The City


En esta ciudad parece que faltan almas y sobran corazones.
Caminas por sus calles, y lo único que ves es un ejército de fieras (bien disfrazadas, por supuesto, con traje y corbata) y rebaños de personas que se mueven... ¿Por qué? ¿Por inercia? No lo sé. Un paso, dos pasos, tres pasos... No lo piensan, solo lo hacen. Una y otra vez, cada día, cada semana, cada mes, cada año de sus vidas.
Y si uno cae, pronto aparece un nuevo zapateo que cubra su ausencia con precisión milimétrica.
Es el ciclo de la vida: unos devoran, y otros son devorados. Y ni siquiera puedes distinguirlos, porque por fuera son iguales, con esos ojos que te miran sin mirarte realmente y esos movimientos tan mecánicos que ya se les han grabado en el ADN.
A veces me dan pena.
A veces me dan miedo.
A veces me dan asco.
Supongo que depende del día.
A veces siento que el tiempo no ha pasado, que sigo siendo el mismo niño pequeño e indefenso, y este mundo me parece la cosa más grande y amenazadora posible, y entonces saco mi disfraz de león furioso del armario y me cubro por completo para que las demás fieras no me devoren.
Otras veces tengo la sensación de que pensar es algo tedioso y cansado, un esfuerzo vano por no sucumbir ante la realidad, y mis sueños parecen cubiertos por una neblina pegajosa, y entonces dejo que el tiempo pase por pasar, sin mirar al reloj, y actúo como una oveja más, dejándome llevar por el simple impulso de seguir moviéndome.
Y luego hay otros días, días en los que sé que soy indestructible, y que el mundo no puede hacer nada por detenerme si yo no quiero.
Hoy, por ejemplo, al asomarme a la ventana a tomar el aire he mirado al cielo y he sentido que, si quisiera, podría hacerlo arder y teñirlo con el rojo de mi sangre. Que hoy podría devorar todo lo que hay en esta ciudad, y reducirlo a cenizas y cristales rotos, y entonces soplarlos lejos de aquí para que el vacío y el frío de esta ciudad fueran también físicos.
Hoy soy una supernova encerrada en este cúmulo de carne, huesos y vacío existencial.
Y podrías pensar que estos días son los mejores, pero te equivocarías.
Porque los mejores, los días que realmente merecen la pena, hace tiempo que se marcharon.
Se quedaron enredados en el césped verde brillante, entre las margaritas de aquel jardín del que me arrancaron para traerme a la capital. En aquel sol tibio que me calentaba las mejillas y me acariciaba la piel, y en aquella lluvia fina que me limpiaba el alma con dulzura.
Los mejores días son aquellos que se fueron cuando descubrí esta guerra interminable; y esos, ¡joder!, esos ya no volverán.
Porque en el fondo da igual si vences o te vencen, ¿sabes? Si te sientes invencible o frágil, si devoras o te dejas devorar... Todo eso no importa.
Desde el momento en que empiezas a pelear, desde que te conviertes en esclavo de esta guerra insaciable, lo único que haces es perder.
Y yo empiezo a estar cansado de luchar.

Dos semanas, ¡lo sé! Una semana más y vuelvo a desaparecer. Pero el examen de Historia me fue muy bien, y el primero de los de griego moderno también, y eso lo compensa, ¿no? :)
El caso es que me está costando sacar las energías para escribir, y solo espero que llegue algo de inspiración salida de la nada. Entretanto... Pues no sé, me sacaré cosas como esta de la manga para salir del aprieto.
Pues nada más, marcho a hacer deberes. ¡Hasta la semana que viene!

4 comentarios:

  1. Ay, Carlos, Carlos, es que ya me dejas sin saber qué comentar en tus entradas, porque tanto piropo (merecido) va a parecer mentira, pero es que lo bordas cada vez que publicas.
    Me ha encantado lo de Hoy soy una supernova encerrada en este cúmulo de carne, huesos y vacío existencial

    Suerte con todos tus exámenes y cositas!

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  2. "que hoy podría devorar todo lo que hay en esta ciudad" ..
    pero para qué ? si tú no estás a mi lado para verlo ..

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  3. Y parece mentira, pero lo que nunca hay que hacer es dejar de luchar. Se puede y se debe estar cansado, descansar no significa rendirse porque entonces sí que no volveriamos a aquellos días que se dejaron atrás... :)
    Ay, he estado liadilla la verdad, y he actualizado ultimamente muy deprisa y casi no me he podido pasar por aqui, pero aquí estoy.
    La entrada anterior la verdad es que me gustó muchísimo. Me encantaría que siguiese una historia detrás de esas primeras palabras...y si no sigue pues...que algún dia vuelva, de cualquier forma :)

    Me ha encantada el texto, no puedo decirte más. Es estupendo.

    Un beso fuerte (:

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  4. Ya vuelvo por aquí por fin... La verdad es que tengo el blog demasiado abandonado pero.. no sé, ni me llega inspiración para escribir nada ni... nada. Ay, la verdad es que ultimamente me siento muy vacia, pero tus textos siempre logran alegrarme :)

    ¿Qué puedo decirte? Creo que siento cada una de las sensaciones que has nombrado ahí arriba cuando paseo por la ciudad. Supongo que todo es un sin sentido del que nadie parece darse cuenta. Nos movemos como marionetas, sin ni siquiera pensar muchas veces. Muertos de miedo como críos, o sintiendonos invencibles sin realmente serlo.
    Pero si te digo la verdad creo que es una guerra que no nos pertenece a nadie, y que luchamos sin saber muy bien por qué. Creo que no habrá vencedores ni vencidos.. no sé.

    Me ha encantado de verdad :) y espero que vuelvas por aqui pronto, con todos tus examenes aprobados por fin y con una buena dosis de inspiración que, nos sorprenda más de lo habitual por aquí..

    un besito enorme :)

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