Rotos

Se encogió de hombros y esbozó una sonrisa triste, vacilante. Resignada.
-Así es la vida. No tiene sentido luchar contra el destino.
Alicia se apartó un rizo de la cara y se lo colocó detrás de la oreja. Sus pendientes tintinearon durante un instante antes de enmudecer.
-¿En serio piensas así?
-¿Y por qué no? El universo no me ha dado razones para creer otra cosa.
Martín, con la camisa aún a medio abrochar, se recolocó las gafas y empezó a ponerse los zapatos. Alicia se cubrió más con las sábanas.
-Pero es tu vida. No entiendo cómo dejas que otros decidan con quién tienes que...
La voz se le quebró hasta apagarse. El muchacho dejó de atarse los cordones y levantó la cabeza; luego se estiró hacia ella, empujó su barbilla hacia arriba con el índice y la besó con ternura, solo un instante, antes de apartarse con un suspiro.
-A mí también me gustaría poder elegir, pero soy un cobarde-contestó mientras continuaba vistiéndose-. Nunca me atrevería a enfrentarme a mi padre.
La muchacha se recostó contra el cabecero de la cama y dejó que una lágrima rodase por su mejilla. En aquel momento no sabía a quién odiaba más, si a Martín, a su padre, a la otra o a sí misma. Aunque, bien pensado, en realidad la otra era ella.
La cabeza empezó a dolerle.
-No quiero aceptarlo. No puedo.
Él le acarició el rostro, y Alicia notó que su mano temblaba: estaba haciendo su mayor esfuerzo por no romper a llorar.
Ninguno hizo amago de apartarse; ninguno intentó decir nada. Solo dejaron que el tiempo pasase en silencio.
Y entonces su móvil vibró.
Martín lo cogió de la mesilla y descolgó. Alicia apenas entendía unas cuantas palabras que él le había enseñado mientras las escribía en su espalda con sus dedos, pero el tono lo decía todo.
Cuando colgó estaba pálido y sus ojos perdidos en la pared.
-Se anunciará hoy-anunció con un hilo de voz-.Tengo que volver para cambiarme, y preparar el discurso, y luego tendré que...
Alicia se desembarazó de la sábana, rodeó su cuerpo con sus brazos y tiró de él hacia sí.
Martín, con el rostro apoyado en el hombro de su amante, lloraba sin reparo, mientras su cuerpo entero convulsionaba, presa del frío. De uno nuevo, ártico, que salía en oleadas desde su corazón y le aguijoneaba los ojos.
De sus pulmones escapó un gemido desgarrador, terrible, profundo.
Alicia, impotente, lo apretó más fuerte contra su pecho y besó su pelo, su frente, sus manos, intentando transmitirle el calor que le abrasaba las mejillas. Pero de nada serviría.
Entre sus brazos tenía a Martín Amadeo IV, heredero de la corona de Sagitario, el General Boreal, el Príncipe que mató al Infante Hereje. Y, sin embargo, en aquel momento solo era un hombre al que le habían arrebatado cualquier oportunidad de ser feliz. Un peón atrapado por las normas de una política exterior impasible y cruel.
El segundo hombre más poderoso del reino se deshacía en lágrimas ante ella, y lo único que Alicia podía hacer era abrazarlo y susurrarle palabras dulces al oído mientras intentaba no romperse ella. Cuando él no estuviera, cuando no hubiera nadie a quien contagiar con su tristeza, lloraría hasta caer rendida; pero ahora tenía que ser fuerte.
Y resultaba tan difícil recomponer la armadura de indiferencia y conformismo que él había destruido con su sonrisa encantadora...

Hola de nuevo :D Ya, lo sé, he desaparecido, pero la culpa es de la Selectividad, que me ha robado hasta mi tiempo de dormir. Ahora que soy libre, sin embargo, espero volver y actualizar mucho y muy seguido.
Esto de aquí es parte de Ocaso (sí, esa saga de fantasía que algún día escribiré). Sagitario es uno de los reinos más grandes sometidos al Imperio, y sus habitantes son una especie de humanos dotados por selección artificial para las habilidades manuales. La monarquía y su entorno hablan un idioma restingido (la Lengua de los Dioses), muy delicado y dulce, y la mujer con la que intentan casar al príncipe es Sophie, que es... Bueh, eso sería desvelar mucho, ya lo leeréis algún día.
Nada más que decir. Yo me voy a escribir un poco de Cinco Razones para Morir, así que os veré la semana que viene :)

3 comentarios:

  1. Como siempre, impecable. Es duro que a veces la imagen que tenemos que dar termina apresándonos por completo y es tan difícil escapar...

    Y que conste, Carlos, que estoy indignada, no puedes hacernos esto, dejarnos con fragmentos y no con la historia entera.

    PD: Espero que Selectividad haya ido genial. Y espero también que este verano nos veamos y así te compro Abbise de una vez :)

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  2. Por fin puedo pasarme a dejarte una firma.. Hace bastante que leí lo que escribiste pero no he podido coger el ordenador entre entrega de memorias, exámenes.. en fín, ya sabes, esas pequeñas cosas que por fin han terminado :)
    Espero que selectividad haya ido muy bien y que puedas entrar en la carrera que quieras :), y ahora a disfrutar todo lo que puedas del verano!

    Y del texto que decirte...? Que me encanta, como todo lo que escribes, que como no me ha dejado con ganas de saber más.. y por eso mismo he leído el otro texto que has dejado y aún me he quedado con más intriga.. En serio, me gusta muchísimo, ójala vayas subiendo más fragmentos poco a poco porque es increíble..
    Y para cuando algo más de cinco razones para morir? :D

    Espero que vuelvas pronto por aquí, echo de menos leerte.
    Un besazo enorme, Carlos :)

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  3. ¡Me ha encantado! Yo quiero más *¬* Así que tienes que prometerme que seguirás con esa historia de Ocaso ^^ Los amores prohibidos son al mismo hermosos y desgarradores... inigualables... Pobres Martín y Alicia.
    Yo he terminado hoy los exámenes de Selectividad (para mejorar mi nota y poder entrar en Restauración sin problemas). Aunque el de dibujo artístico me ha salido como una mierda enorme y estoy super cabreada :D Espero que a ti te haya ido mejor que a mí, pero estoy convencida de que así es ^^
    Besos enormísimos =)

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