Winter

Despierto y estoy aquí, en la cama, envuelto en unas sábanas que hace mucho que dejaron de ser acogedoras. La única luz que ilumina este cuarto, demasiado grande para dormir solo, es la que emiten unas brasas de amor mal encendido que se consumen por las esquinas, chisporroteando como abejas furiosas.
Intento recordar el sueño del que la realidad, como siempre, me ha arrancado de malas maneras, pero solo consigo atisbar detalles: tú, yo, el olor a canela de tus sonrisas, el oro refulgente de tus miradas, un beso en el cuello, un susurro indescifrable... No es suficiente; en realidad nunca lo es, pero hoy menos que de costumbre.
Me levanto de la cama con cuidado, intentando no despertar esa enorme masa de melancolía que vive debajo de mi cama que, cansada de devorar recuerdos, ha empezado a devorarme a mí, pero no sirve de nada: sus tentáculos lamen mi cuerpo tan pronto como mi pie roza el suelo, abrazando cada centímetro de mi piel con su lengua viscosa de hielo agridulce.
Me asomo a la ventana y observo el exterior: la ciudad, enorme e indiferente, aún duerme bajo una fina capa de nieve impoluta, pero me temo que hoy tampoco habrá muñecos de nieve adornando estas calles cansadas de llevar a ningún sitio.
Es invierno. Como ayer, como mañana, como siempre. La estación se agarra con uñas y dientes al frío de los coches y al resplandor mortecino de las farolas, escondiéndose en los cristales de los edificios y en los ojos de la gente. Nadie confía ya en que algún día regrese la primavera, porque hasta la esperanza está manchada de la amargura de este invierno infinito.
El viento, perezoso, arrastra y da forma a las cenizas de un millón de sentimientos suicidas abandonados sobre el asfalto, convirtiéndolas en espectros de la pasada gloria de esta urbe cansada que nacen y mueren a un ritmo vertiginoso, y arranca de entre las hojas de los árboles secos los silbidos agónicos de una naturaleza que lucha en vano contra una muerte que la asfixia poco a poco.
Vuelvo a cerrar las persianas: prefiero la trémula y lánguida luz de mis pequeños incendios personales a esa nitidez blanca que apuñala las pupilas de quien le sostiene mucho tiempo la mirada.
A tientas, busco en la estantería hasta encontrar un álbum de fotos, y me arrimo a una porción de amor especialmente brillante para contemplar sus páginas. En ellas guardo algunos resquicios del último verano que hubo antes de que llegase el hielo, escondidos en las curvas de tu piel de porcelana y en el contorno de tus labios con sabor a miel.
La nostalgia crece al calor de tus sonrisas a pesar de lo gastadas que están de tanto mirarlas, pero no puedo evitar contemplarlas.
Últimamente, no sé por qué, me cuesta más que nunca no echarte de menos.
Será cosa del frío.

¡Hola, hola! ¿Qué tal las navidades? Espero que bien, y que tengáis muchos regalos.
Muchos lo habréis visto ya, pero he reabierto mi antiguo blog, Abbise, y dentro de poco empezaré a vender ejemplares de la primera parte. Me temo que va a ser incómodo cobrar a amigos y familiares...
En fin, que felices fiestas, próspero Año Nuevo y esas cosas que se dicen por estas fechas :)
PD. Si hacéis click aquí, podréis leer una parte del prólogo de "Los Baskerville"  ^^

This is the end

Es el fin del mundo, cariño.
El fin del mío, al menos.
Y no hay tsunamis, ni meteoritos, ni una noche eterna sin estrellas, sino un enorme agujero negro en lo más profundo de mi alma que devora con ansia los añicos de los sentimientos que me has roto, las ganas de quererte de toda una vida.
Hace tiempo que estoy cansado de intentarlo, de escarbar en lo más profundo de tus miradas para encontrar un resquicio de amor imaginario que apenas me da fuerzas para seguir adelante, y hoy, después de tantos años luchando contra la realidad, se me han acabado las fuerzas.
Supongo que es lo normal, que tendría que haberlo previsto, pero de algún modo creo que siempre pensé que mi amor por ti sería siempre suficiente para suplir tu indiferencia.
Así que ahora tengo que convencerme de que no me quieres, de que nunca lo harás y de que, tal vez, nunca lo has hecho. Y si lo hiciste... Si lo hiciste, es obvio que hace tiempo que aquel tren partió, dejándome solo en esta estación cuajada de hielo y cristales rotos.
Y es por eso que se acaba mi mundo, un mundo que era para los dos, cosido día a día con retales de ilusiones y sueños de una vida juntos. Ahora que ya no me quedan más jirones de alegría para tapar los agujeros de una fantasía que viene haciendo aguas desde que comenzó solo me queda contemplar cómo se hunde en la nada para siempre.
Quiero creer que es mejor así, que en la vida real un romance como el que yo había imaginado para los dos es imposible. Que es mejor esto que la decepción que habría supuesto un amor incompleto de los que te dejan el corazón manchado de melancolía. Pero una parte de mí grita en silencio que juntos habríamos sido perfectos y no sé cómo acallarla.
¿Sabes? Te he querido mucho, de verdad que sí, y te habría querido más de haber tenido la oportunidad. Mi corazón está surcado por las cicatrices de todas las veces que se me ha roto el corazón pensando en ti, tantas que ya no puedo distinguir unas de otras, y sé que ellas se asegurarán de que nunca te olvide del todo. Pero ahora ya no puedo amarte, ya no sé cómo hacerlo.
Y tus sonrisas, tus suspiros, tu forma de cruzar las piernas, ya no significan nada.
Cosas que antes me hubieran cortado la respiración ahora me dejan indiferente, y no puedo evitar pensar que este nuevo frío, el frío de de la desilusión y el desencanto, es mejor que aquel que me abrazaba cuando, buscando entre tus gestos, no lograba encontrar un mísero resquicio de amor para calentarme.
Porque este tacto gélido que me tritura los huesos duele, pero por lo menos el dolor significa que sigo vivo.
Sí, definitivamente es el fin de mi mundo, pero también sé que de sus cenizas nacerá uno nuevo y más perfecto, lleno de nuevos sueños e ilusiones. El pasado, lo sé, llegará a ser dulce en mi memoria algún día, cuando el tiempo borre los malos momentos y solo queden los buenos, y por eso te doy las gracias, pero no puedo seguir anclado a él.
Tengo que seguir adelante y volver a empezar de cero.

Pues resulta que el mundo no se acabó. Qué decepción, ¿no? Yo esperaba conocer al Anticristo, estoy seguro de que nos habríamos llevado muy bien.
En fin, que esta entrada era para subirla el viernes, pero me retrasé al escribirla, el sábado no tuve tiempo para terminarla y blablabla. Vosotros me entendéis, ¿verdad? Las Navidades son las vacaciones en las que menos se descansa, con tanto compromiso familiar.
Nada más, salvo desearos unas muy felices fiestas y un próspero Año Nuevo :)

Set me free

Desearía que las cosas fuesen más fáciles.
Poder odiarte, o quererte, y no tener que debatirme entre dos emociones que, con sus envites, se empeñan en erosionar mi cordura y mi ilusión; saber qué palabras decir para robar tu corazón, o cómo hacerlo para que las que se retuercen en el mío se diluyan entre mis lágrimas y dejen de arañarme la garganta.
Pero es imposible para mí salir de este ciclo viciado, de este círculo sin fin de odio y amor que sabe bien cómo hacerme daño para, sin romperme del todo, aplastarme el alma.
Y esas palabras que siempre he deseado decirte -palabras que, tal vez, tú siempre has querido oír- son tan hábiles en dejarme los labios manchados de escarcha... No recuerdo cuándo fue la última vez que desperté sin sentir al instante ese frío amargo en la punta de la lengua, y creo que nunca nadie alcanzará a comprender lo difícil que es encontrar un resquicio de ilusión al que abrazarme en una casa llena del hielo de tus ausencias, de espectros de una vida que hace equilibrios entre la existencia y la nada, que se adhieren a mi piel y me asfixian poco a poco.
Dios, ¡cuánto desearía, al menos, poder olvidarte!
Pero ni sé cómo hacerlo, ni tu pareces dispuesta a que lo haga, porque cada vez que lo intento sabes lanzarme una mirada, directa a lo más hondo de mi alma, que me hace temblar como una hoja al viento, y no puedo evitar volver a caer de rodillas.
Y lo peor es que no entiendo por qué no te decides a terminar con mi agonía.
Podría sobrevivir al dolor de tu rechazo, retirarme y coserme las heridas, arreglar de alguna forma lo que me quedase de corazón. Con el dolor, qué triste es admitirlo, ya sé lidiar.
Pero la duda... la duda me destruye, me mata desde dentro. Me sonríes, me ignoras, tus labios susurran mi nombre, dándome alas para soñar con un futuro juntos, y entonces me abates con tus flechas para que me estrelle contra el suelo.
Si es un juego, por favor, explícame las reglas y déjame jugar a mí también; y si no lo es, entonces, por favor, acaba con esto de una vez, te lo ruego, porque yo ya no puedo más. Estoy tan cansado de luchar...
Solo necesito que me des una señal, solo una.
Dime si merece la pena seguir a tus pies. Dime si el amor que he creído encontrar en tus ojos es real, si alguna vez lo fue. Dime si he perdido el tiempo enamorándome de ti.
Dime... ¡no sé!, lo que sea.
Yo ya he perdido, ya me he rendido. He renunciado a cualquier posibilidad de escapar de esta prisión sin barrotes en la que me tienes preso.
Así que ahora es cosa tuya.
Mátame o libérame.
Yo lo único que te pido es que termines pronto.

En el post anterior dije "ahora que tengo más tiempo...". Bien, pues mentí. Tengo que preparar el teórico de conducir, un examen de japonés y otro de latín, una redacción de griego moderno, un concurso de griego clásico y un millón de cosas más. Así que, por ahora, esto es lo más decente que puedo escribir. Intentaré ver si en navidades tengo más tiempo, ¿vale? Un beso :)

PD. Aprovecho para recomendaros una miniserie, "North and South", de la BBC. Lo que he visto por ahora es brillante, y solo son 4 horillas en total.
PD2. Normalmente no me meto en esto porque a mí suele serme indiferente, pero en este caso recomiendo la versión original. En serio, este doblaje en concreto es terrible.

Y ahora ya no estás

Creo que siempre supe que no la merecía.
Su mirada cándida llena de dulzura, sus labios de seda, el tacto de aquellas manos tan finas que nunca supe resistir... No importaba cuánto la contemplase, cada vez encontraba en ella una perfección más: un gesto, un mohín, una sonrisa inédita con dedicatoria incluida. El tiempo parecía tener un pacto con ella: seguía pasando, por supuesto, y ella no se molestaba en ocultar los cambios. pero cada nueva transformación solo la revestía de un nuevo encanto, de una nueva belleza.
Encontrarla leyendo en el salón, tapada con una manta vieja, encogida en el sillón junto a la chimenea mientras las trémulas ascuas lanzaban sobre ella un manto de rojo, naranja y amarillo... Puedo jurar que aquello era el Paraíso. Un cuadro digno de un museo, vivo, cambiante, y hermoso. Contemplar su cabello negro cayendo en ondas sobre el acolchado granate, deleitarme con el chisporroteo cansado del fuego y dejar pasar el tiempo mudo sin que ella, demasiado concentrada en las palabras de algún poeta, descubriese mi presencia eran para mí las tres llaves del cielo.
Ella era perfecta, perfecta para mí. Y por eso siempre supe que aquello no podía durar.
¿Nunca has tenido la sensación de que las cosas van demasiado bien, como si todo fuera a derrumbarse en cualquier momento? Pues cada segundo que lograba robarle venía acompañado por ese sentimiento.
Cuánto desearía haberme equivocado...
No sé cómo pasó. El dolor y el tiempo se han encargado de difuminar los detalles, y apenas recuerdo algunas cosas, pedazos inconexos de aquel terrible día de finales de verano.
Recuerdo despertarme a su lado y ver su espalda manchada de aquellos lunares que tan bien conocía, y estirar mi mano para acariciarla; recuerdo su ronroneo, su forma de girar dentro de las sábanas y la fijeza de su mirada clavada en mis ojos, y aquel beso dulce y cariñoso que aún me hace cosquillas en los labios cada vez que lo pienso, y el piar de los pájaros por encima del bramido de los coches. Recuerdo aquel "Buenos días" que resultó ser el último.
Yo no quería salir de la cama y dejarla sola, pero ella me prometió ponerse guapa y salir a cenar, y yo la besé en la frente, y me fui a trabajar. Aquella felicidad que sentía mientras caminaba por la ciudad no la podré olvidar jamás.
Aquella misma tarde, al salir del trabajo, vi colgando de un árbol una hoja amarilla, la primera del año, y tuve que saltar para arrancarla. Luego sé que me detuve en un puesto ambulante para comprar sus caramelos favoritos, y que llamé a un pequeño restaurante para hacer una reserva, y me acuerdo de la voz de aquel hombre saludándome al otro lado del teléfono al mismo tiempo que yo me encontraba abierta la puerta de nuestro piso.
Recuerdo ver su cuerpo en el sillón, con la cabeza colgando del reposabrazos, cubierto por el vestido de flores que llevaba cuando le pedí matrimonio; recuerdo su pelo, a medio recoger, cayendo libre hacia el suelo, y el libro abierto bocabajo a sus pies; recuerdo sus ojos, más grandes que nunca, mirándome sin parpadear con una lágrima colgando de ellos.
Y recuerdo los caramelos desperdigándose por el suelo, y el ruido de mi felicidad estallando en mil pedazos.

Ofú. Se acabaron los exámenes, pero, ¡por Zeus!, qué semanita. En serio, había días en los que veía fechas y nombres escapándoseme por las orejas al mirarme en el espejo. Y ya he olvidado el 90% de lo que memoricé, lo que resulta bastante triste xD
En fin, el texto de hoy no me convence del todo, pero después de escribir tres entradas esta me pareció la mejor. Espero volver a actualizar con cierta regularidad ahora que no estoy tan ocupado, pero no me comprometo a nada porque estoy viciadísimo (de nuevo) a "La Regenta" y tengo algunos compromisos pendientes. Pero no olvidéis que se os quiere :D


-¿Tú nunca tienes miedo?
-No. Mientras estés conmigo, ¿qué iba yo a temer?