Los dioses son ateos

Clac, clac, clac.
El retumbar de aquellos tacones rojos parecía trepar por los muros y rebotar en las altísimas bóvedas de piedra, como si intentase inundar el pasillo con su eco.
Erik, incapaz de levantar la mirada, hacía lo imposible por seguir con sus cortas piernas el ritmo vertiginoso de aquellas pantorrillas de porcelana mientras su mente, distraída, confundía aquel taconeo cadencioso con las palpitaciones de su corazón. Incluso después de tantas horas de viaje, una parte de él seguía en el orfanato, el único hogar que había conocido; una parte que, seguramente, nunca recuperaría.
Demasiado absorto en repasar los rostros de todos los compañeros a los que nunca volvería a ver, apenas tuvo tiempo de frenar para no chocar contra la mujer, que se había detenido frente a unas puertas enormes y oscuras. Aturdido, Erik levantó poco a poco la cabeza, ascendiendo por la falda de tubo y la americana hasta encontrarse con los ojos de la funcionaria, negros como el carbón. La mujer compuso una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora, abrió una de las láminas de madera con una mano y le empujó dentro con la otra. Luego cerró la puerta y se marchó por el pasillo, y cuando sus pasos dejaron de escucharse, Erik se encontró con el silencio más ensordecedor de su corta vida.
Al fondo de la sala, frente a una vidriera que representaba los siete elementos que componían el mundo, se recortaba una silueta masculina de hombros anchos que mantenía una mano en su bolsillo mientras con la otra sujetaba una copa de cristal a medio vaciar.
Cuando lo vio, Erik se olvidó de respirar y se puso lo más recto que pudo, mientras intentaba recordar el escaso protocolo que había memorizado en la escuela.
-Su Magnificencia-saludó, haciendo acopio del escaso aire que había en sus pulmones y apoyando su puño sobre el corazón como le habían enseñado.
La silueta giró lentamente sobre sus talones y clavó sus ojos, de un gris violáceo casi fluorescente, en los del niño. Erik sintió el sudor corriéndole por la espalda y las sienes.
-Siéntate.
La voz del dios era tal y como sonaba en sus discursos: grave, armoniosa, potente. Con una voz así, las piedras despertarían si se lo ordenasen, y, del mismo modo, el niño obedeció sin pensar, sentándose en uno de los enormes sillones con sus cortas piernas colgando en el aire.
Su interlocutor apuró el contenido de la copa, la dejó sobre la repisa de una chimenea apagada y se sentó frente a él con las piernas cruzadas. El niño, aunque mantenía la cabeza agachada, sentía aquellos ojos inhumanos estudiando su cuerpo.
-Erik... Un nombre muy oportuno-susurró el dios para sí.
Él, incapaz de mirarle por encima de su regazo, observó que sus dedos, largos y poderosos, golpeteaban contra el reposabrazos de su sillón como si tocasen un teclado invisible; sin darse cuenta, él mismo empezó a mover los dedos, imitándole.
Estuvieron unos minutos así, en silencio, antes de que el dios volviese a hablar.
-El mundo necesita dioses, Erik-aseveró en tono confidencial-; los humanos necesitan dioses. Por eso nos crearon.
-Pero yo creía...-comenzó el niño, levantando la cabeza para, tras chocar con su mirada, volver a bajarla hasta sus manos: aquel hombre, aquel no-hombre, le inspiraba más respeto y miedo que nadie que hubiera conocido.
-Que los dioses creamos a los humanos, ¿no es eso?-preguntó el dios-. Es lo que dejamos que crean: a los hombres les es más fácil obedecer si creen que nos deben la vida, y créeme, necesitan obedecernos. Sin dioses, los humanos son poco más que animales salvajes en una guerra sin fin.
De pronto sus dedos dejaron de bailar y se extendieron hacia él, obligándole a levantar la cabeza hasta encontrarse de nuevo con aquellos ojos incandescentes. Erik sintió cómo el frío corría por debajo de su piel, poniéndole los pelos de punta.
-¿Recuerdas lo que ha pasado hoy?
El niño asintió con la cabeza sin querer, movido por el magnetismo de aquella mirada.
-Hoy he muerto.
El dios asintió con la cabeza, le soltó la cara y volvió a reclinarse en su sillón.
-Y, sin embargo, aquí estás. Tu corazón ya no late, pero tu cuerpo sigue moviéndose. ¿Por qué?
-Yo... Yo...
El niño no sabía que responder. Lo único en lo que podía pensar era en lo profundo que era el violeta de aquellos ojos, la fiereza de aquella mirada que no se apartaba de él. El dios se levantó, liberándole de su embrujo, recuperó su copa y la llenó con los restos de líquido ambarino que quedaban en la botella.
-Es difícil creer en los dioses cuando eres uno de ellos, ¿sabes, Erik?-murmuró, de espaldas a él-. Saber la verdad sobre nosotros, sobre nuestra naturaleza, nos hace escépticos. Hasta esta misma mañana he de confesar que me consideraba ateo. Y entonces oí hablar de ti.
Erik tragó saliva y se encogió lo más que pudo en el sillón.
-¿Cree que soy un dios?
Su voz apenas era un susurro.
-No, Erik, no creo que seas un dios. Creo que eres Dios. El único de verdad-contestó, observando su reflejo en su copa-. Por eso te he traído aquí, para conocerte, para intentar convencerme de que eras un fraude, un truco para hacerme tropezar en mis convicciones. Pero no lo eres.
El dios avanzó hacia él y se agachó a su lado: sus ojos resplandecían más que nunca.
-Tu vida tal y como la conocías ya no existe, Erik. A partir de ahora eres un rey, y como tal debes servir a tu pueblo, ser su guía, su voz, su juez, su ejemplo. Tendrás que aprender a ser sabio, justo y prudente; a ser amado, odiado y temido a partes iguales. Y, en tu caso, habrás de hacerlo eternamente.
Erik sintió ganas de llorar, de correr, de huir. Si lo que aquel ser decía era cierto, acababan de condenarle a la inmortalidad sin pedirle su opinión.
Y aquello le aterraba.

¿Sabéis que Erik significa "rey eterno"? ¿No? Pues ahora sí.
Esto empecé a escribirlo sin pensar demasiado, y después de releerlo estoy bastante orgulloso del resultado. Tal vez algún día saque una historia más larga de esto, pero ahora mismo no se me ocurre cómo podría continuarla. Si alguien tiene alguna sugerencia, que deje un comentario y veré si arroja algo de luz sobre las sombras de mi imaginación.
De nuevo, muchas gracias por leerme. Saber que hay alguien a quien le gusta leerme me da ánimos para seguir escribiendo, incluso cuando estoy desbordado por los exámenes y los deberes :)
PD. Por cierto, Abbise sigue vendiéndose, y dentro de poco voy a hacer la primera donación a Sonrisas de Bombay. Ya os informaré cuando lo haga, ¿vale? ^^

4 comentarios:

  1. Me ha gustado muchísimo. Yo quiero que la remodeles como tú bien quieres y que hagas de ella una historia especial. Me gusta Erik, no se porque creo que será uno de esos héroes que me encantan sólo porque a nadie más les gusta. O quizá no y me gusta igualmente. El caso es que me encantaría que pudiese escribir más sobre la historia, porque sinceramente tiene bastante potencial y puedes sacar mucho de ella. Tiene tanto misterio que me has dejado enganchada con sólo ese relato...y eso si te digo la verdad lo hace poca gente.

    Asi que yo te animo a que lo hagas y si no quieres o no puedes o lo quieres hacer más adelante, seguiré leyendo igualmente tus entradas , tan gustosamente como antes.

    Muchas gracias por darme tu punto de vista, porque no sólo dices lo que te parece a simple vista sino que las intentas comprender.

    Un abrazo muuuy fuerte :) y nos leemos pronto

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  2. La verdad es que mi problema no es que no haya personas apoyándome y diciéndome que continue... Es, no sé, es raro.. Es como si no fuese capaz de terminarlas, como si quisiera que fuesen eternas porque creo que no tengo el final perfecto para ninguna de ellas, sabes? Esa es otra de mis características, odio los finales :)... Pero la verdad, espero algún día tener el tiempo y las ganas suficientes para acabar una de mis historias..
    Puede que te haga caso y algún día suba más partes de la historia de "El baile de mascaras", me lo pensaré ^^

    Permíteme decirte.. que llegará el día tan temido :) que todos tus esfuerzos se esfumarán cuando alguna persona logre entrar sin motivo aparente tan dentro de tí.. Y que, aunque he de reconocer que canadá es un graaaaan destino, lo que menos querrás (o podrás) es huir.. En todo caso, me siguen gustando todas esas opciones que imaginas y plasmas en forma de textos.. Me gustan demasiado :)

    En cuanto saque un poco de tiempo contestaré tu correo, que me hizo muchísima ilusión leer! Y además tengo que darte mi opinión sobre Abbise (porque sí, ya lo terminé :D). Increíble, como todo lo que escribes, pero mejor por email para no destripar nada a la gente que lo leerá :)

    Este texto me ha llamado mucho la atención... Siempre logras unir los aspectos más cotidianos de la vida (además aquellos en los que yo me fijo siempre: psiquiatricos, orfanatos...) y aquellos aspectos que se nos escapan a todos, hablando de dioses, ángeles y todo tipo de cosas inexplicables.
    Me encanta, en serio, y realmente deberías plantearte seguir escribiendo sobre Erik pues estoy convencida de que si lo relees se te ocurrirán ideas para una posible continuación que nadie más que tú puede hacer tan perfecta como acostumbras :)

    Sigues con exámenes? Madre mía... Pues muchísima suerte de nuevo! Espero que ya te queden pocos!
    En serio, muchas gracias por tus comentarios, por tus textos, por tu email... Todas tus palabras son increíbles y ya acostumbro a echarlas de menos cuando no las tengo..

    Un abrazo enorme :), vuelve pronto por aquí.

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  3. Dios.
    Menuda pasada, Caballero mío.
    Decir que me ha encantado es decir poco, sobre todo el fin, cuando esa necesidad de escapar de un injusto destino se apodera del pobre Erik.
    ¿Por qué ha de ser así?
    Sacarás algo muy bueno de esto, lo huelo.
    Aunque ya generalmente haces cosas extraordinariamente buenas.

    En cuanto a la serie que te había comentado, por culpa de la uni y demás no pude participar -_- así que nada.
    Y bueno, lo que tengo en mente es "rodar" la Perfecta Prometida en verano y hacer algo, a ver lo que sale de ahí, puede ser interesante.

    Me hacen los ojos chiribitas cuando traes noticias tan buenas de Abbise *_*
    Babas babas babas

    Besos grises, cielo

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  4. Tu imaginación no tiene limites! Seguí explotándola y explorándola ; ).
    Besotes porteños!

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