerzas para llorar, solo puede respirar.
Respirar...
¿Cuándo fue la última vez que no le dolió al tragar aire?
La puerta cede y él corre hacia su cuerpo, abre sus ojos, busca los latidos de su corazón.
La sangre tiñe su traje de un negro más profundo que la noche, se cuela entre los hilos de su camisa blanca, lo cubre todo con su presencia viscosa, pero eso ya no importa. Él sigue abrazándola, apretándola contra sí mismo para contagiarle su calor corporal, dejando caer sus lágrimas sobre la cara de ella.
En la puerta todos los asistentes a la boda observan horrorizados el grotesco espectáculo, congelados en el umbral.
Nadie se atreve a pasar. Nadie se atreve a decir nada. Nadie se atreve a respirar.
Está muerta.
Está muerta, y con ella mueren sus ilusiones y toda posibilidad de ser felices.
Con ella mueren los cuentos de hadas.

Pues al final acabé el martes con la novela (de corregirla, digo) después de casi tres meses de duro trabajo. Creo que el resultado es bastante bueno, pero como no sé cómo es la competencia tampoco sé si tengo verdaderas oportunidades. Ahora, eso sí, el intento hay que hacerlo, ¿no?
El caso es que quería actualizar el miércoles, pero al final me apeteció descansar, y ayer no conseguía escribir nada. Y hoy... Bueno, hoy me ha salido esta chufa, y tampoco tengo ánimo para hacer un diálogo. No sé qué me pasa, últimamente estoy un poco lento y todo me supone un esfuerzo titánico, pero prometo que volveré a estar en forma pronto :)

3 comentarios:

  1. ¿Chufa? ¿Chufa?
    Por Dios, Carlos, relee la entrada.
    He aprovechado cinco minutitos de descanso de hacer trabajos para leer, y la verdad, necesitaba algo así, que me espabilara.
    Sorprendente entrada, lo que menos me esperaba era un final así.

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  2. ¿Chufa? (sí, a mi también me ha llamado la atención tanta modestia xD)

    Al margen de que no es una chufa, sí me parece triste... Por supuesto es muy bueno pero al acabar de leer (leyendo con bastante ímpetu), me ha salido un suspiro. Me encanta, siempre me sacas suspiros. Siempre! jaja

    Me alegro por lo de tu novela. Enhorabuena!
    En cuanto a lo de que te cuesta escribir, creo que síndrome postvacacional. Ya en otoño, el verano se ha ido rápido y el frío ha llegado de la noche a la mañana. Parece que no, pero afecta. Además, has estado currando por lo de tu novela, quizá te ves saturado. Solución: respirar hondo y fuera tensiones. :)

    Has estado en alguno de tus lugares favoritos? (Canadá, Egipto, Roma, Grecia, Japón...)
    Por lo que he oído, en Grecia hay museos donde tienen el espacio reservado para poner todas las cosas que Inglaterra le ha robado. Todavía tienen esperanzas. Por cierto, este año das historia del arte? Si la das, te gustará la parte de Grecia. Era mi asignatura favorita ^^

    Vas a empezar a estudiar japonés? Enhorabuena! Yo también sé escribir y hablar un poco. Al principio te costará más porque hay que aprenderse dos formas Hiragana y Katakana (luego ya se complicará -o no- con los kanjis). Pero tu no te preocupes que lo principal es la motivación y ganas de aprender; tú las tienes!!!
    Qué envidia me das, ojalá a mi me dieran clases también! :P
    Un besooooo y ánimo!

    またね~~~! (^^)/


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  3. Chico, si ésto es una chufa, no quiero imaginar cómo serán tus textos “buenos”.
    Un escrito no es sólo un par de frases bonitas, unos personajes entrañables o una trama intrincada. Una buena novela debe transmitir, debe hacer sentir. Llegar al lector no es algo que todos los autores consigan. Tú sí —al menos, por lo que he leído por aquí. Así que te doy mi más sincera enhorabuena.

    Quería agradecerte el hecho de que pasaras por mi blog y me dedicarás algo de tu tiempo. Yo, al contrario que tú ahora, estoy escribiendo una “novela”. Lo que leíste el otro día fue un pequeño fragmento. Así que te agradezco, de todo corazón, que me dedicarás aquellas palabras (a mí y a mis personajes). Es agradable leer comentarios tan alentadores como el tuyo. Muchas gracias. :)

    Me gustaría darte una crítica más extensa, pero no tengo tiempo —debería estar estudiando. ¡Culpa tuya, que me has enganchado!— De todos modos, quería dejar una huellita por aquí. He leído algunos de tus escritos y… Tienes talento. Estoy segura de que, si te esfuerzas, conseguirás sacar adelante tus proyectos.

    Un beso. :)

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