Time to go

Ha llegado el momento de dejarte marchar.
No te voy a mentir, no quiero hacerlo. Si pudiera fingiría que no lo sé, que estoy ciego y no he visto lo evidente; pero, ya lo sabes, mentir nunca se contó entre mis habilidades.
Duele muchísimo, espero que lo sepas. Duele tener que ser el que hace lo correcto y se lleva los golpes, y saber que para ti siempre seré el capullo que te rompió el corazón. Pero hoy, cuando me he despertado y estabas a mi lado, mirándome con esos ojos oscuros que me dejan sin respiración, he comprendido que estar conmigo te hace más daño que bien. Tú me quieres, y yo... Yo no sé cómo quererte. No lo suficiente, al menos.
Y supongo que podría ser egoísta y seguir devorándote poco a poco, noche a noche, pero no soy capaz de hacerte eso. No a ti. He estado demasiadas veces en tu situación, y sé cuánto dolor acabarías sintiendo antes de elegir alejarte de mí, y cómo, aún entonces, tendrías que lidiar con los remordimientos, el miedo a la soledad y la decepción con ese estúpido sentimiento que te rompió en pedazos.
Lo siento, pero no puedo permitirlo. No puedo dejar que te autodestruyas sabiendo que es por mi culpa, y la única forma que tengo de evitarlo es destruirte yo. Así al menos me aseguraré de que los daños no sean irreparables.
¿Yo? Yo estaré bien, por supuesto. Escocerá al principio, pero ya has visto mis cicatrices: estoy acostumbrado al dolor. Lo que, por otro lado, es un poco triste, ¿no crees?
Espero que ahora entiendas por qué desde el principió me negué a darnos una oportunidad, por qué no quería arriesgarme. El amor es un juego cruel en el que nadie gana, pero del que todos salimos perdiendo y con un amargo sabor de boca que nunca termina de irse. Si tan solo hubiera sabido resistirme a tus sonrisas...
Pero antes de todo esto, antes de volatilizar esta relación y arrancar de un tirón todos los bonitos momentos que compartimos, voy a permitirme ser un poco codicioso y robarte un último día, unas cuantas horas perfectas que recordar cuando el vodka no sea suficiente para no pensar en ti.
Así que nos ducharemos juntos, te prepararé unas tostadas francesas e iremos a esa exposición de arte contemporáneo que llevas semanas queriendo ver conmigo. Por la tarde iremos al cine, a ver alguna película romántica, de esas en los que sí existen los finales felices, y cenaremos en el restaurante al que te llevé para nuestra primera cita. Y luego, mientras paseamos por las calles de esta ciudad triste y gris que es Madrid, te besaré tantas veces como pueda, y me resistiré a volver a casa porque sabré que, en cuanto crucemos el portal, la realidad volverá a golpearme y tendré que enfrentarme a ella. Al final acabaremos en un parque a las tantas de la madrugada, sentados en los columpios con nuestras manos entrelazadas, intentando cazar estrellas entre ese polvo negruzco que desprende la ciudad hasta que, rendidos, tengamos que volver a casa a destruirnos mutuamente. Y, en cuanto salgas del piso dando un portazo, yo apagaré las luces, me sentaré en el suelo y me permitiré llorar en silencio.
Y me negaré a quedarme dormido para no tener que despertarme solo. De nuevo.

Exámenes D:< No, en serio, los odio. Mis compañeros son estúpidos (bueno, todos lo son, no solo los míos) y los acumulan en la última semana, y luego se estresan porque les falta tiempo y se empeñan en cambiarlos y blablabla. Son tan asesinables...
Cambiando de tema: LaNiña, amor, ¿cómo es que nos abandonas? :( Imagino que tendrás tus razones, pero... ¡Jo! Sea lo que sea lo que te impulsa a irte, espero que se arregle y que pronto regreses con tus palabras, porque las echaré de menos. Y mucho.
Un beso enormísimo a todos, y especialmente grande para ti.

Ataques de melancolía

No sé por qué estoy aquí a las tantas de la madrugada pensando en ti. A estas alturas ya debería estar buscando un cuerpo contra el que explotar esta noche, una distracción insípida con la que saciar momentáneamente este hambre de algo más, y no aquí, en casa, sentado en la cocina frente a un vaso vacío y una botella de vino barato a medio terminar.
Pero, ¿qué le voy a hacer? A veces no puedo evitar evitar echarte de menos.
De pronto reconozco algo —un rastro de colonia, una risa cualquiera, unos ojos que me miran como tú lo hacías— y todos los recuerdos enterrados en el jardín de atrás salen de sus tumbas dispuestos a devorarme. Culpa mía, por no querer enterrarte demasiado profundo.
Algún día tendré que aceptar que, en el fondo, nunca superaré del todo lo que no hubo entre nosotros, lo que pudo haber sido si yo no hubiera sido un cobarde. Aunque me temo que ese día no será hoy.
Así que voy a servirme otro buen vaso de vino, lleno hasta el borde, y lo iré vaciando poco a poco mientras dejo que el tiempo muerto se desparrame por el suelo —suerte que mañana no tengo que ir a trabajar, ¿eh?— y, si todo va bien, dentro de un rato estaré demasiado borracho para pensar con coherencia. Y si no... Bueno, entonces supongo que la aurora me encontrará donde estoy ahora; pero como ya no tendré vino, este vaso estará lleno de lágrimas con tu nombre y la botella, hecha añicos en el suelo, habrá estallado contra la pared en un arrebato de furia.
En tanto que el destino se decide, sin embargo, creo que seguiré pensando en ti, con tu permiso.
Empezaré, tal vez, enumerando todas las malas excusas que he ido inventando para justificar el haberte dejado marchar. Mi favorita es que no podíamos hacernos felices mutuamente, que éramos demasiado distintos y estábamos demasiado rotos para funcionar juntos.
Y pensar que cuando estoy sobrio soy capaz de creerme semejante tontería...
También existe la posibilidad de que acabe pensando en todas las cosas que me enamoraron de ti, como esa expresión de felicidad que esbozabas mientras tocabas la guitarra, o esa manía tuya de arañarme el corazón con tus caricias revestidas de inocencia. Ni siquiera sé si lo hacías adrede o si era sin querer, pero lo que sí sé es que aún no he encontrado a nadie capaz de hacerme sentir la milésima parte de lo que tú me provocabas solo con rozarme.
Ese estremecimiento que me subía por la columna y me pellizcaba la nuca... Dios, ¡cuánto lo echo de menos!
O puede que, si me pongo muy tonto, acabe recordando cada uno de los escenarios que imaginé en los que me declaraba, como aquel en el que nos refugiábamos bajo el mismo paraguas, con tu cuerpo bien pegado al mío y nuestras respiraciones confundiéndose en el aire.
Sé que suena muy cursi, pero era necesario serlo: la realidad es demasiado tangible, y tú siempre te mereciste una historia de amor como las de las novelas.
Al final acabaré pensando de más, lo sé.
Pensaré en qué habrá sido de ti, en cómo te irá. En si habrás conseguido ser feliz. Pensaré si alguna vez piensas en mí. Y a cada respuesta le seguirá un buen trago para intentar disipar el dolor.
Creo que el vino saca mi vena más masoquista.
Perdón por todo esto; no tenía intención de hablar tanto, pero a los imbéciles como yo nos cuesta hablar cuando es preciso, y se nos da demasiado bien cuando el momento ya ha pasado. Solo necesitaba decirte que te quiero, ahora que no puedes oírme.

Hola de nuevo, bloggers míos. La verdad es que no sé muy bien qué decir, estoy bastante cansado y tengo la mente llena de cosas (datos, fechas, características, alfabetos...), así que me cuesta pensar con lucidez. Solo deciros que, si tengo suerte y termino pronto lo que tengo que hacer este puente, intentaré actualizar de nuevo; ah, y que he decidido empezar a escribir una novela (“Los Baskerville”, histórica; parece que me empeño en no dejar un género literario sin destrozar), y pretendo escribirla en español e inglés. Así practico para PAU y aumento el número de personas que pueden leerla; brillante, ¿verdad? XD (Aunque traducir es horrible D:)
Nada más por aquí. Mucha suerte a los que tengáis exámenes; y a los que no... a vosotros mucha mierda. Literally.

Demasiado

No soy feliz. Ni siquiera sé si lo he sido alguna vez.
Supongo que es por mi culpa, por haberme callado tantas cosas que quería decir y haber dicho otras tantas que preferiría haber callado.
¿Cuántos “te quiero” me habré guardado para protegerme el corazón? ¿Cuántas veces habré convertido un “quédate conmigo” en un “adiós” en el último momento? Hace mucho tiempo que perdí la cuenta, y me da demasiado miedo enfrentarme a mi maltrecho corazón para contar sus cicatrices.
Porque estoy roto, muy roto, aunque me guste fingir que no lo sé.
Estoy roto de tanto sonreír cuando solo quiero gritar, de fingir que todo va bien cuando el mundo intenta aplastarme con su fuerza arrolladora, roto de recalentar en la chimenea sentimientos caducados para no morir de hambre.
Ahora mismo soy poco más que un puzle andante, un millón de pedacitos muy pequeños que no terminan de encajar y luchan por separarse mientras yo intento mantenerlos unidos. Porque sé que si me caigo, si me desmorono, no podré recomponerme de nuevo; si la vida me pone otra piedra en el camino, esa será la última.
Y, sin embargo, a veces me sorprendo pensando si no será mejor dejarlo ya, si no debería rendirme. Llevo mucho tiempo peleando solo con el universo, he renunciado uno a uno a todos los aliados que me quedaban; ¿no me merezco descansar? Quizá debería ponerle un punto y final a esta historia interminable.
Dios, cuánto desearía saber cómo terminar con todo...
Pero tampoco puedo hacerlo, porque no sé aceptar la derrota. No sé admitir que me equivoqué, que he perdido, que, intentando protegerme de que me partieran el corazón, me lo he acabado partiendo yo. No sé reconocer que si te hubiese dicho que te quería cuando tuve la oportunidad todo habría sido diferente.
Y duele, por supuesto que duele.
La soledad es una pésima compañera, letal y afilada, y nunca desaprovecha la oportunidad de apuñalarme con su mudez imperturbable que me recuerda que si tú no estás para ahuyentarla es por mi culpa.
Pero ya es tarde para arreglarlo.
No puedo volver atrás y recuperar ese momento, ese instante en el que tú me miraste a los ojos y me obligaste a elegir si te quería o no, y yo, demasiado cobarde para arriesgarme, decidí mentir y dejarte marchar, trazando el surco de la primera de muchas cicatrices.
Así que sigo adelante, siempre con la misma sonrisa de imitación y la mirada supuestamente alegre, respondiendo a preguntas prefabricadas con palabras que, de tanto repetirlas, ya no significan nada para mí.
Y cada día que pasa, siento que el mundo está un poco más lejos.

Dios, matadme ;_; No, en serio, pretendía usar la excusa de que tengo mucho lío con el japonés, el griego y el instituto (que oye, tenerlo lo tengo), pero lo cierto es que si últimamente no me paso mucho por aquí es porque me falta la inspiración. Sé que debería resistirme, que así fue como empecé el año pasado y que acabé largándome, pero cada día es más frustrante enfrentarme a la hoja en blanco y tardo más en escribir algo decente. Y aunque tengo ganas de escribir una novela, ni siquiera sé cuál quiero empezar. Ahora entendéis que os pida que me matéis, ¿verdad? ó_ò

-Hay días en los que el amor no parece tan mala idea.
-Bueno, todos tenemos momentos de masoquismo, simplemente intenta ignorarlo.