Cinco razones para morir


-¿Alguna vez has sentido ganas de llorar?
Arian levantó la cabeza hacia el cielo y soltó una bocanada de humo que no tardó en fundirse con aquella nube negra que siempre cubría la ciudad; luego extendió la mano hacia el vacío y dejó que la colilla resbalase entre sus dedos, camino a la ciudad.
-No, creo que no-contestó, girándose para mirarle a los ojos-. ¿Tú sí?
-No. Bueno, sí. A veces.
Avergonzado, Shin mantenía la vista fija en algún punto indefinido de la avenida que, a cientos de metros bajo sus pies, parecía insignificante. Como si, desde aquella azotea, ellos fueran dioses y aquella mole de cristal y acero, sus dominios.
Arian, indiferente, se recostó sobre el murete mirando al cielo, con las manos detrás de la cabeza.
-¿Y cómo es?
Shin respiró profundo y giró la cabeza mirar a su amigo a los ojos, pero Arian se negaba a despegar la vista de una nube de ceniza y humo que ascendía, lenta pero inexorable, hacia el cielo gris plomizo.
-Es...-empezó Shin-. Es como si alguien te metiese la mano en el pecho y te apretase el corazón, y luego te quedase un sabor amargo en la boca que nunca se va del todo. Es frío, y ganas de dejarte caer y no volverte a levantar-continuó, buscando una metáfora mejor-. Es como si de pronto el mundo entero te cayese encima, y de pronto comprendieses que nunca vas a encajar en él.
Ambos se quedaron en silencio un momento.
-No lo entiendo.
Shin soltó un suspiro y se encogió de hombros. Por supuesto que Arian no lo entendía: era demasiado frío, demasiado mecánico para entenderlo. Saqr y Edahi, tal vez incluso Amiri, habrían comprendido mejor sus preocupaciones, pero hacía mucho tiempo que no sabía nada de ellos.
Si hubieran sabido mantenerse unidos...
-¿Y por qué tienes ganas de llorar?
La pregunta le pilló desprevenido, sobresaltándole. ¿Cuánto tiempo llevaban sin decir nada?
-¿Qué quieres decir?
-Pregunto si hay algo, si hay un... detonante.
Shin vaciló y se pasó la mano por el pelo, deteniéndose un momento en el lugar en el que, tatuado desde su nacimiento, llevaba escrito su nombre junto al número tres.
-A veces sí. Por eso ya no veo las noticias, ni paseo por los barrios pobres de la ciudad, ni puedo acercarme a las perreras. Esos aullidos de dolor me apedrean el corazón-susurró, abrazándose para protegerse de una corriente de aire gélido-. Pero otras veces no hay ningún motivo. Me despierto, me asomo a la ventana y es como si algo intentase clavarme al suelo. O estoy preparándome un café, y de pronto no puedo evitar pensar que este mundo es un lugar aterrador que intenta devorarnos. A veces la sensación se va tan rápido como llega, pero últimamente se queda más tiempo que de costumbre.
-¿Ahora tienes ganas de llorar?
Arian se había sentado de nuevo, con una pierna a cada lado del muro, y le miraba muy fijamente, como si le estuviera estudiando.
-Un poco. Últimamente tengo el presentimiento de que algo malo va a pasar, que ya no me queda mucho tiempo. No sé explicarlo pero es... sobrecogedor.
-¿Vas a morir?
Shin miró a su amigo de reojo, y observó el temor en sus ojos.
¿Qué sería de Arian si él moría? Era demasiado dependiente para sobrevivir solo, demasiado lógico para un mundo tan irracional. Le descubrirían, y entonces acabaría como aquellos gatos callejeros que habían visto en Tokyo, quemados vivos y mutilados una vez muertos.
Intentó componer una sonrisa tranquilizadora.
-No, Arian, no voy a morirme. No tienes de qué preocuparte.
El muchacho soltó un suspiro y sonrió también, aliviado.
Definitivamente, no podía dejarle solo.

Buenas :) Actualizo un poco antes de lo habitual porque, como voy a estar en Asturias y ya sabemos que mi conexión allí es más bien chapucera, no estoy seguro de que pueda volver a hacerlo durante estas vacaciones.
Lo que hay aquí arriba es un extracto de "Cinco razones para morir", una de las múltiples novelas que tengo en marcha. La historia pretende ser una reflexión sobre el dolor (los cinco tipos de dolor que existen, a mi entender) protagonizada por cinco robots que, por un error en su programación, mueren tan pronto como lloran (si queréis más información, haced click aquí). Dejando a un margen ese pequeño toque de ciencia ficción, la considero una novela bastante realista y terriblemente difícil de escribir, y por eso sólo escribo fragmentos.
En fin, ya solo me queda desearos una feliz Semana Santa, con mucho tiempo para descansar y escribir. ¡Hasta la próxima!

3 comentarios:

  1. Iba pensando que era una idea perfecta para desarrollar una novela y ya veo que, efectivamente, lo tienes todo controlado.
    Me suena MUY interesante eso de las 5 clases de dolor.
    ¡Quiero leerla!
    Pd: Me ha hecho muchísima ilusión tu comentario en el blog de Smily. Tengo ganas de quedar una tarde contigo y charlar, que me quedé con las ganas cuando viniste a la radio. Así que cuando estés por Madrid, avisa :)

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  2. Había leído tu entrada poco después de que actualizases y no he tenido tiempo hasta ahora para pasarme a escribirte... pero aquí estoy :)

    La verdad es que cuando leí este fragmento me dejó sin palabras y solo pude entrar en el link que dejaste para saber un poco más sobre lo que iba la novela.. Bueno, no hace falta decir que me encantó y que pienso que deberías seguir con ella, que posiblemente por ser tan complicada de escribir será realmente fascinante.. Pero aparte, el personaje de Shin.. me ha tocado muy hondo.. Y en serio luego dices que no sabes plasmar ese dolor que sienten algunas personas? Yo no lo haría mejor.

    No sé Carlos, creo que tienes un don. La mayoría de la gente escribimos para escapar de nuestros fantasmas, para huir de aquello que nos aterra... Pero tú, tú reunes todas nuestras historias, las transformas y les das salida de la forma más increíble posible. Creo sinceramente que haces verdadera magia con tus palabras.

    No se me olvida que te debo un email, quizá hoy pueda escribirte (espero)
    Y.. ay! Asturias, que sitio taaaaan bonito :), espero que lo estés pasando genial ^^
    Un besazo enorme :)

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  3. Eh, pues me ha gustado mucho! En serio, es una idea muy original. Le echaré un ojo al link =)
    Yo... tengo una noticia... ¡sigo viva! Siento haber estado ausente, pero entre el trabajo y otras cosillas he estado demasiado ocupada como para ponerme a escribir. Voy a intentar retomar el ritmo de nuevo... espero que no se me hayan oxidado los dedo ni secado la tinta... Besos gigantérrimos, y espero que te haya ido genial la Semana Santa!

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